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Fuegas, una "caja de herramientas" feminista que copa los barrios de la ciudad

Son un grupo de mujeres con distintas trayectorias que realiza talleres en barrios de la periferia, acercando herramientas prácticas y teóricas contra la violencia de género. Su objetivo último: crear Asesorías de Género en cada barrio de la ciudad.

"Somos obsesivas del territorio. Esto es cuerpo a cuerpo y en territorio, no hay otra manera", asegura Juliana Brizuela. A su lado está María Paz Romero, otra de las integrantes de Fuegas, que hace un raconto de los barrios visitados en apenas dos meses desde su conformación: Olmos, Abasto, Barrio Aeropuerto, Los Hornos, Villa Elvira. "Casco urbano", agrega, conteniendo la risa. Fuegas quiere llegar a todos lados -"gremios, sindicatos, clubes, sociedades de fomento, merenderos, bibliotecas populares"- con sus talleres informativos, pero sobre todo "a espacios donde ya hay un poco de organización", plantea Juliana, "porque si no no terminamos nunca".

Con técnicas de educación popular, juegos y actividades lúdico-reflexivas, Fuegas busca "aportar a la organización de los territorios, partiendo del diagnóstico de que la forma de combatir la violencia de género es con comunidad organizada y organización feminista en territorio". Como fin último pretenden aportar a la creación de Asesorías en Géneros y Derechos "para que las compañeras sepan cómo recepcionar un caso de violencia de género y cómo hacer una derivación compañera".

Una parte importante de Fuegas, que hoy cuenta con 10 integrantes, viene de una experiencia en la Asesoría en Géneros y Derechos "Micaela García" vinculado al Movimiento Evita. Otras llegaron de agrupaciones afines, y algunas empezaron a participar después de haberse acercado con su caso particular de violencia machista. En el grupo hay profesionales y trabajadoras asalariadas, mujeres que limpian casas por hora y otras que tienen doctorados. "Queríamos salir un poco de esta idea de que si no estudiaste abogacía no podés asesorar a una compañera", explica Juliana. El lenguaje "encriptado" de la Justicia y la comprensión del circuito del expediente o causa son dos de las cosas por las cuales empiezan. "Las mujeres ingresan al sistema para pedir ayuda y esperan que se activen mecanismos para facilitar todo el proceso, pero en realidad lo que se activa es un circuito interminable, burocrático, donde ellas tienen que estar todo el tiempo presentando prueba y moviéndose. Es frustrante, revictimizante, y en general hay mucho maltrato", agrega. Por eso la cuestión es "poder entender y registrar cosas básicas, por ejemplo que cuando te dicen 'en autos' no es que están arriba de un auto sino que quieren decir 'acá' , 'en este escrito', etcétera". 

En Fuegas reivindican la organización política y social como base para los talleres y capacitaciones. "Para nosotras es millones de veces más satisfactorio cuando una compañera viene y tiene red, porque hacés el asesoramiento y la compañera va, avanza. Si por el contrario viene una que tiene facilidades económicas y formación pero carece de una red, se cae. Se cae y no avanza. Por eso decimos que sin redes feministas de organización, no hay nada". 

DEBATE, REFLEXIÓN Y UN ESPACIO DE ENCUENTRO

"Apuntamos a que quede en el barrio un saldo organizativo que se transforme el día de mañana en una Asesoría independiente, que sea de ellas. Pero para llegar a eso, el primer taller estamos horas hablando de micro machismos, de violencias normalizadas, de dónde están nuestros derechos... y eso es lo que más tiempo nos lleva", cuenta Paz. Los métodos que utilizan son varios, muchos provenientes de la educación popular, y tratan de no pegarse a ninguna fórmula sin antes haber probado su éxito. Uno de los juegos que más proponen es el del semáforo, "con frases comunes que te puede decir tu pareja varón. Si está todo bien es verde, si es complicado o merece estar alerta, amarillo, y si no, rojo. Son todas frases del sentido común, y las mujeres levantan los carteles con la luz del semáforo y empiezan a hablar. Los primeros talleres son catárticos, y lo que necesitamos es que las compañeras hablen entre ellas", explica Juliana.

