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“Guerreras”: una "re-intervención" contra la violencia machista que sobrevive en las paredes del Liceo
Resistencia feminista

“Guerreras”: una "re-intervención" contra la violencia machista que sobrevive en las paredes del Liceo

A fines de noviembre se instaló la muestra de la fotógrafa Eleonora Ghioldi, quien a lo largo de ocho años retrató y recogió los testimonios de mujeres violentadas. Las imágenes fueros tachadas a los pocos días. La respuesta volver a intervenir para denunciar el ataque y seguir visibilizando las historias.

23 de diciembre de 2019

La galería de arte a cielo abierto y en plena vía pública en que se convirtieron las paredes del Lico Víctor Mercante es por estos días escenario de resistencia después de que la muestra “Guerreras, rostros e historias de 50 sobrevivientes de violencia machista” fuera atacada en un intento de invisibilización. Una “re-intervención” fue la respuesta para volver a mostrar esa combinación de fotos y testimonios y a la vez denunciar a los “grupos que atentan contra el empoderamiento de las mujeres y disidencias, tacharon las imágenes y los textos”.

La intervención original fue instalada a fines de noviembre en el muro perimetral del histórico colegio de la UNLP, sobre la calle 47. En la esquina de 5 está la presentación, promovida por “Beso y Kerosene”, nombre que define a “una grupa feminista”: “Nos reúne el territorio y nos junta la fotografía, La Plata, Gonnet, Ringuelet, Villa Elisa, City Bell, Berisso y Ensenada… las imágenes de nuestras vidas cotidianas”.

Es la declaración de principios de una “pegatina feminista”. Los afiches se suceden a lo largo de toda la cuadra hasta la esquina de calle 4. En todos los caso está el original, que se adivina tachado o destruido, y encima la nueva versión, en un tamaño menor, exactamente replicado. Son rostros de mujeres acompañados de un testimonio que remite a la violencia padecida.

“Las ideas que dieron nacimiento a nuestros proyectos colectivos de historizar nuestras luchas, visibilizar lo oculto por la sociedad patriarcal, trabajar sobre la consigna de que lo privado es público, sacar a la calle todas las violencias a las que nos vemos sometides diariamente, se basan en problemáticas que se ven constantemente negadas y tapadas”, explican en el texto que fundamenta la reintervención.

“A los pocos días de realizada, grupos que atentan contra el empoderamiento de las mujeres y disidencias, tacharon las imágenes y los textos. Entonces nos propusimos continuar trabajando sobre las capas de escritura que se producen en el arte público y volver a intervenir las paredes como una herramienta de denuncia. Con la re-intervención, dejando a la vista todo el proceso de estas semanas, queremos resemantizar las imágenes e historizar nuestras luchas a partir de la estructura de exposición. En esta segunda etapa apelamos a que los procesos reflexivos de les transeúntes se pregunten no sólo sobre lo que queremos mostrar sino por qué nos quieren callar”, agregan.

La obra tiene como responsable a la fotógrafa Eleonora Ghioldi”, quien recogió testimonios durante ocho años. El resultado son más de 50 mujeres –cis y transgénero– de distintas edades, colores, orígenes y clases. Cada una de ellas, en la naturalidad de su casa, mira directo a la cámara. Todas han sufrido algún tipo de violencia sexual o institucional y accedieron a contar su historia en un espacio de confianza.

Cuenta la autora en el portal www.playgroundmag.net que las primeras tres mujeres que participaron en el proyecto eran amigas que habían sido violadas por hombres cercanos. La tercera había sido abusada por un desconocido en la playa. Ellas mismas escribieron su testimonio en el retrato impreso hecho por Ghioldi y así comenzó a tomar forma la serie.

Ghioldi decidió usar solo el método de boca en boca para encontrar otras mujeres sobrevivientes de violencia de género: “Yo quería demostrar que esto le ha pasado a la mayoría de las mujeres, que no necesitaba ir a una organización para encontrar testimonios”.

El proyecto de Eleonora Ghioldi ha sido exhibido en varias ciudades de Argentina, donde ha recibido diversos reconocimientos de las autoridades locales. Y recientemente, una parte de la serie se mostró en Guadalajara (México). Otras piezas de la serie pueden verse en las cuentas de Facebook, Instagram y Twitter.

