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Una joya platense abandonada a su suerte: ¿por qué no se reactiva el Teatro del Lago?

Su imponente estructura se alza en medio de una isla en el Paseo del Bosque. Abandonado desde 2012, exhibe una larga y prolífica historia artística, que se vio marcada por una trágica muerte.

Un frente tapiado con chapas y dos precarios accesos envueltos en alambre de púas. Así recibe el Teatro Martín Fierro -mejor conocido como Teatro del Lago- a los platenses que caminan ese tramo escondido del Paseo del Bosque. Una estatua de Carlos Gardel apostada en la entrada completa la escena: la sonrisa del tanguero recuerda que alguna vez, en esa imponente estructura neoclásica, hubo arte y artistas y un público dispuesto a escuchar.

De 2012 a la fecha, no hubo bailarinas ni actores que gasten el escenario del Teatro del Lago. La estructura que depende del ministerio de Cultura –ahora llamado de Gestión Cultural- está desvencijada y vacía desde entonces: uno de sus últimos espectáculos fue “Sanos y Salvos”, un show que mezcló acrobacias, teatro, danza y música en vivo y cuya entrada valía apenas 30 pesos. El Teatro supo tener protagonismo en el Festival Internacional de Folclore de la Provincia de Buenos Aires (FIFBA), organizado por el exgobernador Daniel Scioli. Pero en la edición de 2013, el viejo anfiteatro ya estaba excluido del  programa y sus instalaciones, inhabitables.

Su historia se remonta a 1902, cuando el italiano Nicolás Cúccolo le pidió al gobierno de la provincia la concesión de la isla del Paseo del Bosque. Su objetivo era ofrecer espectáculos al aire libre y para eso montó una galería y butacas en una estructura apta para no más de 100 espectadores. En 1911 y 1914, la administración bonaerense le inyectó 150 mil pesos primero y 98 mil después, para terminar lo que denominan oficialmente como "Teatro del Lago de la ciudad de La Plata".

 


Cúccolo supervisó ambas obras; en 1914 inauguró un anexo -una sala cinematográfica con capacidad para 500 personas donde se proyectó, entre otras, Nobleza Gaucha, la primera producción nacional- y cuatro años más tarde vendió su concesión a la sociedad Santiago Dezza. Sería el fin de un ciclo que lejos estaba de cerrarse, sino de florecer en su máximo esplendor.

En la década de 1940, con un peronismo en auge y el primer gobierno de Domingo Alfredo Mercante en la Provincia, el teatro se demolió totalmente para dar paso a uno nuevo. Su diseño neoclásico, las gradas conteniendo al público y la simetría entre la entrada y el escenario constituyen una muestra del estilo arquitectónico de la época. La reinauguración fue el 18 de noviembre de 1949, a 67 años de la fundación de La Plata, y contó con la presencia del entonces presidente, Juan Domingo Perón, y su mujer, Eva Duarte. Muchos de los obreros que trabajaron en el Teatro fueron también protagonistas de otra importante obra platense: la República de los Niños, que se inauguró en 1951.

Una vez terminado, el Teatro del Lago pasó a tener capacidad para 2.600 espectadores. La reconstrucción incluyó camerinos individuales para más de 200 artistas, baños con duchas y una casa para el encargado del teatro. Hoy, la entrada a esos mundos está protegida con rejas de hierro y sellada con ladrillos de adobe. Y en el foso de orquesta, decenas de grafittis que ilustran como nunca la dejadez del lugar.

HISTORIA DEL ABANDONO

Carlos Gardel en dúo con José RazzanoLeón Gieco y la murga Falta y Resto, son algunos de los artistas que pasaron por el escenario del teatro. Pero hoy la realidad es muy distinta. El escenario exhibe rejas metálicas y las puertas y ventanas están tapiadas de forma rudimentaria y no tanto: rejas, alambres de púa y ladrillos de adobe apilados muestran la intención de los gobiernos de “invertir” ciertos recursos en la prevención del vandalismo, que igual está a la vista con pintadas del estilo “Muerte a la Gorra” o “Lucho y Quimey”. De vez en cuando, algún que otro adolescente consigue colarse y grafitear algo más.

