Desde Benavídez hasta Chascomús hay 143 kilómetros en línea recta y 170 por vialidad en un viaje superior a las dos horas. “No llegábamos más. Parecía que el hospital estaba en otro país. Fueron las peores horas de mi vida”, aseguró Tamara, en diálogo con Infobae. Su novio la llamó, le pasó con su hija y todo volvió a acomodarse. Nahiara está bien: era su primer viaje sola, su primera vez en micro, su primer viaje de egresados.
Cuando el colectivo quedó de costado, estaba durmiendo. Pensó que era un sueño y pidió que la despertaran. Pero no lo era: Nahiara estaba despierta, ayudando a rescatar a sus compañeros. Luego, entró en estado de shock y se desmayó.
Giselle, por su parte, se despidió de su hijo Dylan a las tres y media de la mañana. Lo saludó por la ventanilla y se fue: ella feliz, él extasiado. “No quería dormir, estaba re contento por viajar, me preguntaba ‘mami, ¿me autorizaste para todos los juegos, no?’ Estaba súper entusiasmado. Era la primera vez que viajaba con sus compañeros en un micro de larga distancia”, expresó.
A las 7.20 de la mañana se despertó por las llamadas y los mensajes insistentes. “Fijate el nene”, decía uno. Leyó el grupo de WhatsApp que se había creado especialmente para el viaje, prendió la tele y le invadió la desesperación. Intuitiva, fue directo al Hospital de Chascomús. Las noticias decían que habían muerto dos chicas.

Sólo se tranquilizó cuando él la llamó de un teléfono desconocido. Bendijo que él se acordara de su número de celular: “Le pidió el teléfono a una de las enfermeras y llamó para decirme que estaba bien, que solo tenía golpes y raspones en la cara. Me calmé pero quería verlo”. Cuando se reencontraron, lloraron.
“Me contó que venía despierto, que el micro se empezó a tambalear, que sintió como que pisara un pozo y que ,cuando se tumbó, se agarró de un fierro para quedar colgado. ‘Nunca vi tanta sangre en mi vida’, me dijo. Ayudó a sus compañeros, había muchos nenes colgando en ese momento. Me contó que salió por la ventana del techo y que lo primero que hizo fue insultar al chofer”, relató la mujer.

Federico tampoco pudo dormir preso del entusiasmo. Habían esperando mucho este momento. Las familias de los alumnos de los cuatro cursos de sexto grado de la escuela pública habían ahorrado para alcanzar los 7.500 pesos que costaba el viaje de egresados. Su mamá, Vanesa, se despertó a las seis y media de la mañana por el llamado de otra mamá. Cuando prendió la televisión y vio el micro volcado, temió lo peor.

“Se me vino el mundo abajo”, indicó. A su hijo, el mundo se le dio vuelta: se vio parado sobre el piso y sobre los vidrios de su ventana cuando un compañero se le cayó arriba. Va a quedar en observación en el hospital: tiene cuello ortopédico por un golpe en la cabeza y una micro fractura en el dedo gordo de la mano derecha. Cree que el micro venía en contramano y no recuerda cómo salió, sólo sabe que lo rescataron. De lo único que tiene confirmación es del trauma. Le confesó a su mamá que nunca había visto tanta sangre y que nunca más va a viajar en micro.