Un ensenadense nadó diez horas y cumplió su sueño de cruzar el Río de La Plata
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Un ensenadense nadó diez horas y cumplió su sueño de cruzar el Río de La Plata

El joven nadador venció las condiciones que impuso el clima y logró cruzar los 42 kilómetros que separan Colonia de Punta Lara. Su marca final fue de 10 horas con 34 minutos y, de esta forma, se convirtió en el primer ensenadense en superar esta difícil prueba física y mental. Desde muy temprano, sus familiares y amigos coparon la orilla para recibir a su héroe con los brazos abiertos.

El 8 de enero será un día inolvidable para la vida de Juan Cruz Burgos. Es que con tan solo 23 años, el oriundo de Ensenada cumplió con el desafío que se propuso hace un año y cruzó el Río de La Plata nadando. Luego de un comienzo complicado por las condiciones climáticas, el joven logró una marca de 10 horas y 34 minutos para desatar la alegría de sus familiares y amigos que lo esperaron con los brazos abiertos en la playa El Mirador de Punta Lara. "Estoy muy orgulloso, sabía que iban a estar acá porque siempre me bancaron", afirmó a 0221.com.ar el joven atleta, quien todavía estaba agitado por el cansancio y la emoción de haber cumplido con su meta.


La jornada comenzó desde muy temprano en Colonia, Uruguay. A las 5 de la mañana, Juan y todo su equipo se acercaron al Río de La Plata para afinar los últimos detalles y empezar a recorrer los 42 kilómetros que lo separaban con el otro lado de la orilla. Las condiciones climáticas no fueron las pronosticadas y esto modificó la planificación de su entrenador, Ariel Iotov.

"Viendo las cosas desde el lado del nadador estaba muy tranquilo. No así el tema del clima porque tuvimos que buscar un día entre el 5 de enero y el 12", explicó Iotov a 0221.com.ar. En esa línea, detalló que "el momento de la salida no se dio como lo habíamos pronosticado y Juan Cruz hizo un esfuerzo más de lo esperado".

Juan no estuvo solo durante las diez horas. Durante todo el trayecto estuvo acompañado por un gomón y un velero en el cual navegaban su padre Martín Burgos, un nutricionista, médicos, seguridad y un fiscal para que el nadador cumpla con el reglamento para no ser descalificado. Por ejemplo, el nadador no podía tocar ninguno de los botes y debía recibir la alimentación mediante un palo.  Este no es un dato no menor, sobre todo teniendo en cuenta la planificación que había realizado su equipo para recibir comida cada 20 minutos, tenga o no tengas ganas. “No queríamos que se vaciará en ningún momento”, justificó Iotov.

Durante las diez horas que duró la travesía, Juan comió jamón y queso con aceitunas, geles y bebidas energéticas, bolitas de chocolates con proteínas y suplementación. Un plan que fue cumplido con creces y que le permitió cargar energías para cumplir con el desafío.

Mientras tanto, en la playa La Pergola de Punta Lara, los familiares y amigos del joven ubicaban sus sillas y reposas para observar el río con sus binoculares. En medio de un clima de nervios y alegría por cómo se iba desarrollando la jornada, el padre de Juan, Martín, hablaba mediante una radio con sus compañeros guardavidas para dar los datos precisos del tramo en el que se encontraban y cuánto faltaba para llegar.

Pasadas las 15, un llamado puso en alerta a todos los presentes. “¡Al Mirador!, “¡Al Mirador del diagonal, va a salir por allá”, gritó la esposa de Ariel Iotov. La crecida de la corriente había modificado levemente la ruta pero no fue un impedimento para que el ensenadense continuara nadando. En un abrir y cerrar de ojos, la Avenida Almirante Brown se llenó de autos que se dirigían a la rotonda donde termina el diagonal 74 y buscar un lugar para estacionar. Faltaba cada vez menos para el tramo final, el gomón y el velero ya se podían divisar desde la costa.

Para ese momento, su madre, Soledad Lasserre, era un manojo de nervios y no paraba de recibir las felicitaciones de propios y extraños. “La verdad que estoy muy feliz, hizo un gran esfuerzo físico y económico. Desde nutricionistas y todo el equipo que trabajó a su lado”, señaló a 0221.com.ar y agregó que “su abuela Susana le hacía todas las comidas para que no le falta nada, se portó de diez”.

