Parto respetado con cobertura médica: en una clínica platense podrá elegirse cómo parir
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Parto respetado con cobertura médica: en una clínica platense podrá elegirse cómo parir

El Programa de Nacimientos No Intervenidos es desarrollado en el Instituto de Diagnóstico de La Plata y todas las prácticas serán cubiertas por las obras sociales. Si no se detectan riesgos, el equipo interdisciplinario garantiza que el evento fisiológico se realice sin interferencias, porque parten de la concepción de la persona gestante y su bebé como soberanos de la escena. 0221.com.ar entrevistó a dos de las profesionales que impulsaron el proyecto.

A oscuras, en una pileta, en cuclillas, parada o sentada sobre el banquito especial. La elección de la forma de parir en un centro de salud será un hecho en la ciudad y contará con cobertura médica. Lo que hasta entonces era un privilegio de clase, será accesible de la mano del PRONANI: el Programa de Nacimientos No Intervenidos del Instituto de Diagnóstico de La Plata. Se trata ni más ni menos que la recuperación de ese lugar protagónico perdido por la persona gestante y su bebé, soberanos plenos del evento fisiológico -de carácter sexual e íntimo- por fuera del ámbito quirúrgico.

“Hace un año el doctor Juan Guillermo Salas nos convocó porque quería que haya un lugar en La Plata, en el marco institucional, donde las mujeres y los bebés puedan tener un parto respetado”, comenzó en diálogo con 0221.com.ar Lorena Ribot, que hace más de 20 años da gimnasia para embarazadas y una de las que presentó el proyecto. El equipo se completa con la médica especialista en Ginecología y Obstetricia, Florencia Hortel, y el pediatra y neonatólogo Pablo Bibiloni.   

La dirección dio el visto bueno y arrancó la construcción de dos salas de parto en 62 entre 2 y 3, que estarán listas en dos meses. Mientras, asisten de manera provisoria –siempre bajo el programa- en la maternidad de la institución, que cuenta con dos habitaciones habilitadas y completamente equipadas, de la misma manera que lo estarán las nuevas. En tanto, las consultas médicas se hacen en la sede de 122 entre 68 y 69.  

Las salas estarán separadas por un pasillo y con una puerta de doble vidrio para aislar el ruido. Los dos espacios serán amplios, pensados para que las personas a punto de parir puedan moverse con comodidad y estar acompañadas por quienes deseen, sin restricción. Además de la cama, tendrán a disposición una pelota, una cuerda para balancearse o sujetarse, colchonetas para hacer yoga, el banquito de parto y una pileta. La piscina lleva un cobertor que se saca con cada uso y lleva un proceso especial de esterilización. También habrá un mobiliario especial para la identificación del bebé - y para no tener que sacarlo de ahí en ningún momento-, más un dispenser de agua y un sillón para la espera de familiares. Las cunitas, afuera: recién las verán cuando pasen a la habitación.

Los cambios que implican el PRONANI revolucionarán este tipo de trabajo en la ciudad. En primer lugar, la persona que se inscriba seguirá su embarazo con los cuatro obstetras del equipo, un mes con cada uno. No va a tener un médico de cabecera, sino que la cabecera es el programa. A su vez, el plantel cuenta con cinco pediatras, cuatro parteras e incluye cinco talleres pre parto.

El paradigma es tan intervencionista que nos hizo creer que si no tenemos a nuestro médico de cabecera no podemos parir. Eso traba, genera inseguridad. Pero le vamos a garantizar que quien tenga enfrente y todo el contexto la va a respetar, la va a mimar, alentar y contener física y emocionalmente. No importa quién sea, porque vamos a trabajar todos y todas de la misma manera”, explicó Lorena sobre uno de los conceptos centrales del PRONANI.   

Es por eso que distinguen entre parto fisiológico y vaginal. En los primeros no hay intervenciones innecesarias, sino acompañamiento amoroso, y la madre y su bebé son los protagonistas: nunca se separan si no se registraron inconvenientes. En el segundo, los profesionales atienden respetuosamente, sin maltratos, pero realizan prácticas no recomendadas: acuestan a la persona, le ponen suero o anestesia peridural sin consultar, le hacen rasuras, enemas y episotomía. Su hijo o hija nace por la vagina e inmediatamente son llevados a controles. 

En Argentina desde el 2004 que existe la Ley Nacional de Parto Humanizado: las madres y sus bebés precisaron paradójicamente de una legislación para que se defiendan sus deseos durante el nacimiento. La 25.929 establece que “toda mujer tiene derecho a un parto natural, a estar acompañada por la persona que ella desee, a elegir la posición en la que quiere parir, a transitar un embarazo, parto y posparto respetados en todos los sentidos y a ser protagonista activa y recibir información necesaria para decidir”. Tiene vigencia tanto en el ámbito público como privado.

