"Es un horror lo que ha ocurrido (en el Instituto Próvolo de Mendoza). Conozco bien ese instituto porque tiene una casa aquí en La Plata. Afortunadamente aquí no han ocurrido cosas", dijo el exarzobispo de La Plata, Héctor Aguer, en un diálogo radial con Nelson Castro, después de que la Justicia mendocina condenara por abuso sexual y corrupción de menores a dos curas y un jardinero del lugar.
"Yo creo que la sentencia es justa y le diré más: ahora tendría que venir en mi opinión una sentencia eclesiástica (...). Afortunadamente aquí no han ocurrido cosas", dijo el religioso durante la entrevista emitida por Radio Continental. Cuando el equipo periodístico de Castro le recordó que, en efecto, la Justicia platense viene investigando siete denuncias por abusos sexuales en el Próvolo de La Plata, Aguer reconoció: "No me extrañaría".
"Pero yo no puedo intervenir si no vienen a denunciarlo a la sede episcopal", se apuró a aclarar. "He sido arzobispo hasta junio de 2018 y nunca ha habido en la sede arzobispal una denuncia. Y la fiscal (que investiga la causa local, Cecilia Corfield) jamás se ha comunicado con nosotros. Por otra parte (el Instituto Próvolo) es una institución que no depende del obispo del lugar, por lo cual es una cuestión que debe resolverse en Roma, en todo caso", se atajó.
Sin embargo, y a pesar de que luego la fiscal confirmó que Aguer declaró dos veces en la causa penal, el prelado contó un episodio que vivió con Hugo Corbacho, el cura que recibió la mayor condena en Mendoza, durante su paso por La Plata. "Yo no era arzobispo cuando estuvo (Nicola) Corradi (el otro cura condenado) acá. Sí con Corbacho, durante un breve período, porque Corbacho se ordenó en Mendoza, luego vino acá y luego volvió a Mendoza. Cuando lo trasladaban a Mendoza vino a verme porque no quería ir, quería integrarse al clero de La Plata. De ninguna manera, le dije, vos sos religioso", contó Aguer. Según él, le respondió con la negativa "simplemente por olfato".
Consultado sobre si cree que existe un mecanismo de ocultamiento a los curas violadores y pederastas dentro de la Iglesia Católica, Aguer contestó que de ser así serían "ajenos a la voluntad del obispo, que tiene que cumplir con el protocolo que la Santa Sede ha establecido". Además, advirtió que en el caso de las congregaciones religiosas es más difícil porque "el obispo no tiene jurisdicción directa, sobre todo si son de derecho pontificio", como es el caso del Instituto Próvolo.
Cabe recordar que además de los vejámenes físicos y sexuales que sufrieron las víctimas, todas menores de edad, en el Instituto Próvolo de Mendoza, una de las características más impactantes del caso es que a pesar de ser una institución que se suponía especializada en el tratamiento para personas con sordera o hipoacusia, en la práctica hacían todo lo contrario, impidiendo que los y las niñas y jóvenes pudieran desarrollar el lenguaje de señas y así contar las torturas a las que estaban siendo sometidos.