Los botes estaban cada vez más cerca y todas las personas presentes dejaron de lado sus pertenencias para entrar al agua y esperar a su héroe con los brazos abiertos. Con banderas, véngalas de humo rojo, cohetes y aplausos, Juan Cruz dejó de brasear luego de 10 horas y 34 minutos para saludar a su público. Visiblemente emocionado por el momento, el ensenadense se fundió en un abrazo eterno con padre, su entrenador y su madre.

“Hace 2 años falleció mi abuelo y siempre quiso que lo haga. Fue algo que quedó pendiente lo del cruce, yo creo que quedó muy contento con el cruce”, comentó a este medio luego de salir de las aguas del Río de La Plata. Además, adelantó que va a probar suerte en un clasificatorio para ver si puede entrar a la Copa del Mundo del próximo año.

Por su parte, su entrenador estaba feliz por haber saldado una deuda con su pasado como nadador. El año 2003, Ariel Iotov intentó realizar el cruce pero una hipotermia le impidió finalizarlo. “Cuando Juan me lo propuso hace un año la verdad que me costó decirle que sí porque sabía a lo que se enfrentaba”, declaró mientras su alumno recibía abrazos de todos sus compañeros de natación.

Según los especialistas, este tipo de desafíos es tanto mental como físico. “Una vez, hablando con un gran nadador de aguas abiertas, me dijo que cuando arrancas es un 10% mental y 90 % tu cuerpo. Cuando vas por la mitad un 50% y 50 y a lo último es solo tu cabeza”.Yo te puedo asegurar que los últimos 4 mil metros, Juan los nadó con el corazón que con el físico”, explicó emocionado por el objetivo cumplido.

Aunque no pudo superar el récord que ostenta Damián Blaum, un especialista en la disciplina, Juan Cruz Burgos se convirtió en el primer ensenadense en superar esta difícil prueba. Para alegría de todos, el joven logró sortear los obstáculos que le impuso el clima y terminó el cruce con una perfomance envidiable. “El Canal de Mitre lo pasamos y no me di cuenta, lo que más me costó fueron las primeras cuatro horas. Sufrí un poquito”, cerró entre risas el joven.

El joven nadador venció las condiciones que impuso el clima y logró cruzar los 42 kilómetros que separan Colonia de Punta Lara. Su marca final fue de 10 horas con 34 minutos y, de esta forma, se convirtió en el primer ensenadense en superar esta difícil prueba física y mental. Desde muy temprano, sus familiares y amigos coparon la orilla para recibir a su héroe con los brazos abiertos.

08 de enero de 2019

El 8 de enero será un día inolvidable para la vida de Juan Cruz Burgos. Es que con tan solo 23 años, el oriundo de Ensenada cumplió con el desafío que se propuso hace un año y cruzó el Río de La Plata nadando. Luego de un comienzo complicado por las condiciones climáticas, el joven logró una marca de 10 horas y 34 minutos para desatar la alegría de sus familiares y amigos que lo esperaron con los brazos abiertos en la playa El Mirador de Punta Lara. "Estoy muy orgulloso, sabía que iban a estar acá porque siempre me bancaron", afirmó a 0221.com.ar el joven atleta, quien todavía estaba agitado por el cansancio y la emoción de haber cumplido con su meta.


La jornada comenzó desde muy temprano en Colonia, Uruguay. A las 5 de la mañana, Juan y todo su equipo se acercaron al Río de La Plata para afinar los últimos detalles y empezar a recorrer los 42 kilómetros que lo separaban con el otro lado de la orilla. Las condiciones climáticas no fueron las pronosticadas y esto modificó la planificación de su entrenador, Ariel Iotov.

"Viendo las cosas desde el lado del nadador estaba muy tranquilo. No así el tema del clima porque tuvimos que buscar un día entre el 5 de enero y el 12", explicó Iotov a 0221.com.ar. En esa línea, detalló que "el momento de la salida no se dio como lo habíamos pronosticado y Juan Cruz hizo un esfuerzo más de lo esperado".

