Valeria Gutiérrez es una joven que vive en Tolosa pero toma el micro en 122 y 32 para ir a su trabajo. Ese jueves 6 de febrero esperaba vivir otra jornada de viaje rutinario, pero el colectivo venía lleno desde Punta Lara y con un clima tenso: varios jóvenes, aparentemente, estaban alcoholizados. "Yo subí en Camino Rivadavia y 122. Ya venía bastante gente a bordo, entre ellos este chico con dos parejas y tres nenas; él estaba sentado en donde no se puede, o sea atrás de los dos primeros asientos, pasado de alcohol o no se qué. Gritaba en vez de hablar normal. Así hasta 122 y 38, donde el chofer le alertó cordialmente que bajara el tono de su voz porque no escuchaba cuando subía gente y decía hasta donde iba", contó Valeria a la web Primera Página.
La pasajera, que filmó con cuidado cada instante del viaje con su celular camuflado entre sus pertenencias, contó que luego "el micrero le pidió de buena manera que se tranquilice un poco, que baje el tono; y entonces el joven revoltoso y maleducado se enfureció hasta límites insospechados, aún para sus acompañantes. No lo podían calmar, se le acercaba al chofer del micro y uno de los que iba con él le pegó dos cachetazos para frenarlo; pero eso lo enfureció aún más y empezó a increpar duramente al conductor, que siempre trató de suavizar la situación, siendo muy educado y no contestó las agresiones", explicó Valeria con claridad.
"Los que iban con él quisieron bajarse en diagonal 80 y 43, pero este energúmeno seguía gritando y aunque también decidió bajarse, quería que el chofer le abriera la puerta de adelante, cosa que solo está permitido para los que suben. Y como el conductor no accedió a su pedido, empezó a romper el vidrio de la puerta hasta que le abrió y finalmente bajó", contó la mujer.
"Pero cuando pensamos que todo había terminado, el desequilibrado y hostil pasajero se paró delante de la unidad de transporte público de la que acababa de bajar y aprovechando la imposibilidad de avanzar que propone el semáforo en rojo, comenzó a golpear el parabrisas con sus puños hasta romperlo. Finalmente, la luz salvadora se puso en verde y terminó esta verdadera odisea nocturna a bordo del 275", concluyó Valeria, todavía impactada por el recuerdo del difícil momento que le tocó vivir en esa noche calurosa y llena de violencia.