Eso pasa, por ejemplo, con el juego del Semáforo: "a medida que van pasando las frases una va viendo cómo reflexionan, piensan entre ellas y dicen: esto lo viví, esto es abuso". Por el nivel y la profundidad de los debates, los primeros talleres se realizan sin varones. "Tenemos la idea de incluirlos más adelante, pero ahora no. Cuando hay varones en el lugar, las mujeres suelen callarse por vergüenza", precisa Juliana, que reivindica la necesidad de "mantener los ejes de la charla" más allá de la actividad disparadora. En ese intercambio, las fuegas también aprenden: a lo largo de los talleres fueron relativizando, por ejemplo, el concepto del "círculo de la violencia", que postula fases -calma, tensión violenta y progresiva, agresión física, arrepentimiento, reconciliación- en el marco de la violencia de género en la pareja.

"Una vez una compañera nos dijo: '¿Qué perdón?, después te ajusticia y listo, no te pide nada perdón, ni te explica por qué'. Y con los relatos una va viendo que el ramo de flores y el arrepentimiento no sucede en la mayoría de los casos. O sucede solo al principio", evalúa Juliana. Lo mismo ocurre con cuestiones como el consentimiento. "La mayoría de las mujeres no elige cuándo tener relaciones, la enorme mayoría no lo hace. Entonces tenemos que dejar de dar por descontado que eligen, porque es una afirmación absolutamente falsa. Está alejada de la realidad. Y si una parte de esa base, a las mujeres les va a dar tres veces más vergüenza poder contar una situación de abuso o forzamiento. Eso también nos lo dio la experiencia: saber que las mujeres no eligen, ni cuándo ni cómo. Es la realidad de la mayoría de las compañeras", dice con amargura.

Sin embargo, de los encuentros se llevan otras transformaciones valiosas: "vemos cómo la información y la empatía, el poder ponerse en el lugar de la otra, hacen que las compañeras vayan cambiando sus cabezas y dejen el pañuelo celeste. Es la lucha cuerpo a cuerpo que hay que dar, porque si no ¿a dónde la vamos a dar?". "Ellas abortan y sus hijas también", agrega Paz, y su compañera insiste: "¿Cómo vamos a contrarrestar ese territorio ganado por la derecha? ¿de qué manera? ¿por las redes sociales, diciéndoles que están equivocadas y que son ignorantes? Esa soberbia militante es muy gorila, y nosotras no queremos eso".

Algunos de los ejes que trabajan en los talleres son roles y estereotipos de género, tipos de violencia, mitos y herramientas de acceso a la Justicia. Antes de cada reunión, diseñan un flyer en papel que la organización política que las convoca se encarga de difundir en cada esquina, para que todas las mujeres del barrio que lo deseen puedan asistir. Allí también se les brinda un recursero, que contiene protocolos de intervención frente a casos de violencia y recomendaciones sobre a dónde acudir en cada caso. Para Paz "es una de las herramientas más valiosas que tenemos, porque se arma con experiencia. Antes hubo una compañera que acompañó a otra a hacer una denuncia, entonces ya sabe que a determinada hora en determinado lugar, va a haber alguien piola atendiendo. Eso es invaluable. Y cuando vamos al barrio, fomentamos que generen eso".

