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"La suerte de la fea": la fealdad y una reflexión cargada de teatralidad y feminismo

Con dramaturgia de Mauricio Kartun, dirección de Paula Ransenberg e interpretada por Luciana Dulitzky, llega la obra que se llevó todos los aplausos por su originalidad en el tratamiento y en su temática. Una reflexión sobre los cánones de la belleza, la historia y su absurda actualidad.

A comienzos del siglo XX eran frecuentes en Buenos Aires los bares con atracciones. Un público mayormente masculino que bebía en los reservados escuchando –pero sobre todo mirando– a aquellas singulares orquestas de señoritas. Mujeres jóvenes y atractivas con ropas sensuales que se movían a la cadencia de su propia música. Exponían allí en pequeños escenarios como vidrieras su gracia y belleza. Pero en realidad no tocaban, hacían sólo el remedo. Pura mímica sensual de ejecución. Las intérpretes auténticas, músicas con talento y solvencia, pero sin la edad o los atributos de belleza necesarios, tocaban escondidas tras los telones o en el foso, ejecutando cada uno de esos instrumentos que ellas, las figurantas, las hermosas, simulaban tocar. Esta es la historia de una de esas feas. Y de su suerte.

La obra se centra en el personaje de Viola, quien recrea, evoca, revive y rememora su vida de violista. Ella dice “todo lo mío es sonido”. Sus sensaciones, pensamientos y evocaciones son sonido, ruidos y música que provienen de un único instrumento: la viola que ama y detesta. Es por esto la obra tiene un trabajo en conjunto con un violista que toca en vivo en las funciones. La partitura musical devino   en los ensayos, en un ida y vuelta constante con la actriz.

El espacio escénico pensado por el autor es un palco de vitrolera, un escenario pequeño de los “bares de señoritas” donde se ubicaba la mujer que ponía los discos en la Vitrola.

Alejandro Mateo creó un pequeño tablado rococó, una cajita de música primorosa aunque un tanto desvencijada que se recorta en el espacio negro de la sala. Un “escaparate para ser visto” como dice el autor, que nuclea la exposición y la intimidad que requiere la obra. Viola se encuentra en su lugar soñado, el que desata sus fantasías más íntimas pero también en el lugar que sellará su desgracia.

Una obra con una actualidad que espanta y que tiene un profundo sentido en cada uno de sus textos. Podremos disfrutar de esta pieza teatral todos los domingos de junio, a excepción del domingo 16 (día del padre) a las 19 en el Teatro Estudio Calle 3 N 386 e/ 39 y 40.  El valor de las entradas es desde $250.

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