Por Florencia Tróccoli y Mariana Sidoti
Por Florencia Tróccoli y Mariana Sidoti
El #EncuentroFeminista está a la vuelta de la esquina. Pero la elección de La Plata como sede para la 34° edición de la cumbre plurinacional de mujeres y disidencias se dio hace un año en Trelew. Entre quienes propusieron a la capital bonaerense como sede se encontraban las trabajadoras del Astillero Río Santiago, quienes vivieron un momento de gran euforia y emoción.

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Paula Gómez fue una de las que viajó al Encuentro que se hizo en Chubut junto a otras 15 compañeras de la planta naval. Luego de un año marcado por la lucha de las y los empleados de la fábrica de Ensenada -y una salvaje represión en el microcentro platense-, decidieron organizarse para participar del pogo feminista patagónico.
“Armamos un folleto para entregar a la gente para que sepa qué se hacía en el Astillero, que también trabajamos mujeres. Además, tuvimos reuniones previas por las actividades que íbamos a hacer allá”, contó la joven de 31 años que hace más de una década trabaja en el ARS. Está en la usina, donde se aboca al mantenimiento eléctrico.
En el Astillero Río Santiago son más de 400 las trabajadoras en un plantel de más de 3300. En plena crisis económica -que ajusta con más fuerza a las mujeres y disidencias sexuales- y conflicto en la empresa, se organizaron para el Encuentro de Trelew. No fue fácil: en la compañía les propusieron usar el “Día femenino” para que pudieran quedarse hasta el cierre del evento en el sur. “En otros años nos daban los días. Estos últimos se complicó también para viajar al Encuentro en medio de la intervención, que nos fue quitando todos los espacios”, dice Paula.
Y agregó: “Fui a varios Encuentros, pero nunca sentí que podía ir como trabajadora del Astillero. Antes me presentaba como ATE Ensenada, porque viajaba con el gremio. Como que construimos una identidad que tomó mucho valor”.
Una vez en la Patagonia, las reconocieron ni bien desplegaron sus banderas. Para Paula eso fue a partir de la exposición que tuvieron sus problemáticas en los medios de comunicación. “Había compañeras que sabían del Astillero, tal vez no especificar qué, cómo se maneja la empresa, lo que pasa, pero sabían la historia de lucha, los últimos dueños, entonces cuando veían las banderas nos gritaban ‘Vamos el Astillero’. También había algunas que no tenían ni idea, entonces aprovechábamos ese momento para informar y hacernos conocer un poco más”, siguió con el relato.
En las plazas o talleres se cruzaron con trabajadoras de otras empresas, con quienes compartieron las realidades de sus lugares laborales. Y confirmaron que en muchos casos las experiencias se repetían. Fue el domingo antes de la marcha que una de sus compañeras les contó que estaba el rumor de que las iban a dejar subir al escenario durante el acto de cierre.
“Para nosotras era como imposible, nos parecía irreal que podamos subir a proponer como sede a La Plata”, recordó. Lo que arrancó como un murmullo se terminó confirmando: un grupo de las trabajadoras subió, propuso a la capital bonaerense y ganaron la ovación, desplazando a la alternativa porteña.
Como viajó en micro, Paula tuvo que volverse antes, pero fue siguiendo el minuto a minuto de ese momento histórico. “Íbamos viendo las fotos de nuestras compañeras y no lo podíamos creer, estábamos muy eufóricas. Pudieron tomar la palabra, nos sentimos muy bien representadas. Ver que era una realidad fue muy fuerte, shockeante. Nos pasó de haber participado en un taller, que cuando dijimos que éramos de ARS nos aplaudieron todas. Y a ellas en el escenario, ante un grupo masivo, que aplaudiendo y apoyando nuestra lucha”, detalló.
A su vez, iban compartiendo todo el material en el grupo de WhatsApp con las compañeras que no habían podido viajar: “Sus caras eran impresionantes, no lo creían, pero eso estaba pasando, era real. Se vivió con mucha intensidad y emoción. La alegría de decir trajimos el Encuentro acá”.
Cuando regresaron algo había cambiado. Desde el apoyo de sus compañeros -que empezaron a darles otro lugar y a interesarse sobre el Encuentro- hasta comenzar a organizar un movimiento feminista en la fábrica. “Estábamos muy invisibles las trabajadoras. Nos pasó el año pasado con todas las luchas, de movilizar, cruzar gente y que nos digan que no sabían que había mujeres en el Astillero. Tomó más fuerza desde ese lugar. Volvimos y armamos un movimiento feminista. Es tomar conciencia de cuáles son nuestros derechos, saber qué tenemos, por qué lo tenemos y también defenderlos. Eso tampoco se hubiera dado en otro momento. Fue un Encuentro muy revelador para todas, fue decir: ‘Bueno, tomemos esto para hacer algo’”, destacó.
A su vez, este año tuvieron la oportunidad de ser parte de una de las listas en las elecciones gremiales. Si bien no ganaron, tuvieron una gran aceptación. “Aprendimos un montón, antes la veíamos de afuera y ahora no. Queda un montón de camino por delante. Seguir haciendo crecer el movimiento, sumando compañeras, que en su lugar de trabajo la pasan mal, la privan de cosas. Es ir rompiendo con eso y apoyarnos entre todas”, subrayó.
La capital de la provincia de Buenos Aires se revolucionará con el arribo de 200 mil personas y las trabajadoras del Astillero se preparan para vivirlo a pleno, casi como anfitrionas. “Estamos como más informadas como para poder acompañar a las compañeras, aprovecharlo para estar juntas, con actividades más programadas. En otros años se programaba en el momento y salía”, reconoció. Y volverán a tener un papel central: algunas de ellas se subirán de nuevo al escenario -esta vez en La Plata- y marcarán la apertura del 34° Encuentro.