Sin embargo, el porcentaje de cesáreas innecesarias supera con holgura el recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), mientras que los establecimientos médicos no cuentan con la infraestructura necesaria o no velan por el cumplimiento de la ley. En La Plata no existe un lugar que siga estas premisas y en el país son escasas las instituciones de salud que tengan a los partos fisiológicos como una política central. En ese sentido, el Hospital Austral es una clínica modelo en los partos seguros sin intervención, como La Trinidad de Ramos Mejía. En el sistema público, la Maternidad Carlotto de Moreno y el Hospital Carrillo de Mendoza son referencias, mientras que en Tucumán hay otro sanatorio que se dedica a las prácticas humanizadas, aunque saturado por la importante demanda. 

Pero este tipo de atención no es un derecho para todos ni todas. Hay quienes pagan hasta $50.000 por estos partos, mientras que el honorario por el servicio de las parteras ronda entre los $5.000 y $6.000. La revolución del PRONANI implica la cobertura de la atención médica de la práctica que se realice (sea parto fisiológico, vaginal o cesárea), los materiales, la internación en habitación compartida y el servicio de obstetricia. Como quedó incluido en el Programa Médico Obligatorio (PMO), la asistencia será reconocida por las obras sociales: no habrá que pagar un solo peso extra.

“A nosotros nos sirve que haya cada vez más personas con capacidad de cambiar su forma de trabajar y también con ganas de poder generarlo en un espacio público. Este proyecto es como un parto, es nuestro hijo. Como venimos transformándonos hace tanto tiempo por ahí no tomamos dimensión de lo que esto va a representar ni en cómo va a cambiar la vida de las mujeres en su forma de parir y en una institución”, expresó a este portal Florencia Hortel, otra de las cabezas de la iniciativa.

La médica –que se tatuó la frase “Parir con amor” en el brazo derecho- sostuvo que el tiempo de espera sin intervención siempre es la clave del proceso de parto. “Cuando arranca la catarata de intervenciones no solo se estresa la madre, sino también el bebé. Ahí los doctores empiezan con que no sabían pujar, que se aceleraron los latidos, que el bebé se acomodó de manera diferente; todo para justificar la práctica de la cesárea”, remarcó.

La militancia de Lorena y Florencia contra la violencia obstétrica y en búsqueda de la extensión del parto respetado también está relacionada con sus experiencias traumáticas: ambas quedaron marcadas por la forma en que nacieron sus hijos. En el caso de Hortel, a su vez estuvo atravesado por el cuestionamiento de su trabajo, las prácticas aprehendidas y establecidas como correctas. Cuando empezó a cambiarlas, fue perseguida, hostigada y amenazada en el hospital en el que prestaba servicio. Ribot fundó la Asociación Civil “Vos Podés”, que por su personería jurídica tiene injerencia en toda la provincia de Buenos Aires, y además de la gimnasia, lleva años acompañando como doula. Las mujeres son conscientes de la expectativa positiva que genera el inicio del programa, pero también las resistencias que ya manifiesta parte de la comunidad médica.

“Me he vuelto muy escéptica e intolerante por todo lo que se escucha decir del por qué se opera. Frases comunes e insólitas, como ‘menos mal que te operamos porque se te estaba rompiendo el útero’,  ‘venía con la cabeza así o asá’, ‘se dio vuelta a último momento’, ‘después de una cesárea no podés tener un parto porque se te revienta el útero’, son todas mentiras para justificar la cirugía. Después ves médicos que un centro público mandan a las mujeres a dilatar a la casa y que en el privado las operan bajo algún pretexto”, aseguró Florencia.

El PRONANI tampoco concibe a la parturienta como paciente. “No está enferma, es un momento vital, sexual, poderoso, de plenitud, que estamos recuperando como protagónico”, insiste Lorena.

Si el embarazo se desarrolló normalmente, en las instalaciones del Instituto de Diagnóstico la persona gestante podrá caminar, darse un baño, tomar agua, orinar, estirar los músculos. Todo ocurrirá con la habitación en penumbras y eso tiene una explicación. "La oscuridad permite mayor pulso de oxitocina, por eso hay más partos de noche que de día", indicó Florencia. También está relacionado a una cuestión más arcaica, de búsqueda de conexión con la interioridad, intimidad, además de lo hormonal. "Se desactiva el alerta, todo lo que es el sistema nervioso simpático", agregó Lorena. 

