Si estás atravesando la perimenopausia o la menopausia, o sentís que se acerca, es probable que tengas más preguntas que respuestas. Con motivo del Día Mundial de la Menopausia, conversé con la médica ginecóloga Macarena Alimón (MP 117214) para entender qué nos pasa, cuándo conviene consultar y cómo transitar este período con información, sin prejuicios y con bienestar.
Perimenopausia y menopausia: ¿qué es cada una?
Vamos por partes. La perimenopausia es la etapa de transición, los años previos a la menopausia y puede comenzar incluso una década antes de la menopausia. El cuerpo empieza a producir las hormonas de forma menos estable y eso se nota: los ciclos se acortan, se alargan o se vuelven irregulares, y pueden aparecer sofocos, sueño liviano o cambios de ánimo y de energía.
La menopausia, en cambio, es un momento puntual que se confirma cuando han pasaron doce períodos seguidos sin menstruar, algo que suele ocurrir alrededor de los 50 años. A partir de ahí hablamos de posmenopausia.
Aguantar no tiene que ser una opción
A muchas de nosotras nos enseñaron que había cosas que simplemente "tocaba" aguantar, como el dolor menstrual, los sofocos y la sequedad. Y también malestares que no pasan por el cuerpo, como el cansancio de sostenerlo todo o la exigencia de estar siempre disponibles para otras personas. Esa idea de que "es parte de ser mujer" hace que muchas lleguen tarde a la consulta, o que no lleguen.
La buena noticia es que hay herramientas y la clave es encontrarlas, aunque no debe convertirse una tarea más, sino que sea algo que nos permita transitar con el mayor bienestar posible este momento. Alimón cuenta que muchas pacientes llegan a su consultorio después de "rebotar" entre profesionales pero "hay alternativa, hay que buscar".
Algunas pautas para esa búsqueda:
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Buscar a alguien que conozca el tema. Según Alimón, un o una buena profesional sabe reconocer lo que no domina para poder derivar Hay que poder decir "yo no sé todo". Una consulta que se resuelve con una receta rápida, sin escuchar el conjunto de lo que pasa, no alcanza.
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Llegar con información. Anotar cómo viene el ciclo, qué síntomas o cambios aparecen, cuándo y con qué intensidad, ayuda a que la consulta sea más precisa. Ante cualquier sangrado después de la menopausia, se consulta siempre.
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No esperar a que moleste demasiado. Sequedad vaginal, dolor durante las relaciones sexuales, pérdidas de orina, insomnio o cambios de ánimo tienen abordajes.
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Armar un equipo. Según el caso, además de ginecología pueden sumarse kinesiología pelviperineal, nutrición, salud mental, endocrinología o cardiología.
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Cuidar el vínculo profesional-paciente. Para Alimón es fundamental que la paciente "se sienta contenida" y confíe en lo que se le dice. Cuando eso no pasa, "quien pierde es la paciente".
El caso de las mujeres que atraviesan un cáncer de mama merece una mención aparte. Los tratamientos pueden provocar una menopausia precoz, y es frecuente que desde la oncología se desestime el uso de hormonas, porque hay tumores hormonodependientes. Alimón aclara que, aun así, existen otras alternativas para la sequedad y el malestar, y que lo importante es trabajar de forma coordinada con el equipo tratante.
Aguantar no tiene que ser una opción
Sobre la terapia hormonal, la médica recuerda que durante más de 20 años se desalentó su uso y que hoy la evidencia es otra. Qué terapia conviene en cada caso, y si se opta por una opción más tradicional u otra, es una decisión individual que se define en la consulta.
¿Cómo llegar bien a esta etapa?
Llegar bien a la menopausia empieza antes de que llegue. Alimón explica que, hasta los 50, las hormonas nos protegen, tenemos menos riesgo de demencia y de enfermedad cardiovascular, una amenaza que aumenta cuando las perdemos. Por eso vale cuidarse con anticipación, y el esfuerzo rinde: "Si medianamente nos ocupamos un poco, podremos tener 40 años más por delante", detalla.
Algunas ideas generales, para conversar con tu profesional de cabecera:
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Controles periódicos: ginecológico con mamografía, presión arterial, perfil de lípidos y glucemia, y una evaluación de la salud ósea cuando corresponda.
