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"El taco no me impide nada": quién es Taquito, la famosa inspectora de tránsito de La Plata

Stella Maris Bordagaray llegó a la ciudad hace más de una década y trabaja hace seis años en la Secretaría de Convivencia Urbana. Es reconocida por los zapatos altísimos que siempre usa con su uniforme y su conducta estricta. En diálogo con 0221.com.ar, reveló su clave para terminar con la doble fila en la ciudad.

Mediodía caluroso en el corazón de La Plata. Silbato en mano, se pasea al rayo del sol entre los autos estacionados en Plaza Moreno, frente a la Municipalidad. Esta vez lleva unos boca de pez de color negro y –como siempre- no apoya el taco al caminar. Apenas se levanta los lentes de sol y se presenta: Stella Maris Bordagaray. Inmediatamente aclara: “Me dicen Taquito”. La inspectora de tránsito es conocida en La Plata por su elegancia y destreza en el uso de sus zapatos, de los que no se baja para labrar una infracción ni para correr y agilizar el paso a una ambulancia.

Taquito –sus más íntimos también le dicen “Tana”- tiene 53 años, tiene dos hijos y llegó a la ciudad hace más de una década. Vino desde Tandil por una tía a la que quería “como a una madre” y se quedó. Trabajó en una imprenta, también cuidó personas enfermas y hace seis años un amigo taxista le hizo el contacto para poder ingresar al área de tránsito de la Secretaría de Convivencia Urbana.

Para muchas personas los zapatos son un objeto de deseo, un accesorio imprescindible, y para otras un sufrimiento, un “doloroso placer”, como alguna vez expresó el famoso diseñador Christian Louboutin. Ella claramente se ubica en el primer grupo. El calzado con taco alto para la inspectora es parte casi de su cuerpo. “Vivo de tacos, los uso desde los 14. Mi mamá usaba y a mí me encantaban. Empecé con los de ella y fue lo primero que me compré. Toda mi vida usé: me levanto de tacos y me acuesto de tacos. No es que llego de trabajar y me los saco. Tengo ojotas taco alto, también ojotas normales, pero las uso cuando tengo que baldear y me agarra un dolor de piernas y de columna infernal”, cuenta en diálogo con 0221.com.ar.

Mucha gente le pregunta cómo hace para soportar todo el día arriba de “los zancos” y ella responde que es cuestión de costumbre y reconoce que con zapatillas no puede andar y hasta se tropieza. “Me compré un par y las tuve que regalar. Cuando ando descalza o de ojotas chatas voy en puntas de pie”, confiesa y revela el secreto para caminar bien con tacos: “No se apoya primero el talón, sino la planta”.

Así, camina cuadras y cuadras por la zona donde esté trabajando y cuando hace falta también corre. “Yo te corro en tacos, mucha gente me ha visto, como cuando hay que dar paso a la ambulancia o a la policía. Ante una emergencia hay que correr”, comenta mientras responde el bocinazo de un taxista conocido con la mano en alto. A su vez, asegura que nunca se cayó, aunque sí se ha torcido algún pie. “Siempre trabajé exactamente igual. A mí el taco no me impide trabajar, no me impide hacer absolutamente nada. Puedo andar en bicicleta, en moto”, deja en claro. Sus preferidos son los taco aguja de 15 centímetros, especialmente los negros o grises. 

De 7 a 15 anda por toda la ciudad. “Soy como la luz mala, aparezco donde menos me esperan. Voy donde hay que trabajar, donde no tienen que estar (los vehículos), en las paradas de micro, los prohibidos…”, expresa y afirma que nunca se sintió condicionada en su puesto por ser mujer. Aunque sí le echan en cara el tema de los taco aguja. Desde infractores hasta el primer supervisor que tuvo, quien no confiaba en que llegase rápido a inspectora. “Le dije que por nada ni por nadie iba a joder mi columna. Para mí la columna y mis piernas son sagradas. A los siete meses me ascendieron de auxiliar a inspectora”, recuerda con la sonrisa de quien se sabe victoriosa.

Luego de la brutal agresión que sufrió un compañero por parte de una mujer que estaba en un auto estacionado en doble fila, Taquito asegura que esos episodios son cotidianos. “Es normal eso. Hay gente agresiva, yo trato que siempre bajen un cambio. Si no bajan, multa. Pero les hago ver la contra que tienen. No es que los salimos a buscar (a los infractores), están todos regalados. Regalados son caros”, señala. Y sigue: “A la mayoría de la gente no le importa nada, si estás en senda peatonal, parada de micro. No piensan en el otro, ese es el problema que vivimos. Hay gente que se fija y cuida muchas cosas, pero la mayoría, el 80% no”.

