El platense que revoluciona el cosplay y la robótica y sueña con ayudar a los demás | 0221
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El platense que revoluciona el cosplay y la robótica y sueña con ayudar a los demás

Tiene 39 años y desde hace tres que vive de diseñar cascos, armaduras e indumentarias aplicando un método único en el rubro que lo hizo famoso en Latinoamérica.

Víctor Props es el nombre con el que este platense de 39 años se hizo conocido en el ambiente del cosplay y que en los últimos tres años lo llevó a indagar nuevos rumbos: además de diseñar cascos, armaduras e indumentaria, también le aplica robótica y electrónica, distinguiéndose entre el resto. Comercializa sus productos por toda Latinoamérica y ahora persigue un fin solidario para ayudar a chicos que tienen problemas motrices.

"Hago lo que se llama prop maker. Hago indumentaria que no es justamente ropa, sino partes de armaduras o armas para la gente que hace cosplay. Lo interesante, más allá de que lo hago con goma eva o impresión 3D, es que le aplico robótica y electrónica, para darle vida a cada una de las cosas que me piden", define su rubro. "Eso es mi toque distintivo", explica en diálogo con 0221.com.ar.

Víctor Props (así aparece en las redes, en donde muestra todo lo que hace en su taller en La Plata), es una de las dos personas en Argentina que se dedican a esto. "Sé que hay alguien en Córdoba que hace algo parecido, pero no mucho más", piensa, mientras trabaja en sus nuevos diseños, siempre sobre personajes del cine y programas de televisión. "La gente me encarga y a los pocos días les entrego el trabajo. Muchas de las cosas que me encargan ni siquiera sé cómo las voy a desarrollar, entonces tengo que ver qué sistema mecánico voy a hacer para lograr lo que me están pidiendo", confiesa.

"Cada cosita que me piden intento hacerla lo más parecida al personaje en cine", remarca. Ahora por ejemplo está desarrollando un Robocop que saca el arma con la pierna. Y para lograr el resultado deseado tarda alrededor de 25 días.

Hasta hace no mucho se dedicaba al cine, incluso alcanzando cierto éxito con un corto sobre Malvinas que lo terminó llevando a las islas, en marzo del año pasado. Pero desde que descubrió este mundo de la robótica y la electrónica aplicada a los cascos, máscaras y demás artículos de indumentaria para cosplay, su vida dio un giro rotundo, a tal punto que ahora eso es su sustento: se dedica exclusivamente a esto y es lo que le permite comer.

"Generalmente me piden personajes que son conocidos, pero sí es insólito lo que piden, por ejemplo una estructura que gire sobre su propio eje. O la otra vez, una persona me encargó un personaje en donde las vértebras se tenían que mover como pincitas, entonces yo les pido algún link de referencia para ver lo que quieren y trato de replicarlo lo más posible", le explica a este portal mientras prepara envíos a México, Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y Uruguay.

"Más mandamos a México, por la devaluación, para ellos es nada. Por eso me encargan mucho", revela. Lo más caro que vendió fue un traje especial a 180 mil pesos, mientras que por ejemplo la mayoría de los cascos que hace valen alrededor de 30 mil. "Si lo tenés que comprar afuera, el casco tiene menos utilidades y programación y te sale 500 dólares más el envío y más el porcentaje agregado de impuestos; la máscara de Spiderman cuesta 450 dólares afuera, más el envío y los impuestos. Yo la tengo a 15 mil pesos", compara.

Misteriosamente -o no tanto- su rubro fue uno de los ganadores en este contexto de pandemia y encierro. "La pandemia fue un disparador de trabajo constante, yo creo que multipliqué mi trabajo diez veces", cuenta con timidez, porque sabe que es un afortunado. "La gente que hace cosplay no es que sea muy adinerada, pero quizás su parte de ahorro la destina al cosplay, entonces yo calculo que no haber podido gastarla en otra cosa como ir al cine, salir o hacer cosas afuera, la invirtió en cuarentena en esto", razona. "La gente empezó a gastar mucho en muñecos, figuras, con impresiones 3D", agrega.

