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Territorios en disputa: la increíble historia de la ex Fasacal

El predio de la calera, ubicado en de 25 y 511, tiene un pasado bajo sospecha. Hoy lo ocupa un grupo defensor de la soberanía alimentaria que fue impulsado por la Universidad Nacional de La Plata.

Tras casi tres décadas de abandono la derruida planta de elaboración de cal y derivados Fasacal Sociedad Anónima Comercial e Industrial, en la localidad de Hernández -donde un vecino denunció que habría funcionado un centro de exterminio en la última dictadura´, se encuentra ocupada por un grupo de jóvenes y docentes universitarios que desarrollan allí el proyecto “El Bosquesito (sic). Vivero experimental”.

Se trata de una iniciativa de carácter autogestivo que ya lleva en forma regular por lo menos seis años y busca la recuperación del lugar como pulmón verde y espacio público y que incluye talleres, un vivero con plantas, aromáticas y medicinales y una huerta orgánica, además de un banco de semillas nativas. También se org anizan movidas culturales.

El emprendimiento fue impulsado por alumnos y docentes extensionistas de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata y hasta llegó a contar con el apoyo de la propia UNLP desde donde se otorgó un subsidio -aprobado por el Consejo Superior- para financiar sus actividades. El proyecto de extensión El Bosquecito liderado por la profesora María Elena Canafoglia y Gustavo Delucchi, recibió 20 mil pesos.

Sin embargo, a fines de 2018, en medio de un fuerte debate interno y pases de factura, las autoridades de la casa de estudios retiraron el apoyo económico luego de determinarse que se trataba de un predio privado ocupado en forma irregular. En una agitada reunión del consejo directivo del Museo, el decano Ricardo Echeverry reprendió duramente a los docentes y pidió reunir toda la información sobre la real situación del espacio.

Es que, desde 2016 la familia Larrán dueña del lugar busca recuperar la propiedad por la vía judicial. Desde entonces acumula tres denuncias penales contra los ocupantes del predio que, a su vez, interpusieron un recurso de habeas corpus para preservar la integridad de los miembros del colectivo.

Luego de que el último año la Justicia penal platense señalara que el entredicho debe ser resuelto por el Fuero Civil, desde Fasacal decidieron accionar por esa vía.

El punto más álgido del conflicto se vivió el 15 de noviembre de 2018 cuando Germán Larrán, cara visible de Fasacal y actual subsecretario de Gestión ambiental de la Municipalidad, se hizo presente con una topadora y acompañado por efectivos de la subcomisaría de Hernández. En menos de una hora se congregó vía mensajes de WhatsApp cerca de un centenar de personas vinculadas con redes que nuclean distintos emprendimientos agroecológicos y de cultivo familiar o social para resistir lo que entendieron era una suerte de desalojo sin orden judicial.

Larrán explicó a 0221.com.ar que en aquella oportunidad sólo fue a realizar una limpieza en el lugar que está lleno de desperdicios y que recurrió a efectivos de la policía local por temor a una reacción violenta de los ocupantes. Desde aquel día comenzó a intervenir en el conflicto el grupo de Abogados Barriales La Maza.

La difusión de lo ocurrido alertó a los funcionarios de la UNLP que en medio de un fuerte debate interno decidieron retirar su apoyo. El representante de Fasacal considera que “eso demuestra se trató de una suerte de estafa en la que las autoridades universitarias fueron burladas”.

“Es una historia triste. Una familia de inmigrantes que apostaron al país y entregaron todo su esfuerzo a la Argentina y ahora ni siquiera podemos entrar a nuestra propiedad. No tienen ningún derecho y terminamos acusados de cualquier cosa sin ningún fundamento”, se lamenta Larrán. Y agrega: No entiendo la lentitud de la Justicia. Nosotros pedimos una medida precautoria para que cada uno presente sus papeles y ahí se va a ver bien como es la cosa”.

Pero más allá de la historia actual del predio, la Justicia federal platense investiga si allí se torturó, asesinó y se quemaron cuerpos durante la última dictadura y, al mismo tiempo, la responsabilidad que le cabe a la familia Larrán sobre esos supuestos delitos de lesa humanidad.

