Tiene un tumor y vive bajo un puente llamativamente declarado patrimonio de La Plata
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La historia de Carlos, que vive hace 5 años bajo un puente declarado patrimonio histórico de La Plata

Carlos tiene 41 años y hace 5 que pasa sus días a metros del Hospital de Gonnet, resguardado bajo la estructura de un lugar al aire libre que fue declarado por el Concejo Deliberante como Patrimonio Histórico de la ciudad. Cómo es luchar en la calle por un plato de comida diario y con la única ayuda de los vecinos de la zona.

Por Matías Moscoso

"A mí me haría falta una casita para vivir un poco mejor y salir de acá", le dice Carlos a 0221.com.ar, mirando de costado cómo pasan a toda velocidad los autos bajo el puente Donato Gerardi, a metros del Hospital San Roque de Gonnet, en Camino Belgrano entre 509 y 510. La escena se repite todos los días desde hace cinco años: ese es el tiempo en que este hombre de 41 años vive allí día y noche, con frío y calor. Junto a él también pasan sus días otras dos personas, con el desafío permanente de vender flores en los semáforos y de cortar el pasto en las casas de la zona, para poder comer. Los tres, además, tienen otra cosa en común: increíblemente su "casa" fue declarada por el Concejo Deliberante como Patrimonio Histórico de La Plata, aunque "acá nunca vino a vernos nadie", dejan en claro.

 

 

Un mediodía cualquiera de mayo lo encuentra a Carlos desperezándose, sentado en una silla con el tapizado roto y tomando un vaso de gaseosa. "Acá está todo medio enquilombado porque anoche llegamos muy tarde de laburar", le explica con parsimonia y voz ronca a este portal, sorprendido por la visita sin previo aviso pero a la vez dispuesto a charlar, sin vueltas ni guiones. Se acomoda y ofrece otra silla alrededor de una mesa. Así comienza un crudo relato que es una cachetada certera, de movida: "Hace cinco años que vivo acá, tengo dos hijos de 9 (Lázaro) y 11 años (Cristopher), y tengo un tumor en la cabeza".

Este es Carlos, que tiempo atrás vivía junto a la madre de sus hijos en El Mercadito, una de las zonas más humildes en las afueras de la capital de la provincia de Buenos Aires. "Estoy acá por circunstancias de la vida; estuve viviendo un tiempo en el barrio nuevo de atrás del Mercado Central, pero a veces uno está en desacuerdo con la familia. Igualmente yo trato de estar lo mejor posible con la madre de mis hijos, cuando puedo ayudarla la ayudo, pero bueno, tengo que vivir acá por ese tema", relata, pensativo.

Todos sus días transcurren luchando -literalmente- contra una realidad que se le presenta cuesta arriba y que, lejos de vencerlo, lo fortalece. "Yo sigo peleando día a día, si puedo trabajar, trabajo: tengo mi máquina de cortar pasto, vendemos flores; y la gente, gracias a Dios, ayuda. Yo estoy muy agradecido, me traen ropa, me traen para comer; siempre me dan una mano en ese sentido", repite una y otra vez. "Yo le estoy muy agradecido a la gente de acá alrededor; la policía tampoco me molesta, varias veces vinieron y nos pidieron documentación, pero al principio, ahora ya saben que estoy acá, nunca le faltamos el respeto a nadie. Por acá pasan familias con toda la confianza porque ya nos conocen, nunca les faltamos el respeto".

"El segundo"

Carlos vive "en el segundo". Damián "en el tercero". Y del otro lado, cruzando 19, vive Omar, "en el primero". Sí, se dividen y definen los rincones del puente como si fuesen departamentos. Sobre el cemento hay unos colchones con frazadas y las ventanas son de chapa, maderas y bolsas de nylon. Cuando llueve se inunda un poco, el living se transforma en barro y solo hay que rezar para que se vaya la tormenta, resguardándose en una habitación a oscuras que en invierno es calefaccionada con una fogata improvisada desde abajo, con las ramas y leñas que rescatan de alguna recorrida diaria.