Víctor Props habla con amigos que tienen casas de videojuegos y le confiesan que también aumentaron mucho las ventas en cuarentena. "Yo cuando empecé a lanzar el tema de los cascos recibí demanda de todos lados, sobre todo por parte de coleccionistas, gente que trabaja en el negocio de los cómics y les gusta tenerlos exhibidos", explica quien trabaja con electrónica en miniatura desde hace diez años, cuando también se dedicaba al aeromodelismo: "Ahí empecé a indagar de qué se trataba y vi que se podía aplicar en materiales blandos; por otra parte yo programo en arduino y recién desde diciembre de 2017 empecé a aplicar todo esto, soy muy obsesivo y le metí mucho; cinco meses después hice un arma Cazafantasma, una réplica de la película".

Hoy pasó el tiempo y hasta le piden juegos electrónicos. A nada le dice que no, todo lo investiga y trata de resolverlo. Y eso lo lleva a todos los eventos a los que lo invitan: "Ahí llevo lo que hago y la gente se sorprende y ve la posibilidad de que puedo hacer varias cosas".

"Hace varios meses estoy indagando cómo programar electrodos para transformarlo en una acción mecánica", explica ahora. Es que su nuevo desafío pasa por ayudar a personas que tienen una necesidad especial: "Me gusta encarar proyectos para gente que tiene problemas motrices, trato de hacer algo para ayudar a otras personas; por esto por ejemplo ahora estoy diseñando una prótesis para un brazo que se maneje con los pulsos eléctricos de los músculos, para que al menos esa persona a la que le falta una extremidad pueda agarrar un vaso, un tenedor, es una manera de cambiarle un poco la perspectiva, la vida".

"Estoy trabajando en un casco con sensor neuronal, que tiene que ver con la ciencia y yo lo mezclo con el cosplay", agrega y va más allá: "Me gusta hacer algo para incluir a gente que por ahí no puede mover algunas partes del cuerpo; imaginate la emoción de un nene que tiene esos tipos de problemas de atención y concentración, poder hacer ejercitarlo diariamente con esto y que juegue con un autito, por ejemplo, que tenga que aprender jugando".

Este es su próximo desafío y por eso está trabajando ahora, siempre en esta aventura que se intensificó con la pandemia y que ahora busca nuevos rumbos solidarios.

El platense que revoluciona el cosplay y la robótica y sueña con ayudar a los demás
VÍCTOR PROPS

El platense que revoluciona el cosplay y la robótica y sueña con ayudar a los demás

Tiene 39 años y desde hace tres que vive de diseñar cascos, armaduras e indumentarias aplicando un método único en el rubro que lo hizo famoso en Latinoamérica.

21 de noviembre de 2020

Víctor Props es el nombre con el que este platense de 39 años se hizo conocido en el ambiente del cosplay y que en los últimos tres años lo llevó a indagar nuevos rumbos: además de diseñar cascos, armaduras e indumentaria, también le aplica robótica y electrónica, distinguiéndose entre el resto. Comercializa sus productos por toda Latinoamérica y ahora persigue un fin solidario para ayudar a chicos que tienen problemas motrices.

"Hago lo que se llama prop maker. Hago indumentaria que no es justamente ropa, sino partes de armaduras o armas para la gente que hace cosplay. Lo interesante, más allá de que lo hago con goma eva o impresión 3D, es que le aplico robótica y electrónica, para darle vida a cada una de las cosas que me piden", define su rubro. "Eso es mi toque distintivo", explica en diálogo con 0221.com.ar.

Víctor Props (así aparece en las redes, en donde muestra todo lo que hace en su taller en La Plata), es una de las dos personas en Argentina que se dedican a esto. "Sé que hay alguien en Córdoba que hace algo parecido, pero no mucho más", piensa, mientras trabaja en sus nuevos diseños, siempre sobre personajes del cine y programas de televisión. "La gente me encarga y a los pocos días les entrego el trabajo. Muchas de las cosas que me encargan ni siquiera sé cómo las voy a desarrollar, entonces tengo que ver qué sistema mecánico voy a hacer para lograr lo que me están pidiendo", confiesa.

"Cada cosita que me piden intento hacerla lo más parecida al personaje en cine", remarca. Ahora por ejemplo está desarrollando un Robocop que saca el arma con la pierna. Y para lograr el resultado deseado tarda alrededor de 25 días.

