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Medicina narrativa: escuchar para sanar, a pacientes y a profesionales

La medicina narrativa "es una forma de práctica clínica que implica reconocer, absorber, interpretar y conmoverse con las historias de los pacientes".

La medicina narrativa (MN) lleva más de una década de desarrollo a nivel mundial y hace algunos años que se trabaja con ella en Argentina. Creada por la médica Rita Charon, la MN se plantea como principal objetivo humanizar la práctica clínica mediante el desarrollo de competencias de escucha, empatía y reflexión basadas en las historias de los y las pacientes.

Mientras que la escucha activa contribuye a que los y las pacientes expresen su experiencia personal ante la enfermedad más allá de los síntomas físicos y los resultados de estudios, la empatía médica ayuda a profesionales de la salud a conectar de manera profunda con el sentir y el contexto de vida de quienes atienden.

Porque validar la vivencia del/la paciente permite reconocer a la persona como sujeto activo y central en el proceso de mejora, curación y cuidado, y no solo como un diagnóstico a tratar. Este proceso, en definitiva, mejora la comunicación clínica y crea lazos sólidos entre pacientes, familias y profesionales de la salud.

Así, desde la medicina narrativa se promueve la autorreflexión, estimulando la creatividad y el análisis crítico de profesionales y estudiantes mediante prácticas como la escritura reflexiva. Un punto importante: la medicina narrativa ayuda a prevenir el desgaste profesional, conocido como burnout.

Humanizar la práctica médica en un doble sentido

Desde la MN, reconocer el valor narrativo del encuentro clínico permite comprender que la realidad -también la realidad científica- está mediada por interpretaciones. "Son las historias las que nos permiten construir significado y tejer vínculos", dice María Luján Enrique, médica pediatra y coordinadora de talleres de MN en el HIAEP Sor María Ludovica de La Plata. En definitiva, humanizar la atención y el cuida do significa centrarnos en la persona, con una mirada transversal, y dejar de ver solo un diagnóstico. Esto permite comprender que cada paciente, cada persona, tiene una historia y que conocerla es tan importante como saber interpretar sus signos clínicos.

Y, sobre todo, "humanizar también implica reconocernos como profesionales vulnerables, necesitados de escucha, contención y aprendizaje continuo", refuerza María Luján. Por eso la MN es humanizar la práctica en un doble sentido: porque también permite reconocer a las y los profesionales en esa imperfección, alejada del endiosamiento en el que nuestra cultura los ha ubicado. La competencia técnica, claro está, es indispensable aunque no suficiente; se requiere también de empatía, sensibilidad y reflexión ética, todas aptitudes entrenables.

Como plantea la Sociedad Argentina de Medicina Narrativa (SAMEN), la MN es una invitación a reflexionar sobre aquello que desborda el paradigma biomédico de la propia práctica profesional, los impactos emocionales y los dilemas éticos que se plantean en el día a día.

Taller de medicina narrativa a cargo de M. Luján Enrique, “Narrar para pensarnos”. Residencia de Pediatría Hospital de Niños de La Plata

Un encuentro, no un protocolo

Para María Luján, la MN ayuda a correr el eje: en lugar de pensar la consulta como un trámite, la propone como una conversación que contiene, que acompaña y que también da lugar a los silencios. "También los profesionales aprendemos a hacer silencio, a escuchar, a entender mejor los gestos y las necesidades de quien está atravesando una interrupción de la salud", dice, y aclara que prefiere hablar así, de interrupción de la salud, y no de enfermedad. Ese cambio de posición -bidireccional, no vertical- es central: "No sé si cura, pero estoy segura que sana", resume.

Aprender a interpretar la vivencia subjetiva de cada paciente forma parte de esa misma competencia. Enrique lo ejemplifica con un caso cotidiano: un motivo de consulta puede ser la sensación de falta de aire, que el equipo de salud va a traducir clínicamente como disnea. Pero además de eso, la pregunta que propone la MN es cómo está viviendo esa persona lo que le pasa: si hay miedo, si hay preocupación. Esa mirada, sostiene, transforma la relación médico-paciente: en lugar de enfocarse en la enfermedad, permite ver a la persona en su totalidad, con sus emociones y su contexto familiar y social. Y cuando ese contexto también se entiende, el diagnóstico mejora y las indicaciones terapéuticas se vuelven más efectivas. La consulta, así, se convierte en un encuentro de confianza en tiempos despersonalizados y tecnologizados.

