El 22 de mayo de 2015 no fue un día más para María Inés González. En esa jornada preparó un flan para su hija, le puso veneno para ratas y se lo dio a la niña. Cuando las toxinas comenzaron a hacer efecto, tomó una trincheta y cortó el pequeño cuerpo. Uno de las heridas fue la mortal: le seccionó el cuello. El baño de sangre continuó. La acusada, que no recuerda el episodio, se autoflageló con el mismo cutter que mató a su hija, abrió las perillas de la cocina a gas con la idea que el monóxido de carbono termine de completar la secuencia asesina. Pero ello no ocurrió. Su pareja llegó al lugar y le salvó la vida, pero la niña ya estaba muerta.
Esta historia de locura y muerte, digna de ser retratada en un capítulo de la exitosa serie Mujeres Asesinas, es debatida en juicio oral en el fuero Penal de La Plata. La defensa sostiene que la acusada es inimputable. Está detenida no en una cárcel, sino en un hospital neuropsiquiátrico.
En la primera audiencia de debate declaró la psicóloga que asiste a la acusada. En relación a la paciente aseveró que “encontró un punto de estabilización en la maternidad, esta hija era un complemento de su cuerpo” pero cuando vio peligrar la relación ya que el padre reclamaba la tenencia algo la desestructuró e impulsó a matar a la niña.
El caso ocurrió en una vivienda ubicada en las calles 65, entre 136 y 137, de Los Hornos, donde vivía la familia integrada por Carlos Lara, entonces subcomisario administrativo de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (APreViDe), su esposa y la hija de ambos, María Guadalupe Lara. La pareja estaba distanciada y él tenía intenciones de abandonar el hogar y llevarse a la niña con retraso madurativo.

Cuando el policía llegó a su casa, vio manchas de sangre en el suelo, por lo que sospechó que le había ocurrido algo a su mujer o a su hija y se dirigió a la habitación de la niña.
Al entrar, encontró a María Guadalupe muerta en medio de un charco de sangre, y junto a ella, a su esposa, que todavía permanecía semiinconsciente y presentaba varios cortes en el cuello y las muñecas.
Lara llamó al 911 y poco después una ambulancia trasladó a la mujer al hospital Rossi de La Plata, donde le salvaron la vida.

La psicóloga describió a la mujer como “pueril, sencilla, inocente” y graficó que “tiene una relación aniñada con el mundo”.
En este juicio no se discute la autoría del hecho. Lo que está en centro de debate es la salud mental de la acusada para determinar si es imputado o no de homicidio agravado por el vínculo por alevosía y ensañamiento, delito que se paga con perpetua.
La acusación está en manos de la fiscal de Juicio Victoria Huergo. La defensa está en cabeza de la defensora oficial Verónica Garganta y el caso es juzgado por el Tribunal Oral Criminal III de La Plata integrado por Andrés Vitali, Ernesto Domenech y Santiago Paolini.