Cuando labra las multas, algunos automovilistas también la increpan con el tema de sus zapatos, le dicen que tendría que estar de borceguíes, que la van a hacer echar. “Las cosas que dice todo el mundo, que me pagan el sueldo. Y bueno, aumentáme el sueldo, les digo. Hago mi trabajo lo mejor que puedo, con respeto. Hay gente que te falta el respeto, tengo mi tolerancia, trato de bajar los decibeles en todo el momento, pero tampoco me van a pisar ni llevar por delante. Hay muchos que chapean, yo soy tal. Y yo les digo, empezá con el ejemplo entonces”, subraya y cuenta que nunca la agredieron físicamente: “No nació todavía esa persona”.

Taquito dice que no tolera las dobles filas, pero cree que tiene la clave para solucionar esta situación que se da particularmente en época de clases y frente a los colegios. Un desafío para la persona más paciente. “Lo que yo haría sería poner señales de prohibido estacionar de 6 a 18 en horario escolar para que no estacione ningún particular, así sea de la escuela. Si estaciona, es multa. Hay padres que hacen relaciones públicas y se quedan una hora en doble fila y no les importa nada si vos tenés que salir”, detalla.  

Tampoco pasa por alto que las y los conductores platenses no actúan de la misma manera en Capital Federal. “Acá hacen lo que quieren, pero van a Buenos Aires y se cuidan. Allá la grúa en un minuto y medio te levanta el auto y las multas son terribles. Si todos manejaran pensando en el otro, respetando las reglas, las leyes, sería distinto el tránsito, pero a nadie le importa absolutamente nada”, reflexiona.

Sí han intentado “coimearla”, ofreciéndole dinero. Pero ella afirma que nunca aceptó y que en esos casos lo dejó asentado en el acta. Con ese tema cierra: “No voy a perder el trabajo porque ya sé lo que es no tener ni para comprar un cuarto de pan. Me han regalado bombones, caramelos, sanguches de milanesa. Pero no, nunca nada. He estado sin un mango”. Termina la frase, ajusta cuerda de su silbato y sale haciendo ruido con sus tacos en medio del ardiente asfalto de calle 12.

Stella Maris Bordagaray llegó a la ciudad hace más de una década y trabaja hace seis años en la Secretaría de Convivencia Urbana. Es reconocida por los zapatos altísimos que siempre usa con su uniforme y su conducta estricta. En diálogo con 0221.com.ar, reveló su clave para terminar con la doble fila en la ciudad.

16 de febrero de 2020

Mediodía caluroso en el corazón de La Plata. Silbato en mano, se pasea al rayo del sol entre los autos estacionados en Plaza Moreno, frente a la Municipalidad. Esta vez lleva unos boca de pez de color negro y –como siempre- no apoya el taco al caminar. Apenas se levanta los lentes de sol y se presenta: Stella Maris Bordagaray. Inmediatamente aclara: “Me dicen Taquito”. La inspectora de tránsito es conocida en La Plata por su elegancia y destreza en el uso de sus zapatos, de los que no se baja para labrar una infracción ni para correr y agilizar el paso a una ambulancia.

Taquito –sus más íntimos también le dicen “Tana”- tiene 53 años, tiene dos hijos y llegó a la ciudad hace más de una década. Vino desde Tandil por una tía a la que quería “como a una madre” y se quedó. Trabajó en una imprenta, también cuidó personas enfermas y hace seis años un amigo taxista le hizo el contacto para poder ingresar al área de tránsito de la Secretaría de Convivencia Urbana.

Para muchas personas los zapatos son un objeto de deseo, un accesorio imprescindible, y para otras un sufrimiento, un “doloroso placer”, como alguna vez expresó el famoso diseñador Christian Louboutin. Ella claramente se ubica en el primer grupo. El calzado con taco alto para la inspectora es parte casi de su cuerpo. “Vivo de tacos, los uso desde los 14. Mi mamá usaba y a mí me encantaban. Empecé con los de ella y fue lo primero que me compré. Toda mi vida usé: me levanto de tacos y me acuesto de tacos. No es que llego de trabajar y me los saco. Tengo ojotas taco alto, también ojotas normales, pero las uso cuando tengo que baldear y me agarra un dolor de piernas y de columna infernal”, cuenta en diálogo con 0221.com.ar.

Mucha gente le pregunta cómo hace para soportar todo el día arriba de “los zancos” y ella responde que es cuestión de costumbre y reconoce que con zapatillas no puede andar y hasta se tropieza. “Me compré un par y las tuve que regalar. Cuando ando descalza o de ojotas chatas voy en puntas de pie”, confiesa y revela el secreto para caminar bien con tacos: “No se apoya primero el talón, sino la planta”.