0221.com.ar ingresa al predio en pleno ensayo de la orquesta sinfónica de la Policía Bonaerense. Es extraño, pero se trata de la única actividad permitida en el lugar. En un recorrido breve, la cronista de este medio puede identificar dos cosas: la primera es que no hay nadie que vigile el lugar. La segunda, son las imponentes vistas que se pierden los platenses al tener no solo el Teatro sino la isla en general vedada.

“Es sospechosa la inacción de la Municipalidad. Pareciera que lo que les interesa es asfaltar para poder entrar y salir rápido del country, pero el Teatro del Lago está último en las prioridades”, aduce Eduardo Karakachoff, titular de la ONG conservacionista Defendamos La Plata. Él es uno de los tantos vecinos que desde hace años pide por la reconstrucción, una promesa inconclusa que comenzó en el gobierno de Scioli y se trasladó al de María Eugenia Vidal.

En el medio hubo un trágico episodio que se remonta al 2014, cuando el obrero Julio César Carballo se hallaba realizando arreglos en el Teatro subido a un andamio y murió al caérsele en la cabeza un pedazo de mampostería. El hombre era policía jubilado y cooperativista de la Municipalidad; la causa recayó en una fiscalía de delitos culposos y fue caratulada como muerte en accidente. Por si no alcanzaba con los dos años de abandono, la muerte de Carballo fue un hecho que despojó totalmente al Estado, en todos sus estratos, del lugar.

En marzo de 2016 con un Cambiemos recién asumido, el ministro de Gestión Cultural Alejandro “Conejo” Gómez reconoció que el anfiteatro “está cerrado hace cinco años y muy poco usado desde hace diez”. En una conferencia conjunta con la gobernadora y el intendente Julio Garro, anunció que entre 2016 y 2017 habría “100 millones para ponerlo en funcionamiento” en un plazo de 17 meses.

La promesa quedó trunca: la Provincia llamó a licitación por una obra de 168 millones pero, según pudo saber 0221.com.ar, las ofertas que hicieron las empresas no conformaron, por onerosas, a la administración provincial. Este medio intentó en tres ocasiones comunicarse con el ministerio de Cultura para acceder a alguna declaración, pero no hubo respuesta.

Desde la Municipalidad, en tanto, aducen que tienen “poco para hacer”, aunque advierten que la gestión de Garro “tiene un gran interés en el tema”. Según pudo saber este medio, en el Palacio de calle 12 reflotó la idea de municipalizar el Teatro, aunque para eso debería aprobarse una ley en la Legislatura bonaerense.

“Los procesos administrativos alargaron los plazos para encarar una restauración del lugar. Queremos tratar de generar convenios de trabajo en conjunto para ponerlo en valor y después pasarlo a la ciudad, pero por ahora nosotros solos no tenemos el dinero para encarar la obra de refacción”, alude el secretario de Cultura y Educación local, Gustavo “Colo” Silva.

Según el funcionario, la última “gran restauración” del Teatro se hizo durante el gobierno de Julio Alak, entre el 2000 y el 2004. “Después de eso entró en un derrotero porque nadie ha entendido cómo tiene que funcionar, y su uso fue poco, raro, malo. Hay que replantearlo. El Teatro tiene muchísimas funcionalidades y podría convertirse en un centro cultural”, deslizó.

Desde Defendamos La Plata, Karakachoff insiste en la necesidad de “levantar” el teatro de la desidia con políticas públicas: “Daría trabajo, un movimiento cuidado en el Bosque y también turismo”, asegura. Pero no son más que deseos: en plena crisis económica y política, restaurar un teatro no parece ser prioridad. Tampoco lo fue en años anteriores, a pesar de las marchas vecinales, los pedidos de informe en el Concejo Deliberante y las intervenciones artísticas. Pareciera que el destino del viejo Teatro es envejecer en soledad, lejos del brillo y la gloria que lo vieron nacer.