Así, superará cada contracción, la animarán y reconfortarán, acompañando el momento en el que sienta ganas de pujar, en la posición que quiera. Un momento de trance, donde se reencuentra con su parte animal, donde vuelve a reconocerse como mamífero. De la “desaceleración tardía”, esa sensación de sueño previa a la expulsión, para la fuerza del final. Si no hubo inconvenientes, luego tendrá a su bebé en el pecho durante una hora y sin interrupciones.

Ese es otro de los puntos centrales del programa. “Ese bebé que nace está silenciado, ¿y sus derechos, que están hasta por encima de la Constitución? Si está sano, la única necesidad que tiene es estar con su madre, que tiene que pensarse como el mejor lugar para su bebé. Pero son sistemáticamente separados, aún cuando nacen vigorosos. Estamos tan colonizados por la estructura médica, que ni siquiera nos damos cuenta de qué es lo más natural, porque se instaló la lógica de que si un recién nacido llora durante 15 minutos de manera sostenida es porque está sanito”, cuestionó la doula.

En las instalaciones de calle 62 se respetará la “hora sagrada”: el bebé estará contacto piel a piel con su mamá durante los primeros 60 minutos de vida. Luego le darán la Vitamina K, la vacuna de la hepatitis B, lo pesarán y medirán, un hecho inédito en La Plata. No obstante, habrá personal de salud observando y, si es necesario, dará una mano. 

El programa también prevé asistencia en lactancia, mientras que los médicos también recomendarán a especialistas en diagnóstico por imágenes de su confianza. “Hay un cuidado con el lenguaje para no generar miedo en los controles y porque si salen con pánico, no paren. Si está estresada, no arranca nunca el trabajo de parto. Siempre hay un pequeñísimo riesgo, pero no es lo primero que hay que decir”, dijo Florencia.

Los relatos de angustia de mujeres que atravesaron sus partos con prácticas contraindicadas, con ganas de sanar su herida emocional, también impulsaron a este equipo, que marcará un antes y un después en la región y en el país. “Para cambiar el mundo, hay que cambiar la manera de nacer”, sostuvo el obstetra francés Michel Odent y lo repiten con un mantra. Pero con el PRONANI dejará de ser una frase linda. Se transformará en una realidad.

El Programa de Nacimientos No Intervenidos es desarrollado en el Instituto de Diagnóstico de La Plata y todas las prácticas serán cubiertas por las obras sociales. Si no se detectan riesgos, el equipo interdisciplinario garantiza que el evento fisiológico se realice sin interferencias, porque parten de la concepción de la persona gestante y su bebé como soberanos de la escena. 0221.com.ar entrevistó a dos de las profesionales que impulsaron el proyecto.

17 de marzo de 2019

A oscuras, en una pileta, en cuclillas, parada o sentada sobre el banquito especial. La elección de la forma de parir en un centro de salud será un hecho en la ciudad y contará con cobertura médica. Lo que hasta entonces era un privilegio de clase, será accesible de la mano del PRONANI: el Programa de Nacimientos No Intervenidos del Instituto de Diagnóstico de La Plata. Se trata ni más ni menos que la recuperación de ese lugar protagónico perdido por la persona gestante y su bebé, soberanos plenos del evento fisiológico -de carácter sexual e íntimo- por fuera del ámbito quirúrgico.

“Hace un año el doctor Juan Guillermo Salas nos convocó porque quería que haya un lugar en La Plata, en el marco institucional, donde las mujeres y los bebés puedan tener un parto respetado”, comenzó en diálogo con 0221.com.ar Lorena Ribot, que hace más de 20 años da gimnasia para embarazadas y una de las que presentó el proyecto. El equipo se completa con la médica especialista en Ginecología y Obstetricia, Florencia Hortel, y el pediatra y neonatólogo Pablo Bibiloni.   

La dirección dio el visto bueno y arrancó la construcción de dos salas de parto en 62 entre 2 y 3, que estarán listas en dos meses. Mientras, asisten de manera provisoria –siempre bajo el programa- en la maternidad de la institución, que cuenta con dos habitaciones habilitadas y completamente equipadas, de la misma manera que lo estarán las nuevas. En tanto, las consultas médicas se hacen en la sede de 122 entre 68 y 69.  

