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El corazón del Encuentro Feminista: cómo se vive un taller por dentro

La primera jornada de los intercambios fue con aulas colmadas, rondas en el medio del pasto mojado y debates autogestionados. Hay más de 97 ejes, donde se comparten saberes y reflexiones que ayudan a problematizar los temas que interpelan al movimiento de mujeres y disidencias sexuales. Relato de una experiencia intensa y profundamente transformadora.

“Hay una cuestión de que todos se meten en la crianza o ‘lo que debe hacerse´ y nadie se fija cómo está la mamá o qué quiere. Que si das o no la teta, que si duerme o no con vos. Hay cosas que no se hablan, no todo es felicidad y pasear el cochecito”. A. habla lo más fuerte que puede en el aula 12 de la Facultad de Trabajo Social de la UNLP, que está completa por el taller de “Mujer y Maternidad”. Una de las coordinadoras va anotando en el pizarrón la lista de oradoras y al fondo resalta una foto: es uno de los tantos retratos de Marta, la mamá de Johana Ramallo, la platense desaparecida y asesinada. De alguna manera guía el debate.

En el debate de esta temática -una de las 97 reconocidas “oficialmente” por la Comisión Organizadora (CO) del #EncuentroFeminista- el eje pasa por la puesta en crisis del concepto tradicional de maternidad y se habla de múltiples maternidades. Desde el parto, la lactancia y el puerperio, las licencias laborales, los cuidados, los tratamientos de fertilidad, la adopción y la subrogación de vientres, se apunta a cuestionar los mandatos, estereotipos e imposiciones naturalizadas en este rol de maternar.

La ronda se forma desde el centro hacia afuera, como una onda expansiva. Sentadas en los bancos, en el piso, apoyadas en las paredes, van tomando la palabra. Hay quienes llevaron a sus hijas o hijos: las vocecitas y los llantos a veces se mezclan en medio de los relatos íntimos. Le dan la teta, hacen dormir, tienen a upa, mientras circula el mate y las historias sobre las diferentes formas de encarar las crianzas. La puerta se abre y cierra permanentemente, la circulación es continua y la humedad -alta después del temporal- es por momentos agobiante.

En los intercambios fluyen todo tipo de experiencias, en muchos casos el “lado B” de la maternidad, aquello de lo que poco se habla. M. tiene una hija y otro hijo. Cuenta que el momento del parto la puso “de la cabeza”. “Desde lo laboral, amistades, la familia. Mi hija fue a neo y estaba esto de: ‘No llores, no nada, dale la teta, dale la teta’. Y era decir pará la moto porque no entiendo nada”, comparte hacia el resto de las encuentreras. Pese a que tiene “la suerte” de contar con un compañero muy presente, sostiene que hay ciertos momentos en los que se siente sola y muy juzgada.

La cuestión del dedito acusador, el deber ser, las opiniones que nadie, son puntos que se repiten en el inicio del taller. Como así también la idea de la crianza en tribu, el tender redes y nutrirse de las experiencias de otras personas que están o pasaron por la misma situación para acompañarse, intercambiar información y compartir vivencias. El sentir de que no se es la única persona que está pasando por eso, sino que son muchas y entre todas se pueden sostener.

B. es de CABA, parió por primera vez a los 21 y su hija ya tiene 15. En el medio la abandonó su compañero y vivió una relación violenta. Confiesa que está buscando otro bebé y se emociona: la abrazan y la aplauden. Las lágrimas se multiplican. M. es platense, lesbiana y está en proceso de fertilización asistida. Ella será la madre gestante: “Hay toda una burocracia detrás de esto, se pone mucha plata aunque exista una ley”.

“Soy mucho peor madre de lo que soñé”, dice L. entre risas. Y plantea la necesidad de buscar estrategias para potenciar el tiempo libre y recuperar la sexualidad con su pareja. “Pensar en cómo renacer, traer la libido de una manera. También hay que poner sobre la mesa el arrepentimiento”, sugiere. No termina de hablar que empiezan a tirarle algunos tips.

