¿Qué fue de la vida del Flaco Olave?
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De canillita a arquero y manager: ¿qué fue de la vida de Juan Carlos Olave?

Cordobés de pura cepa, nunca perdió la tonada. Primo del Potro Rodrigo y miembro del árbol genealógico de los Griguol, atajó hasta más allá de los 40 años y se dio el gusto de jugar por última vez junto a su hijo en Las Palmas, el club que lo vio nacer. Un hombre recordado con afecto y cariño por todo el mundo tripero.

El Flaco Olave es uno de los arqueros más recordados en el mundo mens sana. El fútbol todavía sigue siendo parte de su vida y el manager de Belgrano de Córdoba asegura que eso no va cambiar. "Me ofrecieron el puesto cuando me retiré. El club necesitaba que pusiéramos la cara porque se venían dos años difíciles con el promedio y le pusimos el hombro", cuenta a 0221.com.ar.

El primo del Potro Rodrigo, a quien lució en el pecho de su camiseta, defendió el arco de Gimnasia en 100 oportunidades repartidas en dos etapas. La primera se extendió entre el 2002 y el 2004, cuando fue transferido al Murcia de España. Tiempo después regresó para sumarse al Lobo entre 2006 y 2007.

"Recuerdos de Gimnasia tengo muchísimos. La pasamos muy bien con mi familia, nos trataron como si fuéramos del lugar. Más que recuerdos tengo la dicha y la satisfacción de que hoy mantengo las amistades que conseguí en esa ciudad hermosa. El cariño está intacto", señaló Olave con un gran cariño por el Lobo.

Es que hasta su llegada a La Plata, el Flaco había hecho pocos viajes fuera de su querida provincia. "Llegué en mi segunda salida de Córdoba, aunque la puedo considerar como la primera, porque la anterior fue muy breve. Encontré gente maravillosa y la conexión es permanente. Incluso con la gente de Estudiantes, que después de lo que pasó en aquel famoso clásico me hacía cargadas tremendas, pero siempre en un ida y vuelta que nunca pasó del folklore del fútbol", remarca.

Lo que no muchos saben es que este hombre nacido el 21 de febrero de 1976 pudo haber jugado en Estudiantes. "Fue en 1995. El técnico de la primera era Miguel Russo, estuve una semana en el club y las cosas iban bien pero recibí una propuesta de Belgrano y no lo dudé un segundo, me volví a Córdoba", recuerda el Flaco con una sonrisa.

Olave está casado con Ariana, es papá de Thiago (también futbolista) y Arantza. Una vez retirado del fútbol profesional se dio el gusto de volver a Las Palmas y jugar un partido junto a su hijo, quien hoy defiende los colores de San Martín de San Juan.

Su vida en el fútbol arrancó en Las Palmas, el club de los Griguol al que llegó a los 8 años y dode rotó por varios puestos hasta llegar al arco. Como arquero pasó por un sinfín de experiencias: jugó en el Bolívar, en Murcia; se probó en el Pincha; estuvo en River pero no alcanzó a jugar y "como venganza" formó parte del Belgrano que mandó a los Millonarios al descenso; le tocó caer en el clásico más recordado de La Plata y hasta tuvo la revancha de atajarle un penal a Mariano Pavone, aunque él no lo cuenta como un desquite personal.

"No se cómo calificar mi carrera, pero me dejó satisfecho. Cumplí un montón de sueños, me di gustos como jugador y no me quedaron cuentas pendientes. Siempre elegí dónde jugar y cuando tuve que volver a algún club me abrieron las puertas. Algunas cosas más hubiera estado bueno, siempre se sueña y no todo se consigue, pero siempre intenté todo, no tengo nada para reprocharme", reflexionó el cordobés.

El Flaco sonríe mientras los recuerdos llegan a su memoria. Es que, claro, podría escribir todo un capítulo de su biografía con las muchas anécdotas que le tocó vivir defendiendo los tres palos.

Siempre tuvo un ida y vuelta con los hinchas por su carácter impulsivo, pero siempre dentro del folklore futbolero. Tal fue así que un día desde la hinchada de Racing le tiraron una hamburguesa y el la miró, la tomó y le dio un buen mordiscón.


También recuerda con risa aquella tarde en la que lo atacó un tero, en pleno partido contra.


A pesar de los recuerdos, Olave tiene la mente en el futuro y sabe que eso va más allá de su actual función en el Pirata cordobés. "Creo que en algún monto me gustaría ser entrenador. Hoy en lo que hago me doy cuenta que me gusta todo lo que está cercano al campo de juego. Este proceso me va a servir pero no me termina de llenar. Hay que aprender a controlar impulsos, resolver situaciones, cosas que como jugador me costaba, pero me veo como técnico", pronosticó.

El Flaco jugó en La Paz, de pibe fue canillita y arregló jardines junto a sus amigos para ganarse unos pesos y poder salir a bailar, antes de tener una gran carrera en el fútbol profesional. Confeso mal contador de chiste, todo un crimen para un cordobés; se ganó el respeto de los fanáticos tanto en Gimnasia como Belgrano y cada equipo en el que se lució. Tiene toda una vida ligada al fútbol, su gran pasión además a su familia; y, según dice, no espera alejarse de las canchas, nunca.

