La partida de Carlos Alberto Irisarri enluta a la ciudad de La Plata. Desde vastos sectores de la sociedad expresaron su dolor por el fallecimiento de una persona que caló huella profunda en la vida de quienes lo conocieron.
La partida de Carlos Alberto Irisarri enluta a la ciudad de La Plata. Desde vastos sectores de la sociedad expresaron su dolor por el fallecimiento de una persona que caló huella profunda en la vida de quienes lo conocieron.
De sólidas convicciones radicales, fue uno de los primeros concejales de La Plata tras el regreso de la Democracia en 1983. Ferviente alfonsinista, defendió sus ideales en el Concejo Deliberante de La Plata entre 1983 y 1985.
La pasión por la política lo atravesó toda su vida. Activo militante radical, fue hombre de consulta del partido, al que siempre apoyó, sin buscar cargo personal alguno.
El mismo ímpetu trasladó a las aulas de la Universidad del Este donde ejerció durante varios años la docencia en la formación de hombres y mujeres de Derecho.
Poseedor de un estilo frontal, directo, no vaciló en defender al múltiple femicida Ricardo Barreda durante el juicio oral. A tal punto llegó su defensa, que en la sentencia por homicidio, la jueza que integró el Tribunal le dio la razón y declaró la inimputabilidad del acusado. Pese a que ese voto fue minoritario, la labor de Irisarri en el debate oral que paralizó al país, sigue siendo materia de análisis y estudio en el fuero Penal de La Plata.
Hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata, era habitual verlo en la platea techada del estadio del Bosque, donde se enardecía con su Lobo amado. Siempre trabajó como abogado independiente y se especializó en la defensa de magistrados. Logró una efectividad del 100% en los juicios políticos en los que actuó como defensor de jueces de varios fueros y fiscales.
Como memoria de su puntilloso estudio de la ciencia jurídica, dejó publicado un Código Procesal Penal comentado que es material de estudio en varias facultades de Derecho con sede en la provincia de Buenos Aires. Su prolífica obra también incluye “El defensor en el sumario penal” y “Manual de práctica penal” entre otros. Todo un jurista de nota.
En los últimos años de su vida, se dedicó al estudio del idioma vasco euskera y publicó “Cursillo de lengua vasca”.
La última obra literaria de Irisarri fue la novela “El idioma del amor”.
El legado humano y profesional del “Vasco” (como lo llamaron sus amigos) se prolonga en su hijo Santiago Martín, también docente y abogado, quien absorvió de chico la pasión por el Derecho y Gimnasia.
Redes Sociales