Cuando el intendente Julio Garro instruyó al coordinador del gabinete Oscar Negrelli para que pida la renuncia a todos los integrantes del equipo de gobierno transitaba varios días de tensiones y tironeos en los que algunos socios de la coalición gobernante en la ciudad intentaron presionar planteando la posibilidad de pegar el portazo mientras otros, que se sumaron en el último tiempo, buscaron hacerse un lugar. El jefe comunal oficia en ese esquema el rol de un equilibrista entre los radicales que no quieren ser maltratados y reclaman una nueva relación interna dentro del armado, y la nueva avanzada de peronistas de heridos del Frente de Todos, que plantean un reposicionamiento dentro del oficialismo platense.
El contexto de la disputa lo aporta el escenario político post 10 de diciembre, cuando se supone que los gobiernos de la Provincia y la Nación ya no serán amables con la gestión en la capital provincial.
El esquema de Cambiemos en La Plata tiene al PRO, espacio al que reporta el propio Garro, como primera fuerza de la coalición, y a la UCR como la principal aliada, responsable de tres Secretarías y otras tantas bancas en el Concejo Deliberante. Varios espacios con distinto origen en la interna peronista conviven como otro factor importante de poder. Y la Coalición Cívica aparece como un aparente socio menor que conservará después del recambio una banca en el Concejo Deliberante y algunos espacios en el Ejecutivo.
La “peronización” que ensayaría Garro para arrancar el segundo mandato tiene preocupados a los radicales, que temen perder casilleros en detrimento de los peronistas recién llegados. Hubo un planteo concreto respecto del nuevo escenario y en la Junta Central de la UCR no descartan pegar un portazo si “hay destrato”.

LA PATA RADICAL
Los radicales ponen en duda que sea una lectura adecuada del Intendente pensar que funcionarios peronistas de Cambiemos tendrán buena llegada con los funcionarios del mismo origen que gobernarán la Provincia y la Nación desde el 10 de diciembre. Más bien aseguran que podrían ser vistos como “traidores” y como tales tratados.
“El futuro gabinete tendrá que tener una muñeca política más intensa y la UCR tiene mucho para aportar en ese sentido”, es el análisis que hacen en despachos rojiblancos.
El malestar empezó cuando se puso en duda la continuidad de Raúl Cadáa en Desarrollo Social, cuando este intentó un desembarco en la Jefatura de Gabinete y cuando se planteó la posible unificación de Salud con el SAME, para que todo quede bajo la órbita del titular del servicio de emergencia Enrique Rifourcat en detrimento de Germán Niedfeld.
Cadáa y Niedfel son dos de los tres secretarios radicales de Garro. El tercero es el de producción Rogelio Blesa. Más allá de la conservación o no de esos tres espacios, el planteo del principal socio es que se modifique la relación y la comunicación interna: piden que empiece a funcionar la mesa política con todos los sectores representados y que se mejore la comunicación entre el Departamento Ejecutivo y el Concejo Deliberante. "Ya no serán años 'cómodos' para gobernar en la ciudad y tenemos que estar juntos", afirman.
Lo que está en juego no es, de todos modos, la continuidad del radicalismo en Cambiemos, sino su relación con el gobierno comunal. Algunos más extremos plantean presentar ya renuncias indeclinables. Consideran que la UCR no puede aparecer diezmada en su representación. Menos aún en un contexto en el que el reclamo al PRO se viene dando a nivel nacional y provincial para que haya una paridad en la relación de fuerza cuando sean oposición. Y en La Plata cuentan con un elemento de presión como la presencia de tres concejales en el bloque que actualmente preside Claudio Frangul y que a partir del 10 de diciembre estará integrado además por Raúl Abraham y Verónica Rivas. La alternativa de romper ese ámbito es otra jugada de último recurso.
LA PATA PERONISTA
El reposicionamiento radical con planteos al Intendente es una reacción a lo que ven es una ofensiva de nuevos sectores peronistas que se suman a los que vienen acompañando la gestión municipal desde el arranque.
Los que están podrían encuadrarse en tres grupos con vínculo relativo entre ellos.
Uno es el del secretario de Espacios Públicos, de quien se dice podría pasar a la Secretaría de Gobierno, Marcelo Leguizamón, quien tiene pasado en el Frente Renovador y actualmente está ligado a distancia con el monzoismo: no se iría de Cambiemos si así lo hubiera hecho el grupo de Emilio Monzó.
Es precisamente el monzoismo “puro” otro de los grupos peronistas ligados al oficialismo con una relación más conflictiva. En La Plata esa alianza está representada por el senador Gabriel Monzó y el diputado Guillermo Bardón y tiene otro nexo con el subsecretario de Espacios Públicos Nicolás Morzone. La cercanía con Garro depende del ritmo que imprima el saliente presidente de la Cámara de Diputados nacional a su propia relación con el macrismo y con la gobernadora María Eugenia Vidal. Hoy por hoy seguirían reportando dentro de los “amarillos” aunque en busca de una identidad propia a nivel bonaerense que compita con la mandataria saliente, la enemiga íntima. Es una incógnita cómo eso repercutirá en La Plata, pero podría resultar un puente.
El otro funcionario con peso propio de origen peronista y antecedentes en distintas gestiones de ese color político, incluso el de tono kirchnerista, es el titular de Obras Públicas Luis Barbier, quien en caso de seguir en ese lugar lo haría sin el área de Planeamiento, que sería desdoblado y elevado a Secretaría.
Los que llegan como consecuencia del proceso electoral que terminó con la reelección podrían agruparse en dos sectores que muy posiblemente tengan presencia en el futuro gabinete. Uno responde al concejal Fabián Lugli, aún único integrante del bloque PJ y congresal provincial de esa fuerza, quien se puso al frente de la campaña en favor del corte de boleta. Está cantado que tendrá un lugar en el Ejecutivo y hay quienes lo ubican en una jerarquizada administración del Presupuesto Participativo.
El otro está ligado al Sindicato de Trabajadores Municipales que lidera Darío Alfano, sector que ya logró la incorporación de la concejala Romina Marasccio. En el entorno de Garro indican que su pretensión es es manejar el área de Control Ciudadano aunque eso demandaría afectar a Roberto Di Grazia, un funcionario de extrema confianza del Intendente.

EL MENSAJE DE GARRO
No hay quien no lea el pedido de renuncias masivas de Garro a su gabinete como un mensaje para ordenar la interna, marcar la cancha y dejar sentada su conducción. El mensaje llegó a cada secretario, subsecretario y director a través de un audio enviado por Negrelli: “A efectos de la organización de la segunda gestión el Intendente les solicita la renuncia. Que cada secretario se la pida a su equipo de trabajo con fecha 9 de diciembre para que disponga libremente”. Fuentes del Ejecutivo indicaron que las renuncias en cuestión empezaron a llegar este lunes. Pero no todas.

El propio jefe comunal explicó su decisión a su íntimos. “Significa liberarme las manos. Primero que pongan a disposición la renuncia porque comienza un segundo mandato. Una vez que ocurre eso, el Intendente elige cuáles son los funcionarios que deben seguir y en qué lugares hace falta renovar aires y en cuales es necesario funcionarios de acurdo a la realidad política económica y social que se vienen en estos cuatro años”, se lo escuchó decir.
“Los cuatro años que se vienen no son los mismos cuatro años que pasaron. No es lo mismo gobernar cuatro años en un esquema político determinado que hacerlo en otro” profundiza al hacer el análisis. Y agrega: “Además hay que sumar gente, gente que jugó, gente que acompañó y que aportó su capacidad y viene a sumarse a los equipos”.