Promediando el mes de mayo, 0221.com.ar había revelado los detalles de lo que en ese momento era un inminente traslado de Pelusa a un santuario de Brasil, para que viva los últimos años de su vida rodeada de otros elefantes. Es que desde el año 1968, cuando la separaron de su madre en Alemania, nunca más estuvo junto a otro paquidermo.
El director del zoo platense, Diego Brutti, había declarado ante el fiscal Marcelo Romero -quien investigaba un presunto caso de maltrato animal sobre la elefanta Pelusa-, en la previa de aquel viaje que nunca pudo ser.
El funcionario municipal expuso en ese expediente judicial que Pelusa partiría dentro de dos meses, aproximadamente. Aunque claro, la fecha de inicio del viaje era incierta por varios motivos: la finalización de los trámites y permisos para trasladarla y el carácter y humor del animal.
La elefanta sería trasladada en camión, en un viaje que, se esperaba, durara unos cuatro días y en donde, probablemente, el animal no durmiera en todo el trayecto. “No es de dormir mucho”, graficaba Brutti en sede judicial.

Según estimaban, uno de los problemas que enfrentarían los encargados del traslado era el ingreso de la elefanta al vehículo. “Si ella no quiere no entra y no se puede predecir el tiempo hasta lograr ubicarla en la jaula”, había detallado en aquel momento el funcionario al fiscal. El estado de ánimo y carácter del animal sería la llave para abrir los virtuales candados de los inconvenientes posibles. En ese contexto, los entrenadores trabajaban con el animal sobre ese aspecto.
El viaje se haría por los caminos habituales que recorren los turistas que buscan el calor y la diversión de las playas cariocas, pero el destino y los objetivos eran bien distintos: la elefanta iría a un santuario en búsqueda de tranquilidad, en un trayecto que iba a estar monitoreado, incluso junto a un equipo de veterinarios que iba a viajar con ella para atender cualquier eventualidad. Los profesionales llevarían una batería de insumos, alimentos y fármacos.

Pero el viaje nunca pudo hacerse. Tras más de dos días de agonía y a pesar de los esfuerzos, los veterinarios y cuidadores de Pelusa dieron vía libre este último lunes al proceso para que la elefanta finalmente muera: fue sedada por los especialistas para evitar un mayor sufrimiento y en respuesta a un cuadro irreversible. Pelusa, que permanecía acostada desde el último viernes, se encontraba en un delicado estado de salud y, a pesar de los esfuerzos, nada se pudo hacer para salvarla. La planificación de su viaje a Brasil fue demasiado tarde.