Así, camina cuadras y cuadras por la zona donde esté trabajando y cuando hace falta también corre. “Yo te corro en tacos, mucha gente me ha visto, como cuando hay que dar paso a la ambulancia o a la policía. Ante una emergencia hay que correr”, comenta mientras responde el bocinazo de un taxista conocido con la mano en alto. A su vez, asegura que nunca se cayó, aunque sí se ha torcido algún pie. “Siempre trabajé exactamente igual. A mí el taco no me impide trabajar, no me impide hacer absolutamente nada. Puedo andar en bicicleta, en moto”, deja en claro. Sus preferidos son los taco aguja de 15 centímetros, especialmente los negros o grises. 

De 7 a 15 anda por toda la ciudad. “Soy como la luz mala, aparezco donde menos me esperan. Voy donde hay que trabajar, donde no tienen que estar (los vehículos), en las paradas de micro, los prohibidos…”, expresa y afirma que nunca se sintió condicionada en su puesto por ser mujer. Aunque sí le echan en cara el tema de los taco aguja. Desde infractores hasta el primer supervisor que tuvo, quien no confiaba en que llegase rápido a inspectora. “Le dije que por nada ni por nadie iba a joder mi columna. Para mí la columna y mis piernas son sagradas. A los siete meses me ascendieron de auxiliar a inspectora”, recuerda con la sonrisa de quien se sabe victoriosa.

Luego de la brutal agresión que sufrió un compañero por parte de una mujer que estaba en un auto estacionado en doble fila, Taquito asegura que esos episodios son cotidianos. “Es normal eso. Hay gente agresiva, yo trato que siempre bajen un cambio. Si no bajan, multa. Pero les hago ver la contra que tienen. No es que los salimos a buscar (a los infractores), están todos regalados. Regalados son caros”, señala. Y sigue: “A la mayoría de la gente no le importa nada, si estás en senda peatonal, parada de micro. No piensan en el otro, ese es el problema que vivimos. Hay gente que se fija y cuida muchas cosas, pero la mayoría, el 80% no”.

Cuando labra las multas, algunos automovilistas también la increpan con el tema de sus zapatos, le dicen que tendría que estar de borceguíes, que la van a hacer echar. “Las cosas que dice todo el mundo, que me pagan el sueldo. Y bueno, aumentáme el sueldo, les digo. Hago mi trabajo lo mejor que puedo, con respeto. Hay gente que te falta el respeto, tengo mi tolerancia, trato de bajar los decibeles en todo el momento, pero tampoco me van a pisar ni llevar por delante. Hay muchos que chapean, yo soy tal. Y yo les digo, empezá con el ejemplo entonces”, subraya y cuenta que nunca la agredieron físicamente: “No nació todavía esa persona”.

Taquito dice que no tolera las dobles filas, pero cree que tiene la clave para solucionar esta situación que se da particularmente en época de clases y frente a los colegios. Un desafío para la persona más paciente. “Lo que yo haría sería poner señales de prohibido estacionar de 6 a 18 en horario escolar para que no estacione ningún particular, así sea de la escuela. Si estaciona, es multa. Hay padres que hacen relaciones públicas y se quedan una hora en doble fila y no les importa nada si vos tenés que salir”, detalla.  

Tampoco pasa por alto que las y los conductores platenses no actúan de la misma manera en Capital Federal. “Acá hacen lo que quieren, pero van a Buenos Aires y se cuidan. Allá la grúa en un minuto y medio te levanta el auto y las multas son terribles. Si todos manejaran pensando en el otro, respetando las reglas, las leyes, sería distinto el tránsito, pero a nadie le importa absolutamente nada”, reflexiona.

Sí han intentado “coimearla”, ofreciéndole dinero. Pero ella afirma que nunca aceptó y que en esos casos lo dejó asentado en el acta. Con ese tema cierra: “No voy a perder el trabajo porque ya sé lo que es no tener ni para comprar un cuarto de pan. Me han regalado bombones, caramelos, sanguches de milanesa. Pero no, nunca nada. He estado sin un mango”. Termina la frase, ajusta cuerda de su silbato y sale haciendo ruido con sus tacos en medio del ardiente asfalto de calle 12.

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Stella Maris Bordagaray llegó a la ciudad hace más de una década y trabaja hace seis años en la Secretaría de Convivencia Urbana. Es reconocida por los zapatos altísimos que siempre usa con su uniforme y su conducta estricta. En diálogo con 0221.com.ar, reveló su clave para terminar con la doble fila en la ciudad.