Bolsonaro responsabilizó al juez Cristiano Zanin, también integrante del STF, por una supuesta alteración del resultado electoral. En particular, cuestionó los “más de 10 millones de votos” que atribuyó al crecimiento de Lula entre ambas vueltas y relacionó esa diferencia con la extensión del horario de votación.
Flávio Bolsonaro desconoció el resultado de las últimas elecciones en Brasil
Zanin había autorizado que los centros electorales permanecieran abiertos hasta las 19. Sin embargo, los registros del Tribunal Superior Electoral (TSE) indican que después de las 17 solamente se contabilizaron 34.000 votos. Esa cifra contradice la acusación del senador, que no presentó elementos para demostrar una manipulación de los resultados.
El viaje y los agradecimientos internacionales
El senador salió de Brasil por un paso fronterizo con Argentina y continuó su viaje en un avión privado. La aeronave realizó una escala en Ecuador antes de llegar este miércoles a Miami, donde el dirigente se instaló después de que la Justicia brasileña ordenara la entrega de sus documentos de viaje.
Desde territorio estadounidense, Bolsonaro expresó su reconocimiento a Milei por su "coraje y sentido de la justicia y la legalidad". También agradeció a Trump por recibirlo en Estados Unidos y anunció su intención de dirigir la oposición brasileña desde el exterior, pese a haber perdido las elecciones presidenciales.
La salida del país y el desconocimiento de los resultados representan un cambio respecto de la postura que había manifestado el martes. Entonces, el senador había descartado abandonar Brasil y había anunciado que no continuaría con los intentos de anular la elección, aunque previamente había expresado su rechazo a la derrota.
Las contradicciones tras la derrota electoral
Las diferencias entre las declaraciones del senador también habían provocado discusiones dentro de su propio equipo de campaña. Integrantes de la conducción electoral señalaron que el lunes intentaron convencerlo de modificar sus expresiones del domingo, cuando había anticipado que no reconocería el resultado desfavorable de las urnas.
Bolsonaro le agradeció Milei por su “coraje y sentido de la justicia y la legalidad”
Pese a esas conversaciones, Bolsonaro volvió a desconocer el triunfo de Lula y decidió continuar su actividad política fuera de Brasil. Su declaración mantiene las acusaciones de fraude sin respaldo probatorio y plantea un nuevo escenario para la oposición, mientras sigue abierta la investigación judicial por presunto lavado de dinero.
La carta completa
Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente electo de Brasil.
Ante todo, quiero agradecer al presidente Milei por su valentía, su sentido de la justicia y su respeto por la legalidad; también al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por acogerme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que la gente buena de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.
La noche del domingo, vi con estupor cómo se consumaba un fraude electoral ante mis propios ojos. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se materializara una imposibilidad matemática, logrando que Lula sumara más de 10 millones de votos adicionales entre la primera y la segunda vuelta. Una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF), adoptada por encima de las competencias del Tribunal Superior Electoral (TSE), extendió el horario de votación a última hora; la orden llegó incluso después de concluido el horario legal, cuando las urnas ya habían cerrado. Los electores quedaron sujetos a reglas distintas. Hasta ahora, el TSE se ha limitado a defender la prórroga del horario, sin ofrecer ni una sola respuesta creíble. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña, hubo abuso de poder político y económico, así como el uso del aparato estatal en favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la candidatura de Lula y Alckmin.
La respuesta del régimen a mis cuestionamientos fue inmediata. Como parte de un plan previamente orquestado, apenas siete minutos después de este repugnante fraude electoral, el juez —quien está implicado en un enorme escándalo de corrupción y fue mencionado directamente en la investigación utilizada para intentar confiscar mis pasaportes (y que, muy probablemente, estaría en prisión si no hubieran impedido mi toma de posesión)— puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al estar inhabilitado desde el origen y ser totalmente parcial para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actos procesales pone de manifiesto la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad que están teniendo lugar.
No era mi intención abandonar mi patria, pero sé exactamente a dónde conducirá esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y que se extendió a miles de otros brasileños patriotas —ciudadanos comunes e incluso estadounidenses—, tiene un único objetivo: silenciar a cualquiera que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de una Corte Suprema instrumentalizada por la organización criminal petista.
Para que quede claro: no existe ninguna orden de detención en mi contra, porque no he cometido ningún delito. Lo que hay es una ‘caza de brujas’ motivada políticamente, cuyo fin era convertirme en rehén y objeto de chantaje para proteger de un proceso de destitución a los jueces corruptos de la Corte Suprema. Este es el guion de la persecución: incautación del pasaporte, uso de tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, un juicio farsa y, finalmente, una condena política.
No voy a someter a mi familia a esto, y mi país no merece pasar de nuevo por esta vergüenza internacional. Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, he traído a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco, una vez más, al presidente Trump y al gobierno estadounidense por acogernos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.
Quiero dejarlo claro: no he huido de Brasil; he salido por Brasil. He escapado de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece; pues, estando callado, encarcelado y censurado —como lo está mi padre—, no podría ejercer ese liderazgo. De lo contrario, quedaríamos entregados al teatro institucional de una oposición castrada, controlada por una Corte Suprema repleta de serviles al régimen. No soy el primero en tener que luchar por su propio país estando lejos de él. Rui Barbosa partió al exilio por enfrentarse a la arbitrariedad de Floriano Peixoto y, desde allí, siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró la Francia Libre desde Londres —condenado a muerte por el régimen de Vichy— y regresó para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista; por su parte, María Corina Machado, aun siendo perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los llamó de otra manera.
Este es solo el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles —no solo a mis 60 millones de electores, sino a todo el pueblo brasileño— que yo soy el presidente electo, y que los criminales que robaron la elección en Brasil forman parte de una organización criminal que ha instaurado una tiranía. A ustedes, que anhelaban un cambio: no los voy a abandonar; seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.
A las instituciones brasileñas les hago un llamamiento: esta locura debe terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y de persecución política, en la que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ninguna nación puede vivir en paz o prosperar así. Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los Poderes y devolver a los brasileños la confianza que han perdido.
A la comunidad internacional, les pido: no normalicen lo que está ocurriendo en Brasil. Lo que sucede hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como algo normal.
A los senadores, diputados y gobernadores a quienes ayudé a ser elegidos, y en especial a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para el pleno ejercicio de la actividad política. Por eso, lideraré la oposición desde aquí. Diré lo que ustedes, allí, no pueden decir, y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.
Y a ti, que votaste por mí y sueñas con el cambio: no estamos derrotados y no estamos solos. Este es solo el comienzo de nuestra lucha por la democracia, por los derechos humanos y por la libertad en Brasil. En los próximos días, me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo popular con el que contamos —por todos los medios pacíficos y legítimos— para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Pido a cada uno que permanezca firme y que jamás se rinda.
Salí de Brasil, pero no he abandonado a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.
Que Dios bendiga a Brasil.