miércoles 29 de abril de 2026

Gastronomía y política, dos pasiones que dividen aguas entre los platenses

La gastronomía y la política no se mezclan con frecuencia pero en la ciudad, que nació como un faro de cultura, ambas pasiones dieron lugar a emprendimientos donde ambas van de la mano.

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Por Martín Soler

La ciudad de La Plata tiene varias tradiciones, como la quema de muñecos para despedir el año y recibir el nuevo o sus míticos festivales musicales en cada aniversario de su fundación. Influidos por las comunidades de inmigrantes que se radicaron en la ciudad de las diagonales (en especial italianos, españoles, peruanos y árabes) esa diversidad cultural generó varios espacios gastronómicos con variados menús. Así, el famoso “mercado” y la búsqueda de ideas novedosas generaron la fusión de pasiones como rock y café o deportes y comida.

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La cocina es mucho más que una actividad obligatoria para saciar una necesidad biológica. Para los platenses en general la comida es un ritual que, con el paso del tiempo, fue ampliando su espectro. Culturalmente se dice que “somos lo que comemos” y en La Plata existe una cultura gastronómica muy amplia. Una de esas facetas que subyace desde lo profundo e intenta instalarse es la conjugación de comer y debatir. En ese camino es que emergen los locales de gastronomía política en la ciudad donde nació el caudillo radical Ricardo Balbín y que, en un período de su historia, se llamó Eva Perón y le dio al país a la primera mujer electa dos veces al frente de la Primera Magistratura: la tolosana Cristina Fernández.

En el año 2009, el exconcejal radical Marcelo Viñes inauguró un restobar temático. Lo denominó “La Causa” y de sus paredes emanaba un homenaje a la “Revolución del Parque” en homenaje a Leandro N. Alem, el primero de los caudillos radicales que tuvo esa centenaria fuerza política.

Ambientado con los colores rojos y blanco de la bandera que hoy es parte de Cambiemos, el espacio funcionó en un local de Diagonal 80 al 924, entre 4 y 48, a pocas cuadras del Comité Central del radicalismo, de calle 48 entre 5 y 6.

Otro emprendimiento que conjugó dos de las pasiones de los argentinos fue “Juan Domingo”, propiedad del exconcejal peronista, Oscar Vaudagna. Ubicado en calle 58 entre 11 y 12, presentaba una variada carta con entradas de fiambres surtidos con bouquet de hojas verdes, platos como arrollado de conejo, ñoquis rellenos de muzzarella, ravioles de ragout de cordero y hongos.

La carta de postres era bastante tradicional: flan de vainilla, coco o manzana; mousse de chocolate y tiramisú como platos dulces salientes por fuera de las tradicionales bochas de helado con ensalada de frutas y el “postre de vigilante”: dulce de batata y queso.

Pero si de comida popular hablamos, no se puede pasar por alto el restaurante que funciona en la sede del Partido Justicialista de calle 54 entre 7 y 8. Con platos bien peronistas, como milanesas o pasteles de papa, el local está abierto todos los días a precios verdaderamente accesibles para el bolsillo de los “compañeros trabajadores”.

Una recorrida por las fotos de las paredes es una pequeña lección de historia argentina, con la foto de todos los miembros del partido que ocuparon la Presidencia de la Nación. Además se puede degustar “El Justicialista” un vino tinto de pura cepa peronista.

Pero la historia de la gastronomía política de La Plata no se divide únicamente entre “peronchos” o “radichetas”. También existe la oferta de delivery online de hamburguesas “La Grieta”, con sugerencias como la “Mega Cristi”, “Súper Mauri”, “Mariu Xtreme”, “Triple Sergio” o “Ezeiza Party”.

Otra de las opciones es el centro cultural “El Colibrí” ubicado en 10 y 59 que fusiona arte, política y gastronomía. En el espacio se realizan variedad de actividades como talleres, charlas, encuentros, presentaciones de libros, exposiciones, música en vivo y shows en general con artistas de la escena local.

El predio tiene una fuerte impronta kirchnerista, ya que también funciona un local partidario de Unidad Ciudadana referenciado en el exarquero de Gimnasia y actual diputado nacional, Carlos Castagneto.

Una de las acepciones de la palabra cultura indica que es un “conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época”. Desde ese punto de vista, La Plata se está transformando en una ciudad que culturalmente es adepta a fusionar el estómago con las convicciones políticas. En la “Atenas de América”, tal como fue bautizada por el escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña, fascinado por la actividad cultural de la capital bonaerense, la política y la gastronomía parecieran ir de la mano al tiempo que dividen aguas entre las preferencias de los platenses.

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