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A fines de noviembre se instaló la muestra de la fotógrafa Eleonora Ghioldi, quien a lo largo de ocho años retrató y recogió los testimonios de mujeres violentadas. Las imágenes fueros tachadas a los pocos días. La respuesta volver a intervenir para denunciar el ataque y seguir visibilizando las historias.
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“Guerreras”: una "re-intervención" contra la violencia machista que sobrevive en las paredes del Liceo

A fines de noviembre se instaló la muestra de la fotógrafa Eleonora Ghioldi, quien a lo largo de ocho años retrató y recogió los testimonios de mujeres violentadas. Las imágenes fueros tachadas a los pocos días. La respuesta volver a intervenir para denunciar el ataque y seguir visibilizando las historias.
“Guerreras”: una "re-intervención" contra la violencia machista que sobrevive en el Liceo

La galería de arte a cielo abierto y en plena vía pública en que se convirtieron las paredes del Lico Víctor Mercante es por estos días escenario de resistencia después de que la muestra “Guerreras, rostros e historias de 50 sobrevivientes de violencia machista” fuera atacada en un intento de invisibilización. Una “re-intervención” fue la respuesta para volver a mostrar esa combinación de fotos y testimonios y a la vez denunciar a los “grupos que atentan contra el empoderamiento de las mujeres y disidencias, tacharon las imágenes y los textos”.

La intervención original fue instalada a fines de noviembre en el muro perimetral del histórico colegio de la UNLP, sobre la calle 47. En la esquina de 5 está la presentación, promovida por “Beso y Kerosene”, nombre que define a “una grupa feminista”: “Nos reúne el territorio y nos junta la fotografía, La Plata, Gonnet, Ringuelet, Villa Elisa, City Bell, Berisso y Ensenada… las imágenes de nuestras vidas cotidianas”.

Es la declaración de principios de una “pegatina feminista”. Los afiches se suceden a lo largo de toda la cuadra hasta la esquina de calle 4. En todos los caso está el original, que se adivina tachado o destruido, y encima la nueva versión, en un tamaño menor, exactamente replicado. Son rostros de mujeres acompañados de un testimonio que remite a la violencia padecida.

“Las ideas que dieron nacimiento a nuestros proyectos colectivos de historizar nuestras luchas, visibilizar lo oculto por la sociedad patriarcal, trabajar sobre la consigna de que lo privado es público, sacar a la calle todas las violencias a las que nos vemos sometides diariamente, se basan en problemáticas que se ven constantemente negadas y tapadas”, explican en el texto que fundamenta la reintervención.

“A los pocos días de realizada, grupos que atentan contra el empoderamiento de las mujeres y disidencias, tacharon las imágenes y los textos. Entonces nos propusimos continuar trabajando sobre las capas de escritura que se producen en el arte público y volver a intervenir las paredes como una herramienta de denuncia. Con la re-intervención, dejando a la vista todo el proceso de estas semanas, queremos resemantizar las imágenes e historizar nuestras luchas a partir de la estructura de exposición. En esta segunda etapa apelamos a que los procesos reflexivos de les transeúntes se pregunten no sólo sobre lo que queremos mostrar sino por qué nos quieren callar”, agregan.

La obra tiene como responsable a la fotógrafa Eleonora Ghioldi”, quien recogió testimonios durante ocho años. El resultado son más de 50 mujeres –cis y transgénero– de distintas edades, colores, orígenes y clases. Cada una de ellas, en la naturalidad de su casa, mira directo a la cámara. Todas han sufrido algún tipo de violencia sexual o institucional y accedieron a contar su historia en un espacio de confianza.

Cuenta la autora en el portal www.playgroundmag.net que las primeras tres mujeres que participaron en el proyecto eran amigas que habían sido violadas por hombres cercanos. La tercera había sido abusada por un desconocido en la playa. Ellas mismas escribieron su testimonio en el retrato impreso hecho por Ghioldi y así comenzó a tomar forma la serie.

Ghioldi decidió usar solo el método de boca en boca para encontrar otras mujeres sobrevivientes de violencia de género: “Yo quería demostrar que esto le ha pasado a la mayoría de las mujeres, que no necesitaba ir a una organización para encontrar testimonios”.

El proyecto de Eleonora Ghioldi ha sido exhibido en varias ciudades de Argentina, donde ha recibido diversos reconocimientos de las autoridades locales. Y recientemente, una parte de la serie se mostró en Guadalajara (México). Otras piezas de la serie pueden verse en las cuentas de Facebook, Instagram y Twitter.