"Yo lamentablemente vivo acá y no quiero tener problemas con nadie, ni con la gente ni con la justicia; sí varias veces tuve problemas con algunos pibes acá que quisieron hacerle daño a la gente. A mí así me conoció la gente y cada vez que pasan me saludan: buenos días, buenas tardes, buenas noches; cuando me pueden ayudar, me ayudan; y si no, igual. Nosotros tratamos de no quedarnos y de hacer algo por la vida", reflexiona mientras intenta reproducir música en un celular al que le falta el chip.

Carlos siempre cortó el pasto y se dedicó a la poda, hasta que un día descubrió que tenía un problema. Así lo describe. ¿Qué problema? "Un día me enfermé, tengo un tumor en la cabeza".

Con timidez cuenta que de vez en cuando se hace ver "por una cirujana en Romero", pero no tanto como debería. "Cuando tengo que hacer algo me manda a hacer estudios, o me internan", explica y continúa: "me tenían que encapsular pero no fui; es que es una operación complicada, porque por ahí te toca una arteria y no estaría yo acá hablando con vos, estaría postrado. Gracias a Dios así estoy bien, pero bueno, cada tanto voy al médico, cuando me agarra infección; y tomo medicamentos, me ayudan".

"Vendo flores y corto el pasto por todos lados. Flores estoy vendiendo en el semáforo de Belgrano y 508; gracias a Dios la gente te ayuda, por lo menos día a día tenemos una medida para comprar algo para comer, para comprar cosas de higiene... para vivir", dice mientras una ambulancia aturde con su sirena dirigiéndose al hospital, en una escena que se repite día a día. "A mí me haría falta una casita, para vivir un poco mejor y salir de acá", imagina casi con resignación, pero aclara, a la vez con optimismo: "igualmente ahí donde está el barrio que vive mi familia no, en otro lugar, para cambiar de vida para mí y mis hijos".

Patrimonio Histórico

A principios de mayo, el Concejo Deliberante de La Plata declaró -con el voto de todos los concejales- como Patrimonio Histórico de la Ciudad el puente "Donato Gerardi", el primero construido en hormigón armado en nuestro país en 1906.

O sea, Carlos, Damián y Omar viven en un rincón importante de la ciudad; un rincón destacado de la provincia y en definitiva del país, según los fundamentos de la iniciativa municipal: "En mayo de 2017 se cumplieron 101 años de la construcción del puente Donato Gerardi. Primer construido en hormigón armado en nuestro país. Los puentes de este camino (Belgrano) se fabricaban en hierro, comprados en Bélgica. El inicio de la primera guerra mundial implicó la necesidad de que el acero sea declarado como material estratégico por las potencias beligerantes europeas, por lo que fue imposible la venta de algunos puentes de hierro a la Argentina. Ante este inconveniente se pensó en otros materiales, el ladrillo, piedra o madera. Se eligió el hormigón armado, este material cubría con las exigencias de proyecto".

Así dice la iniciativa del concejal opositor Gastón Crespo, quien ante la consulta de este portal, dijo conocer que bajo el puente vivía gente en situación de calle: por eso, además de este proyecto, contó que también está trabajando en un pedido para que la secretaría de Desarrollo Social se acerque al lugar, intervenga y ayude a Carlos.

¿Y Carlos sabe que duerme todas las noches en una esquina destacada de la capital bonaerense? "Sí, sabía que este puente era algo de eso, me lo dijo una señora que me conoce. Hace poco pasé por la casa -porque siempre me juntan algo de ropa y mercadería- y me dijo que por acá iban a hacer una plaza; me parece bien".

Carlos se inclina para un costado y con la mirada perdida piensa. "Yo si no tengo, pido, pero también queda mal andar pidiendo... Pero bueno, antes de andar haciendo otras cosas malas... Yo quiero disfrutar la vida y seguir disfrutándola, y ver a mis hijos crecer, si Dios quiere. Creo mucho en Dios, voy a la Iglesia, Dios me da la voluntad todos los días para poder salir adelante", dice.

