Oriundo de la Cuenca del Plata, el Pomacea Maculata -caracol manzana o Ampularia- es un caracol que llegó a tierras lejanas y allí se convirtió en una temible plaga: Taiwan, Estados Unidos, Rusia y España son algunos de los países que hoy deben lidiar con su erradicación. Todo empezó hace 40 años, cuando fue llevado a Taiwán para ser cultivado como alimento. En apenas una década ya se había diseminado en países como Japón, Indonesia, Tailandia, Laos y Vietnam. Más tarde llegó al sur de los Estados Unidos y hasta en el norte de Rusia, convirtiéndose en una de las plagas más difíciles de controlar en los cultivos de arroz.
Esta especie de anfibio, que tiene pulmón y branquias y suele vivir sumergido en agua durante el día y en el exterior durante la noche, no solo es problemática para estos cultivos sino que posee la capacidad de alterar los ecosistemas donde habita, provocando una grave pérdida de biodiversidad de especies, y además hospeda parásitos que, en humanos, pueden causar meningoencefalitis.
En ese sentido, una iniciativa internacional de la que participaron científicos platenses consiguió secuenciar el genoma de la especie, un logro que "posibilita conocer en detalle los genes que explicarían su éxito como invasora y convertirlos en un blanco de ataque para su control", según explicó a la Agencia CyTA-Leloir uno de los autores del estudio, Horacio Heras, del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de La Plata. Según este trabajo, el caracol tiene poco más de 18.000 genes, entre los cuales aparecen de manera muy marcada los de una familia que cumple una función crítica: le permite la digestión de las fibras de celulosa abundantes en las plantas.
Se trata de un descubrimiento inesperado, ya que "la inmensa mayoría de los animales ni siquiera tienen genes para digerir celulosa", comentó el director del Grupo de Bioquímica Comparada del INIBIOLP. Además, los científicos hallaron en su genoma un número aumentado de copias de dos genes con información para sintetizar una toxina única en los animales. Esta toxina se acumula en grandes cantidades en los huevos -conocidos por su llamativo color rosa- protegiendo a los embriones de los depredadores. "Eso explicaría por qué nadie los come, una característica que potencia su éxito como invasor", destaca Heras, que también es investigador del CONICET y profesor de Química Biológica en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP.
"Estamos generando nueva información para localizar su ‘talón de Aquiles", informó el investigador. Cabe destacar que esta "invasión" se debe a que los caracoles reúnen importantes características de resistencia, que lo hacen por ejemplo sobrevivir por semanas y hasta meses de desecación, baja concentración de oxígeno en el agua y falta de alimentos. Más allá de la branquia que usan para tomar oxígeno del agua, también poseen pulmones a los que llega aire aspirado por un tubo llamado "sifón".