Juan no estuvo solo durante las diez horas. Durante todo el trayecto estuvo acompañado por un gomón y un velero en el cual navegaban su padre Martín Burgos, un nutricionista, médicos, seguridad y un fiscal para que el nadador cumpla con el reglamento para no ser descalificado. Por ejemplo, el nadador no podía tocar ninguno de los botes y debía recibir la alimentación mediante un palo.  Este no es un dato no menor, sobre todo teniendo en cuenta la planificación que había realizado su equipo para recibir comida cada 20 minutos, tenga o no tengas ganas. “No queríamos que se vaciará en ningún momento”, justificó Iotov.

Durante las diez horas que duró la travesía, Juan comió jamón y queso con aceitunas, geles y bebidas energéticas, bolitas de chocolates con proteínas y suplementación. Un plan que fue cumplido con creces y que le permitió cargar energías para cumplir con el desafío.

Mientras tanto, en la playa La Pergola de Punta Lara, los familiares y amigos del joven ubicaban sus sillas y reposas para observar el río con sus binoculares. En medio de un clima de nervios y alegría por cómo se iba desarrollando la jornada, el padre de Juan, Martín, hablaba mediante una radio con sus compañeros guardavidas para dar los datos precisos del tramo en el que se encontraban y cuánto faltaba para llegar.

Pasadas las 15, un llamado puso en alerta a todos los presentes. “¡Al Mirador!, “¡Al Mirador del diagonal, va a salir por allá”, gritó la esposa de Ariel Iotov. La crecida de la corriente había modificado levemente la ruta pero no fue un impedimento para que el ensenadense continuara nadando. En un abrir y cerrar de ojos, la Avenida Almirante Brown se llenó de autos que se dirigían a la rotonda donde termina el diagonal 74 y buscar un lugar para estacionar. Faltaba cada vez menos para el tramo final, el gomón y el velero ya se podían divisar desde la costa.

Para ese momento, su madre, Soledad Lasserre, era un manojo de nervios y no paraba de recibir las felicitaciones de propios y extraños. “La verdad que estoy muy feliz, hizo un gran esfuerzo físico y económico. Desde nutricionistas y todo el equipo que trabajó a su lado”, señaló a 0221.com.ar y agregó que “su abuela Susana le hacía todas las comidas para que no le falta nada, se portó de diez”.

Los botes estaban cada vez más cerca y todas las personas presentes dejaron de lado sus pertenencias para entrar al agua y esperar a su héroe con los brazos abiertos. Con banderas, véngalas de humo rojo, cohetes y aplausos, Juan Cruz dejó de brasear luego de 10 horas y 34 minutos para saludar a su público. Visiblemente emocionado por el momento, el ensenadense se fundió en un abrazo eterno con padre, su entrenador y su madre.

“Hace 2 años falleció mi abuelo y siempre quiso que lo haga. Fue algo que quedó pendiente lo del cruce, yo creo que quedó muy contento con el cruce”, comentó a este medio luego de salir de las aguas del Río de La Plata. Además, adelantó que va a probar suerte en un clasificatorio para ver si puede entrar a la Copa del Mundo del próximo año.

Por su parte, su entrenador estaba feliz por haber saldado una deuda con su pasado como nadador. El año 2003, Ariel Iotov intentó realizar el cruce pero una hipotermia le impidió finalizarlo. “Cuando Juan me lo propuso hace un año la verdad que me costó decirle que sí porque sabía a lo que se enfrentaba”, declaró mientras su alumno recibía abrazos de todos sus compañeros de natación.

Según los especialistas, este tipo de desafíos es tanto mental como físico. “Una vez, hablando con un gran nadador de aguas abiertas, me dijo que cuando arrancas es un 10% mental y 90 % tu cuerpo. Cuando vas por la mitad un 50% y 50 y a lo último es solo tu cabeza”.Yo te puedo asegurar que los últimos 4 mil metros, Juan los nadó con el corazón que con el físico”, explicó emocionado por el objetivo cumplido.

Aunque no pudo superar el récord que ostenta Damián Blaum, un especialista en la disciplina, Juan Cruz Burgos se convirtió en el primer ensenadense en superar esta difícil prueba. Para alegría de todos, el joven logró sortear los obstáculos que le impuso el clima y terminó el cruce con una perfomance envidiable. “El Canal de Mitre lo pasamos y no me di cuenta, lo que más me costó fueron las primeras cuatro horas. Sufrí un poquito”, cerró entre risas el joven.

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