Cordobés de pura cepa, nunca perdió la tonada. Primo del Potro Rodrigo y miembro del árbol genealógico de los Griguol, atajó hasta más allá de los 40 años y se dio el gusto de jugar por última vez junto a su hijo en Las Palmas, el club que lo vio nacer. Un hombre recordado con afecto y cariño por todo el mundo tripero.

10 de febrero de 2019

El Flaco Olave es uno de los arqueros más recordados en el mundo mens sana. El fútbol todavía sigue siendo parte de su vida y el manager de Belgrano de Córdoba asegura que eso no va cambiar. "Me ofrecieron el puesto cuando me retiré. El club necesitaba que pusiéramos la cara porque se venían dos años difíciles con el promedio y le pusimos el hombro", cuenta a 0221.com.ar.

El primo del Potro Rodrigo, a quien lució en el pecho de su camiseta, defendió el arco de Gimnasia en 100 oportunidades repartidas en dos etapas. La primera se extendió entre el 2002 y el 2004, cuando fue transferido al Murcia de España. Tiempo después regresó para sumarse al Lobo entre 2006 y 2007.

"Recuerdos de Gimnasia tengo muchísimos. La pasamos muy bien con mi familia, nos trataron como si fuéramos del lugar. Más que recuerdos tengo la dicha y la satisfacción de que hoy mantengo las amistades que conseguí en esa ciudad hermosa. El cariño está intacto", señaló Olave con un gran cariño por el Lobo.

Es que hasta su llegada a La Plata, el Flaco había hecho pocos viajes fuera de su querida provincia. "Llegué en mi segunda salida de Córdoba, aunque la puedo considerar como la primera, porque la anterior fue muy breve. Encontré gente maravillosa y la conexión es permanente. Incluso con la gente de Estudiantes, que después de lo que pasó en aquel famoso clásico me hacía cargadas tremendas, pero siempre en un ida y vuelta que nunca pasó del folklore del fútbol", remarca.

Lo que no muchos saben es que este hombre nacido el 21 de febrero de 1976 pudo haber jugado en Estudiantes. "Fue en 1995. El técnico de la primera era Miguel Russo, estuve una semana en el club y las cosas iban bien pero recibí una propuesta de Belgrano y no lo dudé un segundo, me volví a Córdoba", recuerda el Flaco con una sonrisa.

Olave está casado con Ariana, es papá de Thiago (también futbolista) y Arantza. Una vez retirado del fútbol profesional se dio el gusto de volver a Las Palmas y jugar un partido junto a su hijo, quien hoy defiende los colores de San Martín de San Juan.

Su vida en el fútbol arrancó en Las Palmas, el club de los Griguol al que llegó a los 8 años y dode rotó por varios puestos hasta llegar al arco. Como arquero pasó por un sinfín de experiencias: jugó en el Bolívar, en Murcia; se probó en el Pincha; estuvo en River pero no alcanzó a jugar y "como venganza" formó parte del Belgrano que mandó a los Millonarios al descenso; le tocó caer en el clásico más recordado de La Plata y hasta tuvo la revancha de atajarle un penal a Mariano Pavone, aunque él no lo cuenta como un desquite personal.

"No se cómo calificar mi carrera, pero me dejó satisfecho. Cumplí un montón de sueños, me di gustos como jugador y no me quedaron cuentas pendientes. Siempre elegí dónde jugar y cuando tuve que volver a algún club me abrieron las puertas. Algunas cosas más hubiera estado bueno, siempre se sueña y no todo se consigue, pero siempre intenté todo, no tengo nada para reprocharme", reflexionó el cordobés.

El Flaco sonríe mientras los recuerdos llegan a su memoria. Es que, claro, podría escribir todo un capítulo de su biografía con las muchas anécdotas que le tocó vivir defendiendo los tres palos.

Siempre tuvo un ida y vuelta con los hinchas por su carácter impulsivo, pero siempre dentro del folklore futbolero. Tal fue así que un día desde la hinchada de Racing le tiraron una hamburguesa y el la miró, la tomó y le dio un buen mordiscón.


También recuerda con risa aquella tarde en la que lo atacó un tero, en pleno partido contra.


A pesar de los recuerdos, Olave tiene la mente en el futuro y sabe que eso va más allá de su actual función en el Pirata cordobés. "Creo que en algún monto me gustaría ser entrenador. Hoy en lo que hago me doy cuenta que me gusta todo lo que está cercano al campo de juego. Este proceso me va a servir pero no me termina de llenar. Hay que aprender a controlar impulsos, resolver situaciones, cosas que como jugador me costaba, pero me veo como técnico", pronosticó.

El Flaco jugó en La Paz, de pibe fue canillita y arregló jardines junto a sus amigos para ganarse unos pesos y poder salir a bailar, antes de tener una gran carrera en el fútbol profesional. Confeso mal contador de chiste, todo un crimen para un cordobés; se ganó el respeto de los fanáticos tanto en Gimnasia como Belgrano y cada equipo en el que se lució. Tiene toda una vida ligada al fútbol, su gran pasión además a su familia; y, según dice, no espera alejarse de las canchas, nunca.

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