Su imponente estructura se alza en medio de una isla en el Paseo del Bosque. Abandonado desde 2012, exhibe una larga y prolífica historia artística, que se vio marcada por una trágica muerte.

09 de septiembre de 2018

Un frente tapiado con chapas y dos precarios accesos envueltos en alambre de púas. Así recibe el Teatro Martín Fierro -mejor conocido como Teatro del Lago- a los platenses que caminan ese tramo escondido del Paseo del Bosque. Una estatua de Carlos Gardel apostada en la entrada completa la escena: la sonrisa del tanguero recuerda que alguna vez, en esa imponente estructura neoclásica, hubo arte y artistas y un público dispuesto a escuchar.

De 2012 a la fecha, no hubo bailarinas ni actores que gasten el escenario del Teatro del Lago. La estructura que depende del ministerio de Cultura –ahora llamado de Gestión Cultural- está desvencijada y vacía desde entonces: uno de sus últimos espectáculos fue “Sanos y Salvos”, un show que mezcló acrobacias, teatro, danza y música en vivo y cuya entrada valía apenas 30 pesos. El Teatro supo tener protagonismo en el Festival Internacional de Folclore de la Provincia de Buenos Aires (FIFBA), organizado por el exgobernador Daniel Scioli. Pero en la edición de 2013, el viejo anfiteatro ya estaba excluido del  programa y sus instalaciones, inhabitables.

Su historia se remonta a 1902, cuando el italiano Nicolás Cúccolo le pidió al gobierno de la provincia la concesión de la isla del Paseo del Bosque. Su objetivo era ofrecer espectáculos al aire libre y para eso montó una galería y butacas en una estructura apta para no más de 100 espectadores. En 1911 y 1914, la administración bonaerense le inyectó 150 mil pesos primero y 98 mil después, para terminar lo que denominan oficialmente como "Teatro del Lago de la ciudad de La Plata".

 


Cúccolo supervisó ambas obras; en 1914 inauguró un anexo -una sala cinematográfica con capacidad para 500 personas donde se proyectó, entre otras, Nobleza Gaucha, la primera producción nacional- y cuatro años más tarde vendió su concesión a la sociedad Santiago Dezza. Sería el fin de un ciclo que lejos estaba de cerrarse, sino de florecer en su máximo esplendor.

En la década de 1940, con un peronismo en auge y el primer gobierno de Domingo Alfredo Mercante en la Provincia, el teatro se demolió totalmente para dar paso a uno nuevo. Su diseño neoclásico, las gradas conteniendo al público y la simetría entre la entrada y el escenario constituyen una muestra del estilo arquitectónico de la época. La reinauguración fue el 18 de noviembre de 1949, a 67 años de la fundación de La Plata, y contó con la presencia del entonces presidente, Juan Domingo Perón, y su mujer, Eva Duarte. Muchos de los obreros que trabajaron en el Teatro fueron también protagonistas de otra importante obra platense: la República de los Niños, que se inauguró en 1951.

Una vez terminado, el Teatro del Lago pasó a tener capacidad para 2.600 espectadores. La reconstrucción incluyó camerinos individuales para más de 200 artistas, baños con duchas y una casa para el encargado del teatro. Hoy, la entrada a esos mundos está protegida con rejas de hierro y sellada con ladrillos de adobe. Y en el foso de orquesta, decenas de grafittis que ilustran como nunca la dejadez del lugar.

HISTORIA DEL ABANDONO

Carlos Gardel en dúo con José RazzanoLeón Gieco y la murga Falta y Resto, son algunos de los artistas que pasaron por el escenario del teatro. Pero hoy la realidad es muy distinta. El escenario exhibe rejas metálicas y las puertas y ventanas están tapiadas de forma rudimentaria y no tanto: rejas, alambres de púa y ladrillos de adobe apilados muestran la intención de los gobiernos de “invertir” ciertos recursos en la prevención del vandalismo, que igual está a la vista con pintadas del estilo “Muerte a la Gorra” o “Lucho y Quimey”. De vez en cuando, algún que otro adolescente consigue colarse y grafitear algo más.

