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Rojo, de piel fina y con un sabor intenso: la historia detrás del tomate platense

El tomate platense fue el único que se cultivó en la región durante muchas décadas hasta la llegada de los modificados genéticamente, a fines de la década de 1980. Desde ese entonces, el platense comenzó a ser desplazado y sobrevivió gracias a un grupo de quinteros que lo conservaron por tradición. A través de la fiesta que se celebra este sábado en Los Hornos, se busca rescatar una cultura de producir donde se respete la tierra, los materiales cultivados y las familias que con mucho esfuerzo apostaron por seguir produciendo en la quinta.

El tomate es una fruta nativa de la región andina de Sudamérica, domesticada por los aztecas pero popularizada alrededor de todo el mundo por los conquistadores europeos. En Argentina, fue insertada por los españoles, italianos y portugueses de las olas migratorias de las décadas de 1920 y 1930. "Lo primero que se empezó a cultivar fue la semilla de tomate secano, también llamado 'tomate de tierra'", indicó el subsecretario de Producción Hortícola de la Municipalidad, Héctor Vázquez, en diálogo con 0221.com.ar.

Este tipo de producción se caracteriza por la falta de riego, logrando que la planta se adapte a su entorno de forma natural, mejorando en generaciones posteriores. "Después, comenzaron a enramarlos, luego a empalarlos con varas de mimbre y juncos y, hacia la década del '40, los empezaron a atar a las cañas con alambre debido a su flexibilidad", continuó.

Gracias a esto, la cosecha progresó considerablemente y los productores comenzaron a reunirse para intercambiar semillas y así dar origen al mejor fruto posible. De esta manera nació el llamado tomate genéticamente platense: "Achatado en los hombros, de raya verde, con un gran tamaño, semillas chicas y resistente a la peste negra", aseguró Vázquez.

Sin embargo, el paso de los años y los cambios en los hábitos alimenticios de la población generaron que esa especie de tomate fuera dejada de lado por los modificados a través de la tecnología; es decir, los que comúnmente se ven en las góndolas de los supermercados. Principalmente, por ser agradables a la vista y tener una mayor durabilidad.

Azucena Cuevas Riveiro, productora local descendiente de portugueses, cosecha el tomate platense desde hace 40 años en su casa de 26 y 512. Hasta el año 2010, se dedicó a producir en un terreno de ochenta metros de largo y otros diez de ancho, para comercializarlo en forma de salsas, dulces y budines. Las inclemencias climáticas generaron daños irreparables en su invernadero y, desde ese entonces, comenzó a producir a cielo abierto para consumo personal.

"El tomate producido artesanalmente no se compara con los otros. A diferencia del que se vende en los supermercados, el nuestro madura de adentro hacia afuera, alcanzando el color rojo en la parte final del proceso. En los otros es a la inversa, por eso los ves colorados pero cuando los abrís están verdes", explicó.

Si bien el factor climático es determinante a la hora de la producción, Azucena explicó que una cosecha sin resguardo y a la intemperie tiene sus frutos en dos a tres meses."Nosotros utilizamos la misma semilla desde hace unos 20 o 30 años que produce un tomate bien maduro, destinado a toda la familia, con un florón perfecto", remarcó.

LA FIESTA DEL TOMATE PLATENSE

La cita será este sábado, desde las 10 hasta las 20, en la Estación Experimental Julio Hirschhorn de 66 y 167. El evento representa una buena alternativa, ya que los productores trabajan con agricultura de bajo impacto y a partir de un modelo familiar que genera un mayor compromiso con el cuidado de los campos.

En la previa, la UNLP dio a conocer su trabajo para rescatar y conservar más de nueve tipos de semillas de la fruta para que puedan ser sembradas el próximo año. De esta forma, decenas de productores del cinturón hortícola pueden garantizar la calidad y la perdurabilidad de las variedades locales a muy bajo costo.

En este sentido, Vázquez remarcó la iniciativa municipal de crear la Comisión del Tomate Genéticamente Platense, destinada a colaborar y asesorar a los productores locales e insertar el tomate en distintos ámbitos comerciales. "Queremos generar un flujo con los restaurantes de la ciudad para que utilicen en sus platos el tomate platense. Creemos que su importancia reside en el sabor, el color, su piel fina y sus pequeñas semillas. Es el orgullo de La Plata", completó.

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