Las exposiciones pasan por las violencias, el sentimiento de culpa, pero también por la felicidad, el placer y en cómo se arreglan las rutinas para poder trabajar, militar o estudiar, en los escasísimos lactarios o cómo no se puede dar la teta con tranquilidad en la calle. Y ahí entra en juego el rol del Estado, como el garante de políticas públicas.

C. es abogada y mamá adoptiva. “Tiene que considerarse a la maternidad como un hecho político, plural y diversa, porque las maternidades son diversas. Hay un núcleo duro que las atraviesa, pero no se puede llevar a la igualación a la maternidad tradicional. Hay que pensar la construcción de las familias desde la pluralidad”, expresa.

Otro de los puntos fuertes pasa sobre el cuestionamiento al sistema capitalista y se apunta a cómo los aspectos individuales tienen que pasan a ser colectivos. Cómo romper con las maternidades idealizadas y sostener maternidades más honestas, a hacer lo que se puede.

“Tuve un puerperio difícil”. S. mueve mucho las manos al hablar y confiesa que sufrió psicosis: “Tenía visiones y no me podía quedar sola con mi hija por miedo a matarla”. Los embarazos, los partos, esos primeros días en los que no se sabe para qué lado salir, la dualidad de emociones mientras no se deja de poner el cuerpo. La maternidad que atraviesa la vida profundamente y cómo estos roles de cuidado -muchas veces únicamente ligados al amor y que no tiene en cuenta el trabajo que conllevan- tienen que estar vinculados al deseo, como también la lactancia.

Con historias de maternidades adolescentes, los desafíos de criar con perspectiva de género y la construcción de los vínculos, la primera jornada del taller va llegando a su fin. Este domingo volverán a copar el aula con la premisa de seguir rompiendo mandatos y con una idea clara: no regresarán a sus casas de la misma forma. No están solas.

La primera jornada de los intercambios fue con aulas colmadas, rondas en el medio del pasto mojado y debates autogestionados. Hay más de 97 ejes, donde se comparten saberes y reflexiones que ayudan a problematizar los temas que interpelan al movimiento de mujeres y disidencias sexuales. Relato de una experiencia intensa y profundamente transformadora.

13 de octubre de 2019

“Hay una cuestión de que todos se meten en la crianza o ‘lo que debe hacerse´ y nadie se fija cómo está la mamá o qué quiere. Que si das o no la teta, que si duerme o no con vos. Hay cosas que no se hablan, no todo es felicidad y pasear el cochecito”. A. habla lo más fuerte que puede en el aula 12 de la Facultad de Trabajo Social de la UNLP, que está completa por el taller de “Mujer y Maternidad”. Una de las coordinadoras va anotando en el pizarrón la lista de oradoras y al fondo resalta una foto: es uno de los tantos retratos de Marta, la mamá de Johana Ramallo, la platense desaparecida y asesinada. De alguna manera guía el debate.

En el debate de esta temática -una de las 97 reconocidas “oficialmente” por la Comisión Organizadora (CO) del #EncuentroFeminista- el eje pasa por la puesta en crisis del concepto tradicional de maternidad y se habla de múltiples maternidades. Desde el parto, la lactancia y el puerperio, las licencias laborales, los cuidados, los tratamientos de fertilidad, la adopción y la subrogación de vientres, se apunta a cuestionar los mandatos, estereotipos e imposiciones naturalizadas en este rol de maternar.

La ronda se forma desde el centro hacia afuera, como una onda expansiva. Sentadas en los bancos, en el piso, apoyadas en las paredes, van tomando la palabra. Hay quienes llevaron a sus hijas o hijos: las vocecitas y los llantos a veces se mezclan en medio de los relatos íntimos. Le dan la teta, hacen dormir, tienen a upa, mientras circula el mate y las historias sobre las diferentes formas de encarar las crianzas. La puerta se abre y cierra permanentemente, la circulación es continua y la humedad -alta después del temporal- es por momentos agobiante.