Las salas estarán separadas por un pasillo y con una puerta de doble vidrio para aislar el ruido. Los dos espacios serán amplios, pensados para que las personas a punto de parir puedan moverse con comodidad y estar acompañadas por quienes deseen, sin restricción. Además de la cama, tendrán a disposición una pelota, una cuerda para balancearse o sujetarse, colchonetas para hacer yoga, el banquito de parto y una pileta. La piscina lleva un cobertor que se saca con cada uso y lleva un proceso especial de esterilización. También habrá un mobiliario especial para la identificación del bebé - y para no tener que sacarlo de ahí en ningún momento-, más un dispenser de agua y un sillón para la espera de familiares. Las cunitas, afuera: recién las verán cuando pasen a la habitación.

Los cambios que implican el PRONANI revolucionarán este tipo de trabajo en la ciudad. En primer lugar, la persona que se inscriba seguirá su embarazo con los cuatro obstetras del equipo, un mes con cada uno. No va a tener un médico de cabecera, sino que la cabecera es el programa. A su vez, el plantel cuenta con cinco pediatras, cuatro parteras e incluye cinco talleres pre parto.

El paradigma es tan intervencionista que nos hizo creer que si no tenemos a nuestro médico de cabecera no podemos parir. Eso traba, genera inseguridad. Pero le vamos a garantizar que quien tenga enfrente y todo el contexto la va a respetar, la va a mimar, alentar y contener física y emocionalmente. No importa quién sea, porque vamos a trabajar todos y todas de la misma manera”, explicó Lorena sobre uno de los conceptos centrales del PRONANI.   

Es por eso que distinguen entre parto fisiológico y vaginal. En los primeros no hay intervenciones innecesarias, sino acompañamiento amoroso, y la madre y su bebé son los protagonistas: nunca se separan si no se registraron inconvenientes. En el segundo, los profesionales atienden respetuosamente, sin maltratos, pero realizan prácticas no recomendadas: acuestan a la persona, le ponen suero o anestesia peridural sin consultar, le hacen rasuras, enemas y episotomía. Su hijo o hija nace por la vagina e inmediatamente son llevados a controles. 

En Argentina desde el 2004 que existe la Ley Nacional de Parto Humanizado: las madres y sus bebés precisaron paradójicamente de una legislación para que se defiendan sus deseos durante el nacimiento. La 25.929 establece que “toda mujer tiene derecho a un parto natural, a estar acompañada por la persona que ella desee, a elegir la posición en la que quiere parir, a transitar un embarazo, parto y posparto respetados en todos los sentidos y a ser protagonista activa y recibir información necesaria para decidir”. Tiene vigencia tanto en el ámbito público como privado.

Sin embargo, el porcentaje de cesáreas innecesarias supera con holgura el recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), mientras que los establecimientos médicos no cuentan con la infraestructura necesaria o no velan por el cumplimiento de la ley. En La Plata no existe un lugar que siga estas premisas y en el país son escasas las instituciones de salud que tengan a los partos fisiológicos como una política central. En ese sentido, el Hospital Austral es una clínica modelo en los partos seguros sin intervención, como La Trinidad de Ramos Mejía. En el sistema público, la Maternidad Carlotto de Moreno y el Hospital Carrillo de Mendoza son referencias, mientras que en Tucumán hay otro sanatorio que se dedica a las prácticas humanizadas, aunque saturado por la importante demanda. 

Pero este tipo de atención no es un derecho para todos ni todas. Hay quienes pagan hasta $50.000 por estos partos, mientras que el honorario por el servicio de las parteras ronda entre los $5.000 y $6.000. La revolución del PRONANI implica la cobertura de la atención médica de la práctica que se realice (sea parto fisiológico, vaginal o cesárea), los materiales, la internación en habitación compartida y el servicio de obstetricia. Como quedó incluido en el Programa Médico Obligatorio (PMO), la asistencia será reconocida por las obras sociales: no habrá que pagar un solo peso extra.

“A nosotros nos sirve que haya cada vez más personas con capacidad de cambiar su forma de trabajar y también con ganas de poder generarlo en un espacio público. Este proyecto es como un parto, es nuestro hijo. Como venimos transformándonos hace tanto tiempo por ahí no tomamos dimensión de lo que esto va a representar ni en cómo va a cambiar la vida de las mujeres en su forma de parir y en una institución”, expresó a este portal Florencia Hortel, otra de las cabezas de la iniciativa.

La médica –que se tatuó la frase “Parir con amor” en el brazo derecho- sostuvo que el tiempo de espera sin intervención siempre es la clave del proceso de parto. “Cuando arranca la catarata de intervenciones no solo se estresa la madre, sino también el bebé. Ahí los doctores empiezan con que no sabían pujar, que se aceleraron los latidos, que el bebé se acomodó de manera diferente; todo para justificar la práctica de la cesárea”, remarcó.

