¿No se rompen? ¿Soportan mucho peso? Son las primeras preguntas que se reiteran antes de probar este tipo de sillones. La gente los mira, se apoya con cierta desconfianza, hasta que comprueba la resistencia y se relaja como en cualquier otro asiento. “Son súper fuertes. Sí se tiene que entender que no es plástico, que lo dejás bajo la lluvia y no pasa nada. Recomendamos que se pueden tener afuera todo lo que deseen, pero entrarlo a la noche por la humedad. Si se mojan un poco no pasa nada”, asegura a 0221.com.ar Matías Schulman, el bahiense CEO del emprendimiento, mientras se para sobre uno de los banquitos para demostrar la firmeza de los banquitos que producen. Efectivamente, no se cayó.
No tenían presupuesto, tampoco sabían cómo comunicarlo, y ahí fue cuando a uno del equipo se le ocurrió la idea de hacer todo un living de cartón, como para que la gente que visitara el espacio pudiese dejar sus datos. Compraron algunas planchas, calcularon a ojo y se quedaron cortos, entonces salieron a cartonear. No sabían si iba a funcionar y pensaban en qué pasaría cuando alguien se sentara. Habían probado los bancos y sillones, pero temían que luego todo terminase desparramado en el suelo. Pero no, fue tal el éxito que cuando volvieron al otro día, vieron que se habían llevado todos los objetos.

“Empezamos a investigar, encontramos antecedentes y nos decidimos a hacer eso. Pensamos que sabíamos de cartón, pero nos dimos cuenta de que no sabíamos nada, es un mundo realmente”, cuenta sobre ese primer acercamiento con el material. Así, a la semana siguiente nació Kusco. ¿El nombre hace homenaje a Cuzco, la ciudad peruana que fue la capital del imperio Inca? No. La referencia es a una relación cotidiana: los perros callejeros. Los “cusquitos” fueron una alusión directa a la materia prima con la que empezaban a trabajar, por lo noble, dócil y accesible. Igual que cualquier can que se cruzaran por la calle. “Nos identificamos con ellos, queremos salvar este material que viene de la calle. Su fidelidad, el cuidado. Si se moja se pone triste. Es de todos y no es de nadie a la vez”, dice Matías para redondear el concepto.
Con una inversión inicial de $1.200, la lista de todas las fiestas nacionales del país y después de horas y horas de investigación, comenzaron a stockearse de producción para enviar a distintos eventos. Empezaron con el diseño de sillones, mesas y banquitos, de cartón virgen, recuperado o reciclado.

Tras el armado del stand, su primera intervención grande la desarrollaron para Picurba: 12 banquitos, todos cortados con una trincheta. “Fue una locura. Éramos dos cortando como locos”, rememora sobre esos días de trabajo a contrarreloj. Para los sillones usaban una caladora, que mantuvieron hasta hace un año y medio, momento en el que pasaron al láser. El cambio marcó una enorme diferencia para el emprendimiento y Matías reconoce que ahí arrancó la escalada de la marca, que en el último año facturó $500.000 en ventas.
Parte de su producción se realiza en una antigua casona de Diagonal 73, entre Plaza Rocha y Moreno, que alquilan con la gente de ROCLA, la Pyme -también local- que les proporciona la máquina de corte. Ahí mantienen la troqueladora manual, que funciona al estilo de una “Pastalinda”: prensa las planchas de cartón sobre las matrices y saca las piezas, que luego doblan y encastran para terminar de armar los distintos muebles. Otros objetos salen de una planta de Berazategui o del taller protegido Los Tilos, con sede en el barrio norte platense. Los diseños pueden personalizarse, para darle otro toque al blanco o al marrón del material. Las intervenciones gráficas van desde serigrafías hasta el aporte de reconocidos artistas plásticos como Falopapas o urbanos como los posters del Tano Verón.

