sábado 13 de julio de 2024

Su padre policía la violó en su infancia, pudo romper el círculo de silencio y lo denunció

Una joven platense relató por las redes sociales los años de abusos que sufrió por parte de su progenitor luego de hacer la presentación en la DDI y en la Justicia. Su hermana lo había denunciado en 2011 por el mismo delito, pero la UFI N° 6 archivó el caso. Tras la apertura de la nueva causa, habló con 0221.com.ar del desamparo y el camino en soledad por parte de las instituciones que deberían acompañarla.

Lloro siempre porque odio la vida que me tocó, odio que estés así tan tranquilo y yo sufriendo. Odio que finjas que está todo bien. Odio que me digas coraaaazóoooon. Me da asco. Me das asco vos por completo. Aunque intente engañarme al hablarte y verte, mi mente no se deja engañar, mi mente recuerda, mi mente sufre día a día porque mi mente no olvida”. Son las líneas finales del largo mensaje que Ornella le escribió por WhatsApp a R.A.P, su padre. No aguantó más y buscó una respuesta a tanto daño. Con toda su historia fue hasta la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) La Plata, donde denunció a su papá policía por abuso sexual.

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Con la causa en pleno trámite en la Fiscalía N° 11 a cargo de Álvaro Garganta, días atrás publicó en su cuenta de Facebook las capturas del texto que a fines de septiembre le envió a su progenitor, junto al video de una llamada por esa misma plataforma en la que el hombre de 53 años -hasta hace poco tiempo se desempeñaba como teniente primero de la Policía Bonaerense- intentó excusarse. Sus posteos se viralizaron y busca que esta vez la Justicia escuche su relato y lo detengan. Porque en 2011 su hermana ya lo había denunciado por el mismo delito, pero la UFI N° 6 de Marcelo Romero archivó el expediente.

Ornella no recuerda con claridad si tenía 8 o 9 años cuando comenzaron los abusos en una casa ubicada en 140 entre 61 y 62 de la esposa de su padre, a quien siempre consideraron como su mamá. Pese a que la relación de pareja estaba rota, él seguía yendo a Los Hornos pero dormía en la habitación que compartía con su hermana. “Todo empezó con manoseos”, contó a 0221.com.ar. Eran muy chicas para entender lo que su papá les estaba haciendo y al principio se sentían confundidas.

La hora de irse a dormir se transformó en el peor momento, sabían que él iba a pasar por su pieza: “Siempre una veía el abuso de la otra. Abusaba primero de la que dormía abajo en la cucheta. Cuando terminaba pasaba a la que estaba abajo, para arriba. Nos cambiaba así abusaba de las dos en la cama inferior. No necesitaba amenazarnos porque él siempre dio la imagen autoritaria en la casa, sabíamos que si hacíamos algo que a él no le parecía bien nos podía pegar. En algunas ocasiones vi que les pegó con un cinto a mis hermanos por portarse mal, así que cuando me dijo que no le cuente a nadie claramente no lo iba a hacer”.

Pero según la joven platense esa casa no fue en el único lugar en el que el uniformado se aprovechó de sus hijas. “A mis 12 y a los 13 de mi hermana, mi mamá nos empieza a mandar con él porque ‘nos portábamos mal’, así que él nos empieza a llevar a sus trabajos. Íbamos con él a Jefatura (de Policía) y ahí también abusaba de nosotras. Íbamos al 911 y ahí lo mismo”, detalló y sostuvo que en una de esas oficinas hasta las hizo mirar videos pornográficos. La violencia sexual era constante y también se extendía a la guardia y en la Maternidad del Policlínico San Martín y en el Hospital de Niños Sor María Ludovica, donde R.A.P hacía horas adicionales.

Tiempo después él se separó definitivamente de su esposa y llevó a las chicas a vivir con otra de sus parejas en Villa Elvira. “Él nunca tuvo un domicilio particular. Iba al trabajo y de ahí a la casa de sus mujeres. A veces íbamos a la casa de una a dormir y al otro día a la casa de otra. Los lugares donde abusó de nosotras fueron muchísimos. Él tiene muchas mujeres y con todas tiene hijos. Tengo tres hermanitas de la misma edad pero de distintas madres, estaban las tres embarazadas al mismo tiempo. En total tiene 16 hijos, de los que yo conozco”, aseguró.

En diciembre de 2010 las chicas conocieron a su madre biológica y la mayor le contó los abusos de los que estaban siendo víctimas. En enero de 2011 la mujer la acompañó a hacer la denuncia y  luego la llevó a Chubut a vivir con ella. Desde ese momento el calvario de Ornella fue mayor. “Empeoró todo para mí porque antes abusaba de las dos a la vez. Pero al irse mi hermana al sur todo recayó en mí. Abusaba de mí cada vez que tenía oportunidad. Y si no tenía oportunidad de abusar de mí, me manoseaba en todo momento cuando nadie lo veía. Es indignante que en el 2011 la Fiscalía N° 6 no haya investigado nada, me habrían ahorrado el peor año de mi vida porque del 2011 al 2012 sufrí los abusos más fuertes por parte de mi padre hasta que logré dejar de vivir con él. Tuve que salir sola porque de parte de la fiscalía nadie me buscó, nadie me hizo una pericia de ningún tipo. Simplemente él declaró que era una emboscada de mi mamá biológica y le creyeron, automáticamente después de su declaración se archiva la causa y le devuelven el trabajo de policía”, enfatizó la joven que ahora tiene 22 años. 