En los intercambios fluyen todo tipo de experiencias, en muchos casos el “lado B” de la maternidad, aquello de lo que poco se habla. M. tiene una hija y otro hijo. Cuenta que el momento del parto la puso “de la cabeza”. “Desde lo laboral, amistades, la familia. Mi hija fue a neo y estaba esto de: ‘No llores, no nada, dale la teta, dale la teta’. Y era decir pará la moto porque no entiendo nada”, comparte hacia el resto de las encuentreras. Pese a que tiene “la suerte” de contar con un compañero muy presente, sostiene que hay ciertos momentos en los que se siente sola y muy juzgada.

La cuestión del dedito acusador, el deber ser, las opiniones que nadie, son puntos que se repiten en el inicio del taller. Como así también la idea de la crianza en tribu, el tender redes y nutrirse de las experiencias de otras personas que están o pasaron por la misma situación para acompañarse, intercambiar información y compartir vivencias. El sentir de que no se es la única persona que está pasando por eso, sino que son muchas y entre todas se pueden sostener.

B. es de CABA, parió por primera vez a los 21 y su hija ya tiene 15. En el medio la abandonó su compañero y vivió una relación violenta. Confiesa que está buscando otro bebé y se emociona: la abrazan y la aplauden. Las lágrimas se multiplican. M. es platense, lesbiana y está en proceso de fertilización asistida. Ella será la madre gestante: “Hay toda una burocracia detrás de esto, se pone mucha plata aunque exista una ley”.

“Soy mucho peor madre de lo que soñé”, dice L. entre risas. Y plantea la necesidad de buscar estrategias para potenciar el tiempo libre y recuperar la sexualidad con su pareja. “Pensar en cómo renacer, traer la libido de una manera. También hay que poner sobre la mesa el arrepentimiento”, sugiere. No termina de hablar que empiezan a tirarle algunos tips.

Las exposiciones pasan por las violencias, el sentimiento de culpa, pero también por la felicidad, el placer y en cómo se arreglan las rutinas para poder trabajar, militar o estudiar, en los escasísimos lactarios o cómo no se puede dar la teta con tranquilidad en la calle. Y ahí entra en juego el rol del Estado, como el garante de políticas públicas.

C. es abogada y mamá adoptiva. “Tiene que considerarse a la maternidad como un hecho político, plural y diversa, porque las maternidades son diversas. Hay un núcleo duro que las atraviesa, pero no se puede llevar a la igualación a la maternidad tradicional. Hay que pensar la construcción de las familias desde la pluralidad”, expresa.

Otro de los puntos fuertes pasa sobre el cuestionamiento al sistema capitalista y se apunta a cómo los aspectos individuales tienen que pasan a ser colectivos. Cómo romper con las maternidades idealizadas y sostener maternidades más honestas, a hacer lo que se puede.

“Tuve un puerperio difícil”. S. mueve mucho las manos al hablar y confiesa que sufrió psicosis: “Tenía visiones y no me podía quedar sola con mi hija por miedo a matarla”. Los embarazos, los partos, esos primeros días en los que no se sabe para qué lado salir, la dualidad de emociones mientras no se deja de poner el cuerpo. La maternidad que atraviesa la vida profundamente y cómo estos roles de cuidado -muchas veces únicamente ligados al amor y que no tiene en cuenta el trabajo que conllevan- tienen que estar vinculados al deseo, como también la lactancia.

Con historias de maternidades adolescentes, los desafíos de criar con perspectiva de género y la construcción de los vínculos, la primera jornada del taller va llegando a su fin. Este domingo volverán a copar el aula con la premisa de seguir rompiendo mandatos y con una idea clara: no regresarán a sus casas de la misma forma. No están solas.

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La primera jornada de los intercambios fue con aulas colmadas, rondas en el medio del pasto mojado y debates autogestionados. Hay más de 97 ejes, donde se comparten saberes y reflexiones que ayudan a problematizar los temas que interpelan al movimiento de mujeres y disidencias sexuales. Relato de una experiencia intensa y profundamente transformadora.