En cuanto a los precios, los sillones rondan entre $1.800 y $2.300, los banquitos salen $220, los cestos de residuos $180, los soportes para monitores $350, mientras que las perchas -el producto carnada- rondan entre $22 y $30 cada una, según el tamaño. A su vez, la gama de productos que ofrecen se completa con mesas ratonas o altas, dos tipos de paneles, placas para un tótem y una lámpara. Si son intervenidos por artistas emergentes, es otro el valor.
Ya hicieron colaboraron con sus creaciones en una publicidad de Airbnb y la Cervecería Wesley -que llegó al festival de Cannes-, con el banco HSBC, Renault, dijeron presente en el Personal Fest, llevaron sus paneles al TEDx que se realizó en La Plata, Fox Sports, mientras que también trabajan con los gobiernos de CABA, las provincias de Buenos Aires, Salta, Jujuy, San Luis, Santa Fe, Corrientes y San Juan. No obstante, el 50% de su cartera de clientes son agencias creativas con sede en Capital Federal.
Pero las fronteras de Kusco se expanden. Sus perchas ya las tienen más de 30 emprendedores textiles en distintos puntos del país y también son pedidas en Colombia. Tienen la idea de exportar el modelo de negocios o intercambiar conocimiento con empresas amigas en Chile y Uruguay, pero el proyecto más fuerte está en Ecuador, donde se podría abrir otra sede de la firma.
Si bien hicieron varias locuras, como la creación de un camión de 4,5 metros de largo para la rural de Gualeguaychú, tuvieron que frenar el armado de 15 mesas de ping pong que se iban a instalar en un hangar para Ciudad Emergente en CABA. El motivo: los costos.
“A veces es una barrera. Piensan que es un material que lo sacas de la calle y es regalado, pero detrás está todo el trabajo de diseño. También el material es muy costoso. Las planchas vírgenes las conseguimos por un proveedor en Sarandí o la troqueladora de Berazategui, pero una de 1 por 1,5 metros por tiene un valor de 180 pesos”, precisa Matías, después de dejar un mate sobre una de sus mesas de cartón. Los dos gatos y el perro salchicha que pasean por el taller ni siquiera prueban sus uñas en los modelos de cartón.

Con Iván Pavelic, el creador de Swahili, vienen trabajando principalmente en el impacto social y ambiental del proyecto. Como ambos apuntan al material recuperado, Matías ya recorrió el barrio Los Coquitos de Melchor Romero, donde está el taller en el que se confeccionan mochilas, cartucheras, fundas, bolsas de supermercado y porta anteojos con bolsas de alimento balanceado. En el mediano plazo llevarán su troqueladora para que también la maneje la gente de la zona.
“La idea es potenciarnos, trabajar el plástico y el cartón como residuos, generando productos. Sabemos que tenemos ese potencial. Entonces lo que se pueda troquelar con el cartón de la calle se laburaría desde allá y de a poco irnos ahí completamente”, anticipó el bahiense.
Como ahora quieren avanzar hacia las grandes producciones para abaratar costos. Es por eso su próximo objetivo es que toda su materia prima provenga de la calle, y para eso están cerrando la planificación para incluir a las cooperativas de cartoneros y recicladores.
“Queremos conseguir una trituradora de cartón para que ellos trabajen con todo el material de la calle”, señala. Y detalla: “Al cartonero le pagan por kilo en los lugares de acopio y no debe llegar a los $5. Nosotros, por ejemplo, con a una máscara de 120 gramos la sacamos de una caja de cartón. Así, por cada una de 120 gramos ellos podrían ganar $25”.

Al mismo tiempo, están tentando a distintas empresas que utilizan grandísimas cantidades de cartón para sus packaging, porque saben que algo tienen que hacer con sus residuos.
La explosión de ideas de Kusco a su vez tiene una pata educativa. Piensan desde el armado de un parque de educación vial hasta la posibilidad de instalar lomos de burro, hechos con los excedentes de las perchas. Otro de los proyectos que presentarán a la Municipalidad de La Plata está relacionado a la forestación: quieren plantar un árbol por cada banquito que vendan. Están asesorándose con ingenieros agrónomos, porque saben que no se pueden poner en cualquier lugar, que se debe respetar determinada distancia entre ejemplar.
“Es algo que tengo que tener presente hoy en día, porque usamos un material que viene de ahí, más allá de que esté reemplazando al plástico. La responsabilidad social empresarial es importante y nosotros generamos un impacto”, remarca Matías. Y cierra el círculo de todo el proceso de Kusco: sustentabilidad, mirada social y rédito económico.
Quien quiera contactarse con el equipo, pueden encontrarlo en su taller de Diagonal 73 N° 1550 (entre 10 y 56), enviar un mail a [email protected], o a través de Facebook, Instagram, Twitter.