El paradero de Gisella Solís Calle sigue siendo un misterio. Su pareja, Abel Casimiro Ocampo, tal vez la única persona que conociera a ciencia cierta dónde y cómo se encontraba y quien mantenía una doble vida saliendo con ella, decidió quitarse la vida en el Hotel Catedral, justo antes de ser detenido por la Policía que todavía lo considera el principal sospechoso de su desaparición. Mientras tanto, los operativos y rastrillajes se suceden unos tras otros con un mismo resultado: no hay rastros ni pistas firmes que seguir para dar con la mujer que ya lleva diez días desaparecida.
La búsqueda parece estar muy lejos de acercarse a buen puerto y los operativos desplegados en la ciudad -que incluyen perros, agentes de la Policía Montada y hasta drones- son una clara muestra de ello. En menos de una semana, los investigadores desplegaron enormes grupos de efectivos en tres puntos de La Plata, todos completamente alejados entre sí y sin siquiera contar con pistas claras.
El primero de los rastrillajes se llevó a cabo el pasado martes a lo largo de la cuenca del arroyo Rodríguez, desde su cruce con la Autopista La Plata-Buenos Aires y su desembocadura. Por tierra y agua, buzos, agentes a pie y a caballo recorrieron una vasta extensión en la zona de Villa Castells, buscando indicios que pudieran llevarlos hasta la mujer.
Cerca de las 10.30, una partida de casi 200 policías bonaerenses se hizo presente en la bajada de la Autopista de Villa Elisa, en el kilómetro 46 con sentido a Capital Federal, para realizar rastrillajes en busca de la odontóloga de 47 años que desapareció el miércoles 16, después de tener una fuerte discusión con su novio. Los resultados fueron negativos y la búsqueda siguió su rumbo.
En los días posteriores, las líneas de investigación se fueron diversificando y los pesquisas pusieron toda su atención en determinar el recorrido realizado por Ocampo, el único sospechoso en la causa; quien habría sido el último en ver con vida a Gisella y haber tenido una acalorada discusión con ella la madrugada del día en que desapareció. Los agentes comenzaron a reconstruir sus últimos pasos y una nueva pista los llevó hasta la ruta 6.
Desde el norte de La Plata, los agentes llegaron preparados para realizar otro imponente operativo junto a la autovía y camino a la localidad de Guernica. Otra vez, se convocó a oficiales del Escuadrón Canino y la Policía Montada, se desplegaron drones y un imponente grupo de policías rastrilló a pie más de 12 kilómetros en busca de Gisella.
Los agentes seguían los pasos que, se presume, hizo Ocampo durante sus últimos días de vida. Es que según se pudo reconstruir a partir del testimonio de su propia esposa, el hombre pasó el último fin de semana con su familia en la localidad de Lobería y podría haber regresado a la ciudad por esa vía.
A pesar de los trabajos, una vez más, el resultado fue negativo. Sin embargo, los efectivos no regresaron a La Plata con las manos vacías: en el lugar fueron hallados retazos de tela y fundas nuevas de un auto, material que todavía se encuentra siendo examinado en busca de pistas que puedan arrojar luz sobre la investigación.
Finalmente, durante la tarde de este jueves, los investigadores mudaron el rastrillaje -perros, caballos, drones y hasta las cámaras de televisión incluidas- a un apartado paraje sobre la ruta 11, que conecta la ciudad con Magdalena y la costa atlántica bonaerense. Hasta allí llegó el mismo grupo de efectivos que horas antes había recorrido trabajosamente la vera de la ruta 6, esta vez para rastrillar varios kilómetros de campo en los márgenes del arroyo El Pescado.
Esta vez, los investigadores corrían detrás de un llamado al 911: una mujer aseguraba haber visto estacionada en la banquina de la ruta una camioneta similar a la del acusado, una llamativa Nissan Xterra de color amarillo. Tras varias horas de arduo trabajo y varias falsas alarmas, el resultado, irrevocablemente, volvió a ser el mismo: negativo.
Sin pistas firmes, los días pasan sin detenerse. La investigación parece estar lejos de encontrar su cauce, falta una gran cantidad de piezas del rompecabezas y lejos de haber encontrado su cauce, la pesquisa se halla empantanada y se lleva a cabo a tientas, casi como esperando que un golpe de suerte arroje un poco de luz al final del túnel.