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Movimiento: combinar actividad aeróbica con ejercicios de fuerza, que ayudan a cuidar huesos, músculos y ánimo. ¡Siempre es mejor hacer algo que nada!
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Alimentación y descanso: una dieta variada, con buen aporte de proteínas y calcio, y una rutina de sueño que se respete.
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Manejo del estrés y salud mental: darle lugar a la terapia, a las pausas y a lo que nos hace bien.
- Evitar el tabaco y moderar el alcohol.
La idea no es llegar "perfectas", sino llegar informadas y acompañadas. Como dice Alimón, "queremos llegar bien".
Un nuevo comienzo, no un final
La menopausia no es una pérdida sino un mojón en nuestra vida; un punto desde el cual mirar hacia atrás y también hacia adelante. "Esto no es el fin, en todo caso es una transformación, una posibilidad", dice. Por eso el año pasado dio una charla titulada Menopausia como oportunidad: una invitación a reencontrarse, a reinventarse y a dedicarse a una misma.
La médica observa que muchas mujeres pasamos décadas ocupándonos de todos los demás. Esta etapa puede ser el momento de decir lo contrario: "Tengo ganas de ocuparme de mí, de enfocarme en lo que me gusta". Puede ser empezar ese gimnasio al que nunca hubo tiempo de ir, retomar o descubrir la pintura, cambiar el ritmo laboral o simplemente descansar sin culpa.
La menopausia no es una pérdida sino un mojón más en nuestra vida
También implica mirar de frente los cambios, aprender a leer el propio cuerpo, reconocer qué necesitamos y pedirlo. En ese camino, las redes de apoyo (amigas, familia, grupos de mujeres, profesionales de confianza) hacen una diferencia enorme, porque lo que no se conversa suele vivirse en soledad.
Seguir deseando y disfrutando, a nuestra manera
No a todas nos pasa lo mismo ni deseamos lo mismo, y quizás esa sea la idea más importante de esta nota. Hay quienes sienten alivio al dejar atrás la menstruación, quienes viven la etapa con malestar y quienes atraviesan ambas cosas a la vez. Hay mujeres que quieren seguir explorando su sexualidad y otras que prefieren poner el deseo en otros lugares. Todas las opciones son válidas.
Alimón cuenta que algunas pacientes le dicen que sienten apatía y para la médica, eso también puede leerse como una señal de que ya no hay ganas de sostenerlo todo, y está bien permitirse priorizarse. Si esa apatía o la tristeza se vuelven persistentes o pesan en el día a día, es un buen motivo para hacer una consulta profesional.
En cuanto a la sexualidad, la sequedad vaginal y el dolor no tienen por qué ser un destino. Existen tratamientos locales y alternativas, incluso para quienes no pueden usar hormonas. Lo mismo vale para la incontinencia, para la que hoy hay recursos que evitan resignarse a usar protector "porque me hago pis encima". Y la edad no cierra la puerta, por eso Alimón aclara que estas terapias no tienen un límite de edad.
Salud pública: que el acompañamiento no dependa del bolsillo
Hoy, buena parte de la atención de la perimenopausia y la menopausia se da en el ámbito privado. Eso significa que acceder a una consulta con tiempo, a un tratamiento o a una terapia depende de poder pagarlos. Alimón, que se formó en el sistema público, lo vive como una deuda pendiente.
Su planteo es que esta etapa debería tener un lugar en todos los hospitales del país. Con el aumento de la expectativa de vida, dice, "hoy es una necesidad pública". Y no siempre se trata de grandes inversiones ya que terapias como el plasma para la sequedad vaginal requieren un equipamiento que un hospital podría tener, y una ginecóloga o un ginecólogo que sepa hacerlas puede mejorar mucho la vida de las pacientes. A eso se suma un argumento práctico: la prevención ahorra dinero a futuro.
Por eso, además de hablar de síntomas y tratamientos, hablamos de derechos. Que el Estado contemple el acompañamiento durante la perimenopausia, la menopausia y la posmenopausia, y que se quiten las barreras de acceso, ampliaría el horizonte para que más personas transiten esta etapacon salud y bienestar.