DE AUTONOMÍAS Y PARTIDISMOS

Feminismo popular y transfeminismo son dos conceptos que atraviesan a Fuegas desde sus inicios, en febrero de este año. Ambos se relacionan con la interseccionalidad, es decir la capacidad de mixear los preceptos básicos del feminismo con otro tipo de luchas: contra la desigualdad por razones de clases, etnia, orientación sexual e identidad de género. En esta línea reivindican la idea de que "los recursos no son solamente dinero, también son capital cultural y simbólico. Y nosotras tenemos que poder hacernos de estos recursos y usarlos a nuestro favor", dice Juliana. "Por eso nos gusta trabajar con organizaciones, ahí ya hay una semilla de capital social. Y como tenemos esta lógica movimentista, mientras sea una organización del campo nacional, popular, latinoamericano; somos todos compañeros y vamos para adelante".

La autonomía partidaria de Fuegas les permite moverse entre organizaciones de base que responden a distintos partidos o referentes a nivel local, sin tener que responder orgánicamente a ninguna. "Tenemos un pragmatismo y una transversalidad que hoy por hoy es un sello del feminismo, estamos consiguiendo esta transversalidad. A la vez estamos en un año electoral y en un momento súper importante para estar parados todos y todas juntas del lado de enfrente a Mauricio Macri. Y que las divisiones partidarias queden allá", dice Paz. A su manera, podría decirse que Fuegas une, en el feminismo, a todos aquellos sectores del peronismo y el kirchnerismo que hoy están atomizados de cara a las elecciones de octubre. 

 "Si bien tenemos posiciones ideológicas, tratamos que no sea la ideología la que nos defina en la política. La idea es que podamos tener algunas coincidencias y otras diferencias dentro de la grupa, pero es la política y la construcción de poder lo que nos define. Y la forma, discutimos mucho las formas: cómo construir poder popular sin hacerle juego al enemigo del proyecto histórico. Por ahí tenemos compañeras más filoanarco, otras más filoizquierdistas, filoperonistas, filokirchneristas...", Juliana se ríe, y Paz cierra la idea: "Discutimos todo eso entre nosotras y cuando tenemos que salir tenemos más claro para dónde tiramos y dónde no". 

PROYECTOS

Algo que se encargan de aclarar las integrantes de Fuega es que no hacen gratis su trabajo. "Es una decisión política, y también una cuestión de necesidad", plantea Paz. Cobran viáticos y materiales en cada curso que brindan, porque en palabras de Juliana "esto de que las mujeres siempre trabajamos gratis y por convicción y amor, es la trampa de la división sexual del trabajo que nos mantiene en niveles de subordinación". En sus talleres abordan cuestiones como por ejemplo "qué implica que el 70% de la economía popular seamos mujeres, o por qué dos de cada tres pobres es mujer. Debatiendo todo eso, no podemos precarizarnos a nosotras mismas o a nuestras compañeras", aseguran.

En sus planes a futuro está la idea de hacer una maratón de seis jornadas de capacitación libres y gratuitas que generen promotoras en Géneros y Derechos, proyectadas para agosto o septiembre de este año -antes de la realización del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Bisexuales. Otro de sus grandes deseos es comenzar a dar talleres en la Liga Femenina de Fútbol platense, donde todavía "hay nidos de machismo" y situaciones de violencia de pareja entre personas del mismo género.  A su vez se encuentran tramitando los papeles de la Asociación Civil y armando su equipo, que está "siempre" abierto a nuevas integrantes. En ese camino, abogan por la aprobación de una ley que reconozca a las promotoras territoriales como trabajadoras: "Vamos a militar esa ley, pero cuando salga ya vamos a tener un territorio lleno de promotoras", asegura Paz.

Hacia el final de la entrevista, convocan a una conferencia de prensa este jueves a las 10 de la mañana en Tribunales (7 entre 56 y 57) por el caso de Marcela Mendoza, una mujer acusada de matar a su marido cuyo juicio fue anulado hace pocas semanas y por lo cual exigen su inmediata liberación. Y mencionan que un grupo de alumnas del Colegio Nacional se contactó con ellas al Facebook para pedir un taller en la escuela.

-Parece demasiado, ¿están en plan de eso?

Ambas sonríen antes de responder.

-Estamos en plan de todo. 

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