Cuando en marzo de 2017 la empresa DESA (Desarrolladora Energética SA) compró la distribuidora de energía eléctrica Edelap, proveedora de ese servicio en La Plata y la región, concretó además la concentración de más de la mitad de los usuarios y de la distribución en la provincia de Buenos Aires. La operación fue una más -tal vez de las más importantes- de una cadena de transacciones y movimientos de una ingeniería empresarial que incluye la aplicación de regulaciones foráneas: un juego de cajas al estilo mamushkas que permite que los nombres propios y las maniobras comerciales detrás de escena mantengan un perfil semioculto.
El principal protagonista de ese juego es Rogelio Pagano, un financista que logró conformar “un monopolio privado de la distribución de la luz”, lo cual podría ser considerado una irregularidad manifiesta con el vigente marco regulatorio nacional y provincial. Después de 15 años de operatorias controla, además de Edelap, a Eden (norte y centro de la Provincia), Edea (Costa Atlántica y centro) y Edes (sur).
Parte de ese entramado fue desentrañado por el sociólogo e investigador de Flacso Federico Basualdo en la investigación “La violación del marco regulatorio en el funcionamiento actual de la distribución eléctrica de la provincia de Buenos Aires”. Plantea como hipótesis central que ese esquema va contra el proceso de reforma neoliberal de los 90 -vigente actualmente-, que adoptó como principio básico “la promoción de la competencia y mercados competitivos, junto con la privatización de las empresas públicas y el establecimiento de un nuevo marco regulatorio para la actividad eléctrica”.
Pagano llegó al mundo de la energía acompañado por Marcelo Mindlin como director del Grupo Dolphin y encargado de desarrollar las fusiones y adquisiciones. Portaba un currículum con antecedentes en Newbridge Latin America, Deutsche Morgan Grenfell en Argentina, Citibank y Bank of America.
Desde su nuevo sillón se convirtió en una pieza principal para el crecimiento de Pampa Energía y en el manejo de la dirección financiera de Edenor, a donde desembarcó en 2005. En esa época aparecía junto al Mindlin y a Alejandro Macfarlane, quien más adelante seria el CEO de Edelap a quien el propio Pagano le comprara el paquete accionario.
En sociedad con el empresario venezolano Miguel Martínez Mendoza (ex ejecutivo de Enron) en 2012 compró Edenor, la empresa para la cual trabajaba, por 23 millones de dólares. Según el trabajo de Basualdo, la sociedad utilizada para realizar esa operación fue Power Infraestructure Group.
Un año después, en febrero de 2013, otra vez Edenor les vendió (a Pagano y Martínez Mendoza) por 80 millones de dólares la distribuidora eléctrica del norte de la provincia de Buenos Aires (Eden). Inauguraba la etapa de compra de las eléctricas bonaerenses. En agosto de 2014, Pagano se independizó de Martínez Mendoza e inscribió en el Registro Público de Comercio la empresa Desarrolladora Energética SA (DESA).
En mayo de 2016, realizó su primera operación grande, le compró a Martínez Mendoza su participación en Edesa (Salta), Eden y Edes. Fue por un total de 300 millones de dólares.
Pagano desembarcó en Edelap a principios de 2017, Alejandro McFarlane (junto a quien había estado en el desembarco en Edenor con Mindlin) le vendió el control accionario de la distribuidora de la costa atlántica (Edea) y de la distribuidora eléctrica de la capital provincial. Completaba así el poker y se aseguraba el manejo monopólico de la energía bonaerense.

Designó como director de la eléctrica platense a Guillermo Coltrinari, quien venía de manejar la distribuidora salteña Edesa y tiene vínculos con Juan Manuel Urtubey. Esto explica que en su última visita a La Plata el gobernador pasara también por las oficinas de la calle 5 y diagonal 80. El directivo de la empresa platense es fanático del automovilismo y como tal dedica buena parte de su tiempo a surol de dirigente del Auto Club Salta.
De acuerdo a las conclusiones de Basualdo, Pagano, Martínez Mendoza, MacFarlane y Mindlin constituyen un tándem que permitió que DESA pudiera avanzar sobre el control de la distribución eléctrica de la provincia de Buenos Aires, integrando en un mismo grupo económico las distintas unidades de negocio de lo que fuera la empresa estatal de luz bonaerense (Segba). Todo con el visto bueno implícito del gobierno de María Eugenia Vidal.
“La forma de implementar el nuevo modelo de negocios fue la desintegración vertical y horizontal de la industria (generación, transporte y distribución), y la privatización de la mayor cantidad de unidades de negocios independientes (división de las empresas)”, analiza el periodista y economista Alfredo Zaiat en una nota en Página 12 en la que desmenuza el informe de Basualdo.
La concentración de la actividad de distribución eléctrica en la provincia de Buenos Aires en manos del grupo DESA “representa una flagrante violación por parte del poder económico de la regulación neoliberal impuesta durante la década de 1990”, sostiene. Con Eden, Edea, Edes y Edelap, el grupo Pagano concentra el 58,8 por ciento de los usuarios de energía eléctrica y el 65,2 por ciento de la energía distribuida de la provincia de Buenos Aires.
EL ORIGEN
De acuerdo a ese trabajo de Basualdo, en el que se detalla cada uno de los eslabones del entramado societario (nombre de la empresa, participación accionaria, vinculación con otras firmas), todo nace con la firma controlante del conglomerado energético Cuxery International.
Es una sociedad anónima constituida de acuerdo con las leyes de Uruguay. Explica que, en términos formales, con sólo el 11,9 por ciento del capital, Pagano es el controlante, debido a que retiene el total de las acciones ordinarias. El resto son “acciones preferidas” (cobran primero los dividendos sin injerencia en la empresa) que corresponden a inversionistas anónimos.

Zaiat define al sistema como un “armado mamushkas de offshore”. Con el 20,4 por ciento del capital y el 79,5 por ciento de las acciones con derecho a voto, Cuxery Internacional es controlante de Tesnik Holding, sociedad constituida de acuerdo con las leyes de Inglaterra y Gales. El 71,95 por ciento del capital social y del 20,4 por ciento de los derechos de voto restantes son titularidad de CVI CVF III LUX MASTER, una sociedad radicada en Luxemburgo en 2006, que según los registros de la consultora Bloomberg es una empresa subsidiaria de Cargill. El eslabón final de este entramado de firmas es el control de las cuatro distribuidoras eléctricas bonaerense, entre las cuales está la empresa que le provee luz a la totalidad de los usuarios de La Plata y la región.