En febrero de 2012 y después de más de seis años finalizó parte de la pesadilla. La ex esposa de su padre le preguntó si quería volver a vivir con ella y no dudó en aceptar. “Ahí terminaron los abusos. Yo a ella no le conté. Ese año me puse de novia y le tuve que contar lo que me había pasado por los ataques que me agarraban en la intimidad. En noviembre de 2012 me peleo con mi mamá y me quiere mandar con mi viejo y ahí es cuando mi novio le dice que no podía mandarme a vivir con mi papá porque él había abusado de mí. Con 15 años me fui a vivir con él para no volver con mi papá”, recordó.

Durante varios años intentó seguir con su vida como si nada de todo eso hubiese pasado, pero empezó a repercutir en las relaciones con sus parejas. Pese a que siguió tratándose con su padre, nunca lo dejó entrar en su casa y un día se hartó. Se cansó de ser quien padecía todo, quien pasaba noches sin dormir, de autolesionarse y de la angustia que le oprimía el pecho, mientras él seguía impune.

“En la semana que yo denuncié había sido una semana muy fuerte para mí porque había tenido un montón de esos ataques. Había estado casi todas las noches acordándome cosas, pensando, tenía su voz en mi cabeza. Y en mi trabajo yo cuidaba a mi tía abuela, ellos saben, hablábamos sobre eso. Fue una semana donde el tema fue un montón para mí. No aguante más, me cansé de tener que pasar por todo eso yo y saber que él está re tranquilo y que nunca hablamos de eso. Me cansé de fingir y de callarme. Un día de madrugada le mandé ese mensaje larguísimo, recordándole algunas de las cosas que me había hecho. Recién al otro día me contestó y quiso verme, le dije que no y luego fue el llamado, después no volvimos a hablar más. Eso fue un sábado y con todo eso fui a hacer la denuncia el lunes siguiente”, sostuvo.

La llamada por WhatsApp que menciona fue grabada por una amiga que justo estaba con ella. “¿Cómo no voy a estar arrepentido de todo lo que fui? Es algo lógico, obvio que me arrepiento de todo lo que fui de basura”, le dijo R.A.P. El policía le puso como excusa que no había tenido la oportunidad de hablar con ella como sí lo había hecho con su hermana y también le contó que durante su infancia “nadie le puso los puntos”.

“De chiquito siempre hice lo que se me calentó las pelotas, nunca aprendí a pedir disculpas, nada. Hoy en día pago las consecuencias porque me encantaría poder estar con ustedes. Sabés cómo me duele no poder estar con ustedes, los nenes, de un lado para el otro. Todo lo voy sufriendo y las voy pagando. A mí nunca me agarra un resfrío, a mí las cosas que van agarrando son acordes a mi vida”, intentó justificarse el hombre. Ella le recordó que también le pasaban cosas todo el tiempo por algo que no eligió que le hicieran y le marcó la infinidad de oportunidades que él tuvo para dejar de abusarla y no lo hizo.

A fines de septiembre fue convencida a la DDI y la revictimizaron. Si bien Ornella contó que una de las agentes que la atendió fue muy comprensiva, otra le hizo preguntas fuera de lugar y la quería responsabilizar por todo lo que había pasado. “Me preguntaba si cuando salíamos de Jefatura no había gente. Yo le dije que sí, que siempre había gente. Y ahí dijo por qué no pedimos ayuda. O me preguntaba por qué no hice antes todo esto, por qué nunca contamos nada, cosas así. Esa mujer me hizo sentir un poco mal, porque yo hice lo que pude. Jamás quise en ese momento que alguien sepa que mi papá me hacía eso. Me daba vergüenza, asco y además me daba miedo que él sepa que conté algo”, afirmó.


El 12 de octubre pasado la fiscalía N° 11 a cargo de Álvaro Garganta abrió una nueva investigación contra el acusado. En dos meses ese expediente ya avanzó más que el anterior: se ordenaron pericias psicológicas para Ornella y su hermana, mientras que aún esperan la fecha para los estudios a su padre.

Las hermanas siguen de cerca el desarrollo de las diligencias pero aún no cuentan con patrocinio jurícico, por lo que buscan quien las pueda ayudar legalmente. También necesitan empezar un tratamiento psicológico, pero aún no lo iniciaron. “No tenemos cómo hacerlo. Pregunté en la fiscalía y en la parte de asistencia a la víctima me dijeron que no hay asistencia psicológica, que tenemos que buscar por nuestra cuenta”. Ornella quiere empezarlo cuanto antes: “Una parte de mí quiere dejar de sufrir y dejar de tener recuerdos, pero la otra parte quiere ayuda y quiere lograr sanar”.

Para la atención de víctimas de abuso sexual, grooming y explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, la línea nacional es 0800-222-1717. Funciona las 24 horas, los 365 días del año en todo el país.

Foto de portada: Revista Sudestada.

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