0221.com.ar ingresa al predio en pleno ensayo de la orquesta sinfónica de la Policía Bonaerense. Es extraño, pero se trata de la única actividad permitida en el lugar. En un recorrido breve, la cronista de este medio puede identificar dos cosas: la primera es que no hay nadie que vigile el lugar. La segunda, son las imponentes vistas que se pierden los platenses al tener no solo el Teatro sino la isla en general vedada.

“Es sospechosa la inacción de la Municipalidad. Pareciera que lo que les interesa es asfaltar para poder entrar y salir rápido del country, pero el Teatro del Lago está último en las prioridades”, aduce Eduardo Karakachoff, titular de la ONG conservacionista Defendamos La Plata. Él es uno de los tantos vecinos que desde hace años pide por la reconstrucción, una promesa inconclusa que comenzó en el gobierno de Scioli y se trasladó al de María Eugenia Vidal.

En el medio hubo un trágico episodio que se remonta al 2014, cuando el obrero Julio César Carballo se hallaba realizando arreglos en el Teatro subido a un andamio y murió al caérsele en la cabeza un pedazo de mampostería. El hombre era policía jubilado y cooperativista de la Municipalidad; la causa recayó en una fiscalía de delitos culposos y fue caratulada como muerte en accidente. Por si no alcanzaba con los dos años de abandono, la muerte de Carballo fue un hecho que despojó totalmente al Estado, en todos sus estratos, del lugar.

En marzo de 2016 con un Cambiemos recién asumido, el ministro de Gestión Cultural Alejandro “Conejo” Gómez reconoció que el anfiteatro “está cerrado hace cinco años y muy poco usado desde hace diez”. En una conferencia conjunta con la gobernadora y el intendente Julio Garro, anunció que entre 2016 y 2017 habría “100 millones para ponerlo en funcionamiento” en un plazo de 17 meses.

La promesa quedó trunca: la Provincia llamó a licitación por una obra de 168 millones pero, según pudo saber 0221.com.ar, las ofertas que hicieron las empresas no conformaron, por onerosas, a la administración provincial. Este medio intentó en tres ocasiones comunicarse con el ministerio de Cultura para acceder a alguna declaración, pero no hubo respuesta.

Desde la Municipalidad, en tanto, aducen que tienen “poco para hacer”, aunque advierten que la gestión de Garro “tiene un gran interés en el tema”. Según pudo saber este medio, en el Palacio de calle 12 reflotó la idea de municipalizar el Teatro, aunque para eso debería aprobarse una ley en la Legislatura bonaerense.

“Los procesos administrativos alargaron los plazos para encarar una restauración del lugar. Queremos tratar de generar convenios de trabajo en conjunto para ponerlo en valor y después pasarlo a la ciudad, pero por ahora nosotros solos no tenemos el dinero para encarar la obra de refacción”, alude el secretario de Cultura y Educación local, Gustavo “Colo” Silva.

Según el funcionario, la última “gran restauración” del Teatro se hizo durante el gobierno de Julio Alak, entre el 2000 y el 2004. “Después de eso entró en un derrotero porque nadie ha entendido cómo tiene que funcionar, y su uso fue poco, raro, malo. Hay que replantearlo. El Teatro tiene muchísimas funcionalidades y podría convertirse en un centro cultural”, deslizó.

Desde Defendamos La Plata, Karakachoff insiste en la necesidad de “levantar” el teatro de la desidia con políticas públicas: “Daría trabajo, un movimiento cuidado en el Bosque y también turismo”, asegura. Pero no son más que deseos: en plena crisis económica y política, restaurar un teatro no parece ser prioridad. Tampoco lo fue en años anteriores, a pesar de las marchas vecinales, los pedidos de informe en el Concejo Deliberante y las intervenciones artísticas. Pareciera que el destino del viejo Teatro es envejecer en soledad, lejos del brillo y la gloria que lo vieron nacer.

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Su imponente estructura se alza en medio de una isla en el Paseo del Bosque. Abandonado desde 2012, exhibe una larga y prolífica historia artística, que se vio marcada por una trágica muerte.