LA HISTORIA

Nacida a principios de siglo XX, Fasacal fue una de las más importantes fábricas del rubro de materiales de la construcción que acompañó durante décadas el desarrollo urbano de La Plata

La empresa fue fundada en 1908 por las familias de inmigrantes italianos Spinedi y Diotto con antecedentes en el rubro arenero que luego desplegarían una gran trayectoria como constructores de edificios públicos. Entre las numerosas obras de Andrés Diotto y Vicente Spinedi figuran una decena de las más importantes filiales del Banco Provincia de Buenos Aires ubicadas en el interior bonaerense.

Inicialmente la fábrica estaba ubicada en diagonal 74 y 116 -en un predio donde hoy hay un complejo de monobloks- pero la expansión demográfica de la ciudad en las siguientes décadas hizo que las autoridades la obligaran a buscar un nuevo lugar para la industria fuera del casco.

En 1943 la firma adquirió un amplio lote de más de 32 mil metros cuadrados en Hernández. Con poco más de cien metros de frente sobre la avenida 25 y 511, el predio llega hasta 31. Entonces era una zona principalmente rural, con algunas pocas casas y quintas. El sitio elegido resultaba estratégico por su cercanía con el tendido del ramal Brandsen del Ferrocarril Roca. Por la envergadura del emprendimiento se dispuso realizar una extensión de las vías para que los trenes pudieran ingresar al establecimiento fabril.

La zona formaba parte de la estancia Grande propiedad de Jorge Bell que fue expropiada al fundarse La Plata en 1882. Años después fue adquirida por la familia Serantes, cuyo apellido dio nombre a un incipiente caserío conocido como Villa Serantes. Uno de los pioneros, Teodoro Serantes se casó con Josefa Hernández, hija del escritor y político José Hernández y se establecieron en el lugar que desde 1888, fue rebautizado con el nombre del prominente político y escritor, autor del célebre poema gauchesco “El gaucho Martín Fierro”.

En los primeros años del nacimiento de la ciudad de las diagonales se había erigido en el lugar un hotel de gran categoría que funcionaba como recreo, y que contaba con amplias habitaciones y una pileta de natación de grandes proporciones. Los lugareños recuerdan que su ruina, en la década de 1930, transformó el lugar en una casa de citas donde se ejercía la prostitución al que concurrían asiduamente los hombres de las más respetables familias platenses.

En el predio comprado por la calera se construyeron varios galpones que se destinaron al proceso industrial de horneado, molienda, hidratación y embolsado. También se habilitó una oficina administrativa y vestuarios para el personal, además de un depósito donde lo producido quedaba a la espera de su comercialización.

A mediados de los 60 las fallas e inconvenientes en el servicio prestado por los trenes sumado a la mejora de los caminos dio paso a que el traslado de la mayoría de los insumos y productos transportados se hiciera a través de camiones.

Como durante el procedimiento de cocción la piedra caliza se reducía a un tercio del peso original se decidió realizarlo en el lugar de extracción, lo cual abarataba sensiblemente los costos. En esa época, Fasacal adquirió una cantera de piedra caliza en La Providencia, partido de Olavarría e instaló allí nuevos hornos.

En la década del 60 una de las herederas de los propietarios de Fasacal, Elsa Angela Spinedi contrajo matrimonio con el abogado Jorge Mario Larrán. La pareja tuvo seis hijos y se compenetró en la vida de la empresa familiar. Jorge Mario fue escalando hasta llegar, en 1987, a presidir la firma y convertirse en su máximo administrador.

Después de décadas de bonanza y franco crecimiento, la combinación de la hiperinflación con una maniobra orquestada por la empresa Loma Negra, dominante en el mercado y que terminó por ahogar a sus competidoras, selló el destino de Fasacal que quedó envuelta en deudas con proveedores y onerosos juicios laborales por despido de sus empleados y en 1992 se dispuso su cierre definitivo.

Desde entonces el lugar fue ganado por el abandono. Hubo un primer desmantelamiento realizado por los propietarios seguido de una serie infinita de robos, intrusiones e incendios. A la rotura de alambrados le siguió el robo de los portones y, poco a poco se fue convirtiendo en un peligroso basural a cielo abierto hasta la llegada al lugar de El Bosquecito.

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