Se genera un silencio, levanta la mirada y agrega: "acá nunca vino nadie del Gobierno ni nada de eso, y si vienen, yo de todas maneras los recibiría".

Carlos tiene 41 años y hace 5 que pasa sus días a metros del Hospital de Gonnet, resguardado bajo la estructura de un lugar al aire libre que fue declarado por el Concejo Deliberante como Patrimonio Histórico de la ciudad. Cómo es luchar en la calle por un plato de comida diario y con la única ayuda de los vecinos de la zona.

19 de mayo de 2018

Por Matías Moscoso

"A mí me haría falta una casita para vivir un poco mejor y salir de acá", le dice Carlos a 0221.com.ar, mirando de costado cómo pasan a toda velocidad los autos bajo el puente Donato Gerardi, a metros del Hospital San Roque de Gonnet, en Camino Belgrano entre 509 y 510. La escena se repite todos los días desde hace cinco años: ese es el tiempo en que este hombre de 41 años vive allí día y noche, con frío y calor. Junto a él también pasan sus días otras dos personas, con el desafío permanente de vender flores en los semáforos y de cortar el pasto en las casas de la zona, para poder comer. Los tres, además, tienen otra cosa en común: increíblemente su "casa" fue declarada por el Concejo Deliberante como Patrimonio Histórico de La Plata, aunque "acá nunca vino a vernos nadie", dejan en claro.

 

 

Un mediodía cualquiera de mayo lo encuentra a Carlos desperezándose, sentado en una silla con el tapizado roto y tomando un vaso de gaseosa. "Acá está todo medio enquilombado porque anoche llegamos muy tarde de laburar", le explica con parsimonia y voz ronca a este portal, sorprendido por la visita sin previo aviso pero a la vez dispuesto a charlar, sin vueltas ni guiones. Se acomoda y ofrece otra silla alrededor de una mesa. Así comienza un crudo relato que es una cachetada certera, de movida: "Hace cinco años que vivo acá, tengo dos hijos de 9 (Lázaro) y 11 años (Cristopher), y tengo un tumor en la cabeza".

Este es Carlos, que tiempo atrás vivía junto a la madre de sus hijos en El Mercadito, una de las zonas más humildes en las afueras de la capital de la provincia de Buenos Aires. "Estoy acá por circunstancias de la vida; estuve viviendo un tiempo en el barrio nuevo de atrás del Mercado Central, pero a veces uno está en desacuerdo con la familia. Igualmente yo trato de estar lo mejor posible con la madre de mis hijos, cuando puedo ayudarla la ayudo, pero bueno, tengo que vivir acá por ese tema", relata, pensativo.

Todos sus días transcurren luchando -literalmente- contra una realidad que se le presenta cuesta arriba y que, lejos de vencerlo, lo fortalece. "Yo sigo peleando día a día, si puedo trabajar, trabajo: tengo mi máquina de cortar pasto, vendemos flores; y la gente, gracias a Dios, ayuda. Yo estoy muy agradecido, me traen ropa, me traen para comer; siempre me dan una mano en ese sentido", repite una y otra vez. "Yo le estoy muy agradecido a la gente de acá alrededor; la policía tampoco me molesta, varias veces vinieron y nos pidieron documentación, pero al principio, ahora ya saben que estoy acá, nunca le faltamos el respeto a nadie. Por acá pasan familias con toda la confianza porque ya nos conocen, nunca les faltamos el respeto".

"El segundo"

Carlos vive "en el segundo". Damián "en el tercero". Y del otro lado, cruzando 19, vive Omar, "en el primero". Sí, se dividen y definen los rincones del puente como si fuesen departamentos. Sobre el cemento hay unos colchones con frazadas y las ventanas son de chapa, maderas y bolsas de nylon. Cuando llueve se inunda un poco, el living se transforma en barro y solo hay que rezar para que se vaya la tormenta, resguardándose en una habitación a oscuras que en invierno es calefaccionada con una fogata improvisada desde abajo, con las ramas y leñas que rescatan de alguna recorrida diaria.

