Con el crudo testimonio de Viviana Bowers, hermana de la joven Soledad Bowers, asesinada en agosto de 2013 durante el asalto a la confitería Me Piace –ubicada en 9 y 54–, comenzó el juicio oral para el expolicía Mauro Sergio Daniel Aguilera, acusado de "homicidio simple por dolo eventual". También declararon dos testigos del atraco que tonificaron la versión de la defensa.
La joven recordó que en la noche del 29 de agosto de 2013 el padre llevó a ambas hasta un recital de cumbia que se iba a realizar en un bar ubicado en 9 y 53. Mientras estaban en la fila para ingresar, dos delincuentes ingresaron a la cafetería pero a los pocos instantes escaparon del lugar, ya que el acusado los puso en fuga dando la voz de alto, sin embargo el uniformado abrió fuego y mató a la joven de 18 años de edad.
La testigo recordó que vio a los asaltantes escapar en moto a toda velocidad. En esa misma secuencia escuchó un ruido y fue entonces que su hermana le dijo: "Me pegaron". La víctima cayó al piso, en pocos minutos perdió el conocimiento. La joven pidió ayuda para su hermana herida. En un instante de esa secuencia fatal vio al policía con el arma en la mano y le gritó: "Hijo de puta fuiste vos, vos le pegaste". El relato estuvo cargado de llanto y angustia.
Una vez calmada se acercó al estrado de los jueces junto a las partes y en un plano que figura en la causa penal ubicó a los protagonistas de este caso. Desde la muerte de su hermana dejó de trabajar y sufre recurrentes ataques de pánico.
La noche del hecho Zulema Noemí Naya cenaba en Me Piace con una amiga. En el juicio oral contó que ingresaron “dos muchachos, uno armado” que le puso “un revólver en la cabeza” y gritó: “Esto es un asalto, dejen los monederos en la mesa y se tiran todos al piso”. La testigo aseguró que los delincuentes “hacían gestos que iban a tirar” con el arma de fuego.

Pequeños instantes del comienzo del atraco “apareció el muchacho”, en referencia al acusado, “y dijo ‘alto, policía’”, los corrió con el arma “hacia abajo” y “aparecieron dos en moto, se subió cada uno a una moto”. Los primeros dos se fueron rápido del lugar. La testigo vio a la segunda pareja que “uno empuñó el arma y escucho que quien manejaba la moto gritó ‘tirá, tirá’” y luego oyó “click-click” en referencia a que el otro ladrón intentó disparar el arma de fuego pero las balas no salieron por razones ajenas a su voluntad. Los delincuentes nunca fueron identificados en la causa que investigó el exfiscal Fernando Cartasegna, quien renunció al cargo en medio de un escándalo institucional, en el año 2017.
La mujer refirió que fue “muy maltratada por las secretarias en la fiscalía” en ocasión de su declaración testimonial y que tras el hecho “en décimas de segundos se fue todo el mundo” de la confitería.

Esta misma secuencia fue confirmada por su amiga con la que había ido a cenar.
La acusación está en manos del fiscal Martín Chiorazzi quien sostuvo que mantendrá a acusación de homicidio a la que pedirá una agravante por el uso de arma de fuego apta para e disparo, situación que fue compartida por los abogados Germán Oviedo y Ariel Door, representantes legales de la familia de la víctima.

La defensa a cargo de Julio Beley y Bruno Strassera sostiene que se trató de un caso fatal pero que debe encuadrarse dentro del marco del cumplimiento de deber del acusado en defensa propia y de terceros. Beley recordó que “el acusado reconoció la autoría del hecho en la declaración indagatoria” pero que se trató de un “concurso ideal de causales de justificación” previstas en el marco legal vigente y en sus alegatos pedirá la absolución como planteo central y como subsidio, el mínimo de la pena por el delito de homicidio culposo, en caso que los jueces del Tribunal Oral Criminal I de La Plata entiendan que Aguilera actuó de manera negligente o con impericia.

El expolicía lleva seis años detenido. Los primeros meses en una cárcel, luego con arresto domiciliarios y desde hace cinco meses fue autorizado a tener salidas laborales.
Desde muy temprando familiares y amigos de la Soledad Bowers se concentraron frente a la sede del fuero Penal de La Plata, en calle 8 entre 56 y 57, para reclamar justicia y "cárcel" para el acusado, quien durante la instrucción de la causa pidió "perdón" a la familia.

La acusación es por “homicidio simple con dolo eventual” una polémica figura que no está prevista en el Código Penal. El dolo eventual indica que el autor del disparo, sabiendo que podría provocar muerte con su conducta, siguió adelante sin importar las consecuencias.