Y todo esto, ¿con qué se come?

María Luján Enrique cuenta que "escuchar y escucharse, interpretar e interpretarse, sentir y sentirse, son actos que expanden la mirada y fortalecen los vínculos asistenciales". La MN viene a poner sobre el tapete que leer, revisar textos y escribir de manera reflexiva tienen un valor terapéutico importante: "En medio del caos, narrar no solo ordena, sino que también cura", dice Enrique.

Por eso, la medicina narrativa promueve espacios interdisciplinarios para compartir experiencias, escribir, leer y pensar en grupo. En formato de taller, estos espacios se presentan como lugares de encuentro, conexión y pausa. Son refugios para parar la pelota, revisar el trabajo cotidiano, repensar la práctica. La propuesta, además, no se limita a la escritura: a través de distintos lenguajes, como el del arte, los equipos de salud pueden abordar malestares propios que a veces son individuales y a veces grupales, personales o laborales. Trabajar en contacto permanente con el dolor y la incertidumbre de otra persona tiene un costo, y para Enrique los talleres de MN deberían ser justamente eso: un espacio cuidado, dedicado, también, al bienestar de quienes cuidan.

Taller de medicina narrativa, a cargo de M. Luján Enrique y Felicitas Salessi. Residentes de Tocoginecología y Obstetricia

La base neurocientífica de la prevención del burnout

El vínculo entre la MN y la prevención del burnout, no es solo una intuición clínica; según cuenta Enrique, ya hay investigaciones y artículos que lo respaldan. La explicación tiene una base neurocientífica concreta: ordenar las vivencias de la enfermedad, darles un significado y resignificarlas en el ejercicio de la profesión desactiva las respuestas de alarma del cuerpo y disminuye la activación de los circuitos de alerta del sistema nervioso. Ese proceso permite procesar el peso emocional de la profesión y combatir el agotamiento y la frustración que puede generar, por ejemplo, algo que le pase a un paciente, algo que Enrique señala como parte habitual del oficio.

La escritura reflexiva, la historia clínica paralela y los talleres de medicina narrativa funcionan, en ese sentido, como vías concretas para liberar tensiones contenidas, fomentar la empatía y el trabajo en equipo, y sostener una mirada colectiva y autorreflexiva sobre la propia práctica. "Sentir y sentirnos está bien, encontrarnos está bien, sabernos vulnerables está bien", dice Enrique, y ahí aparece otra idea que atraviesa toda la entrevista: ejercer la profesión también implica hacerlo desde la propia historia, y eso interpela, y está bien que interpele.

Taller de medicina narrativa, a cargo de M. Luján Enrique y Felicitas Salessi. Residentes de Tocoginecología y Obstetricia

Un enfoque que se expande

La MN es aplicable en todos los sectores, tanto público como privado, y a todos los integrantes del equipo de salud, en cualquiera de sus disciplinas, no solo a médicos y médicas. Se plantea como un complemento de la medicina basada en evidencia, no como una alternativa que la excluya. De hecho, dentro de la SAMEN hoy se debate el propio nombre: la palabra "medicina" podría sugerir que el enfoque les cierra la puerta a otras disciplinas, cuando en realidad ocurre lo contrario, es una puerta que se abre e invita a encontrarse desde otro lugar.

Ese crecimiento también se nota en la formación: cada vez son más las universidades que incorporan la MN a la carrera de grado, generalmente a través de seminarios dentro de alguna materia, y también son cada vez más las residencias -públicas y privadas- que la suman en formato taller. Para Enrique, esa expansión responde a una idea de fondo que es formar profesionales pensando en las personas y no en los enfermos, en la salud y no en la enfermedad, en las propias fragilidades y no en el superhéroe o la superheroína que se espera que sean. Pensar en dar espacios de escucha atenta a quien consulta, en lugar de resolver rápido con un estudio o una receta. Sumar la medicina narrativa a la medicina basada en evidencia, cierra Enrique, sería ideal porque transformaría en más humana a la más humana de las profesiones.

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