"Yo lamentablemente vivo acá y no quiero tener problemas con nadie, ni con la gente ni con la justicia; sí varias veces tuve problemas con algunos pibes acá que quisieron hacerle daño a la gente. A mí así me conoció la gente y cada vez que pasan me saludan: buenos días, buenas tardes, buenas noches; cuando me pueden ayudar, me ayudan; y si no, igual. Nosotros tratamos de no quedarnos y de hacer algo por la vida", reflexiona mientras intenta reproducir música en un celular al que le falta el chip.

Carlos siempre cortó el pasto y se dedicó a la poda, hasta que un día descubrió que tenía un problema. Así lo describe. ¿Qué problema? "Un día me enfermé, tengo un tumor en la cabeza".

Con timidez cuenta que de vez en cuando se hace ver "por una cirujana en Romero", pero no tanto como debería. "Cuando tengo que hacer algo me manda a hacer estudios, o me internan", explica y continúa: "me tenían que encapsular pero no fui; es que es una operación complicada, porque por ahí te toca una arteria y no estaría yo acá hablando con vos, estaría postrado. Gracias a Dios así estoy bien, pero bueno, cada tanto voy al médico, cuando me agarra infección; y tomo medicamentos, me ayudan".

"Vendo flores y corto el pasto por todos lados. Flores estoy vendiendo en el semáforo de Belgrano y 508; gracias a Dios la gente te ayuda, por lo menos día a día tenemos una medida para comprar algo para comer, para comprar cosas de higiene... para vivir", dice mientras una ambulancia aturde con su sirena dirigiéndose al hospital, en una escena que se repite día a día. "A mí me haría falta una casita, para vivir un poco mejor y salir de acá", imagina casi con resignación, pero aclara, a la vez con optimismo: "igualmente ahí donde está el barrio que vive mi familia no, en otro lugar, para cambiar de vida para mí y mis hijos".

Patrimonio Histórico

A principios de mayo, el Concejo Deliberante de La Plata declaró -con el voto de todos los concejales- como Patrimonio Histórico de la Ciudad el puente "Donato Gerardi", el primero construido en hormigón armado en nuestro país en 1906.

O sea, Carlos, Damián y Omar viven en un rincón importante de la ciudad; un rincón destacado de la provincia y en definitiva del país, según los fundamentos de la iniciativa municipal: "En mayo de 2017 se cumplieron 101 años de la construcción del puente Donato Gerardi. Primer construido en hormigón armado en nuestro país. Los puentes de este camino (Belgrano) se fabricaban en hierro, comprados en Bélgica. El inicio de la primera guerra mundial implicó la necesidad de que el acero sea declarado como material estratégico por las potencias beligerantes europeas, por lo que fue imposible la venta de algunos puentes de hierro a la Argentina. Ante este inconveniente se pensó en otros materiales, el ladrillo, piedra o madera. Se eligió el hormigón armado, este material cubría con las exigencias de proyecto".

Así dice la iniciativa del concejal opositor Gastón Crespo, quien ante la consulta de este portal, dijo conocer que bajo el puente vivía gente en situación de calle: por eso, además de este proyecto, contó que también está trabajando en un pedido para que la secretaría de Desarrollo Social se acerque al lugar, intervenga y ayude a Carlos.

¿Y Carlos sabe que duerme todas las noches en una esquina destacada de la capital bonaerense? "Sí, sabía que este puente era algo de eso, me lo dijo una señora que me conoce. Hace poco pasé por la casa -porque siempre me juntan algo de ropa y mercadería- y me dijo que por acá iban a hacer una plaza; me parece bien".

Carlos se inclina para un costado y con la mirada perdida piensa. "Yo si no tengo, pido, pero también queda mal andar pidiendo... Pero bueno, antes de andar haciendo otras cosas malas... Yo quiero disfrutar la vida y seguir disfrutándola, y ver a mis hijos crecer, si Dios quiere. Creo mucho en Dios, voy a la Iglesia, Dios me da la voluntad todos los días para poder salir adelante", dice.

Se genera un silencio, levanta la mirada y agrega: "acá nunca vino nadie del Gobierno ni nada de eso, y si vienen, yo de todas maneras los recibiría".

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