La militancia de Lorena y Florencia contra la violencia obstétrica y en búsqueda de la extensión del parto respetado también está relacionada con sus experiencias traumáticas: ambas quedaron marcadas por la forma en que nacieron sus hijos. En el caso de Hortel, a su vez estuvo atravesado por el cuestionamiento de su trabajo, las prácticas aprehendidas y establecidas como correctas. Cuando empezó a cambiarlas, fue perseguida, hostigada y amenazada en el hospital en el que prestaba servicio. Ribot fundó la Asociación Civil “Vos Podés”, que por su personería jurídica tiene injerencia en toda la provincia de Buenos Aires, y además de la gimnasia, lleva años acompañando como doula. Las mujeres son conscientes de la expectativa positiva que genera el inicio del programa, pero también las resistencias que ya manifiesta parte de la comunidad médica.

“Me he vuelto muy escéptica e intolerante por todo lo que se escucha decir del por qué se opera. Frases comunes e insólitas, como ‘menos mal que te operamos porque se te estaba rompiendo el útero’,  ‘venía con la cabeza así o asá’, ‘se dio vuelta a último momento’, ‘después de una cesárea no podés tener un parto porque se te revienta el útero’, son todas mentiras para justificar la cirugía. Después ves médicos que un centro público mandan a las mujeres a dilatar a la casa y que en el privado las operan bajo algún pretexto”, aseguró Florencia.

El PRONANI tampoco concibe a la parturienta como paciente. “No está enferma, es un momento vital, sexual, poderoso, de plenitud, que estamos recuperando como protagónico”, insiste Lorena.

Si el embarazo se desarrolló normalmente, en las instalaciones del Instituto de Diagnóstico la persona gestante podrá caminar, darse un baño, tomar agua, orinar, estirar los músculos. Todo ocurrirá con la habitación en penumbras y eso tiene una explicación. "La oscuridad permite mayor pulso de oxitocina, por eso hay más partos de noche que de día", indicó Florencia. También está relacionado a una cuestión más arcaica, de búsqueda de conexión con la interioridad, intimidad, además de lo hormonal. "Se desactiva el alerta, todo lo que es el sistema nervioso simpático", agregó Lorena. 

Así, superará cada contracción, la animarán y reconfortarán, acompañando el momento en el que sienta ganas de pujar, en la posición que quiera. Un momento de trance, donde se reencuentra con su parte animal, donde vuelve a reconocerse como mamífero. De la “desaceleración tardía”, esa sensación de sueño previa a la expulsión, para la fuerza del final. Si no hubo inconvenientes, luego tendrá a su bebé en el pecho durante una hora y sin interrupciones.

Ese es otro de los puntos centrales del programa. “Ese bebé que nace está silenciado, ¿y sus derechos, que están hasta por encima de la Constitución? Si está sano, la única necesidad que tiene es estar con su madre, que tiene que pensarse como el mejor lugar para su bebé. Pero son sistemáticamente separados, aún cuando nacen vigorosos. Estamos tan colonizados por la estructura médica, que ni siquiera nos damos cuenta de qué es lo más natural, porque se instaló la lógica de que si un recién nacido llora durante 15 minutos de manera sostenida es porque está sanito”, cuestionó la doula.

En las instalaciones de calle 62 se respetará la “hora sagrada”: el bebé estará contacto piel a piel con su mamá durante los primeros 60 minutos de vida. Luego le darán la Vitamina K, la vacuna de la hepatitis B, lo pesarán y medirán, un hecho inédito en La Plata. No obstante, habrá personal de salud observando y, si es necesario, dará una mano. 

El programa también prevé asistencia en lactancia, mientras que los médicos también recomendarán a especialistas en diagnóstico por imágenes de su confianza. “Hay un cuidado con el lenguaje para no generar miedo en los controles y porque si salen con pánico, no paren. Si está estresada, no arranca nunca el trabajo de parto. Siempre hay un pequeñísimo riesgo, pero no es lo primero que hay que decir”, dijo Florencia.

Los relatos de angustia de mujeres que atravesaron sus partos con prácticas contraindicadas, con ganas de sanar su herida emocional, también impulsaron a este equipo, que marcará un antes y un después en la región y en el país. “Para cambiar el mundo, hay que cambiar la manera de nacer”, sostuvo el obstetra francés Michel Odent y lo repiten con un mantra. Pero con el PRONANI dejará de ser una frase linda. Se transformará en una realidad.

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