Hasta hace no mucho se dedicaba al cine, incluso alcanzando cierto éxito con un corto sobre Malvinas que lo terminó llevando a las islas, en marzo del año pasado. Pero desde que descubrió este mundo de la robótica y la electrónica aplicada a los cascos, máscaras y demás artículos de indumentaria para cosplay, su vida dio un giro rotundo, a tal punto que ahora eso es su sustento: se dedica exclusivamente a esto y es lo que le permite comer.

"Generalmente me piden personajes que son conocidos, pero sí es insólito lo que piden, por ejemplo una estructura que gire sobre su propio eje. O la otra vez, una persona me encargó un personaje en donde las vértebras se tenían que mover como pincitas, entonces yo les pido algún link de referencia para ver lo que quieren y trato de replicarlo lo más posible", le explica a este portal mientras prepara envíos a México, Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y Uruguay.

"Más mandamos a México, por la devaluación, para ellos es nada. Por eso me encargan mucho", revela. Lo más caro que vendió fue un traje especial a 180 mil pesos, mientras que por ejemplo la mayoría de los cascos que hace valen alrededor de 30 mil. "Si lo tenés que comprar afuera, el casco tiene menos utilidades y programación y te sale 500 dólares más el envío y más el porcentaje agregado de impuestos; la máscara de Spiderman cuesta 450 dólares afuera, más el envío y los impuestos. Yo la tengo a 15 mil pesos", compara.

Misteriosamente -o no tanto- su rubro fue uno de los ganadores en este contexto de pandemia y encierro. "La pandemia fue un disparador de trabajo constante, yo creo que multipliqué mi trabajo diez veces", cuenta con timidez, porque sabe que es un afortunado. "La gente que hace cosplay no es que sea muy adinerada, pero quizás su parte de ahorro la destina al cosplay, entonces yo calculo que no haber podido gastarla en otra cosa como ir al cine, salir o hacer cosas afuera, la invirtió en cuarentena en esto", razona. "La gente empezó a gastar mucho en muñecos, figuras, con impresiones 3D", agrega.

Víctor Props habla con amigos que tienen casas de videojuegos y le confiesan que también aumentaron mucho las ventas en cuarentena. "Yo cuando empecé a lanzar el tema de los cascos recibí demanda de todos lados, sobre todo por parte de coleccionistas, gente que trabaja en el negocio de los cómics y les gusta tenerlos exhibidos", explica quien trabaja con electrónica en miniatura desde hace diez años, cuando también se dedicaba al aeromodelismo: "Ahí empecé a indagar de qué se trataba y vi que se podía aplicar en materiales blandos; por otra parte yo programo en arduino y recién desde diciembre de 2017 empecé a aplicar todo esto, soy muy obsesivo y le metí mucho; cinco meses después hice un arma Cazafantasma, una réplica de la película".

Hoy pasó el tiempo y hasta le piden juegos electrónicos. A nada le dice que no, todo lo investiga y trata de resolverlo. Y eso lo lleva a todos los eventos a los que lo invitan: "Ahí llevo lo que hago y la gente se sorprende y ve la posibilidad de que puedo hacer varias cosas".

"Hace varios meses estoy indagando cómo programar electrodos para transformarlo en una acción mecánica", explica ahora. Es que su nuevo desafío pasa por ayudar a personas que tienen una necesidad especial: "Me gusta encarar proyectos para gente que tiene problemas motrices, trato de hacer algo para ayudar a otras personas; por esto por ejemplo ahora estoy diseñando una prótesis para un brazo que se maneje con los pulsos eléctricos de los músculos, para que al menos esa persona a la que le falta una extremidad pueda agarrar un vaso, un tenedor, es una manera de cambiarle un poco la perspectiva, la vida".

"Estoy trabajando en un casco con sensor neuronal, que tiene que ver con la ciencia y yo lo mezclo con el cosplay", agrega y va más allá: "Me gusta hacer algo para incluir a gente que por ahí no puede mover algunas partes del cuerpo; imaginate la emoción de un nene que tiene esos tipos de problemas de atención y concentración, poder hacer ejercitarlo diariamente con esto y que juegue con un autito, por ejemplo, que tenga que aprender jugando".

Este es su próximo desafío y por eso está trabajando ahora, siempre en esta aventura que se intensificó con la pandemia y que ahora busca nuevos rumbos solidarios.


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Tiene 39 años y desde hace tres que vive de diseñar cascos, armaduras e indumentarias aplicando un método único en el rubro que lo hizo famoso en Latinoamérica.