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¿Cómo afecta al desarrollo del cerebro recibir o hacer bullying en la infancia y la adolescencia?

El bullying y la violencia en las escuelas no solo ejerce un profundo daño en los chicos que la sufren, sino que incluso afecta a quienes lo ejercen.

El bullying que sucede en las escuelas o en los grupos de WhatsApp de estudiantes platenses no es "cosa de chicos"; es una realidad que escala a niveles críticos y que altera la biología de todas las personas involucradas.

La mente y el cuerpo no son compartimentos estancos: lo que vivimos se traduce en la piel, la postura y, fundamentalmente, en la arquitectura del cerebro. Cuando un niño o una niña atraviesa una situación de acoso, el impacto es tan fuerte que el sistema cognitivo suele debilitarse o bloquearse. Esto dificulta verbalizar el dolor y la situación, lo que lleva a la vergüenza y concluye con el sentimiento de culpa por el daño que se está recibiendo.

Lo que la mente no puede poner en palabras, sin embargo, el cuerpo lo grita: aparecen los desórdenes intestinales, las dificultades para dormir, los cambios en la postura y una baja en el sistema inmune. El cerebro "vive pero no vive" la situación; la guarda como un trauma que se manifiesta físicamente y que no puede procesar cognitivamente.

Bullying violencia escolar

Estudios profesionales revelan que el bullying no solo genera serios trastornos en quienes los sufren, sino también entre quienes lo ejercen

Investigaciones realizadas en Estados Unidos y Europa trabajan sobre el hecho de que el bullying afecta tanto a quien padece el acoso como a quien lo realiza. La ciencia de la neuroimagen habla de que es imposible dañar sin dañarse:

Acompañar frente al bullying

El comportamiento de las y los más chicos es reflejo de una sociedad adulta que ha normalizado la violencia como forma de resolución de conflictos; entornos donde el grito, la descalificación –en redes sociales, en la calle– y la falta de empatía son moneda corriente; situación que se profundiza con la inestabilidad económica en contextos de crisis. Esta cultura de la agresión actúa como un espejo negativo para las niñeces y juventudes: si las personas adultas resuelven las diferencias mediante el maltrato o la exclusión, se envía un mensaje acerca de que ese es un camino válido. El bullying en las escuelas es, en gran medida, el síntoma de una comunidad que necesita revisar sus propios vínculos para dejar de heredar patrones que lastiman.

El bullying en las escuelas es, en gran medida, el síntoma de una comunidad que necesita revisar sus propios vínculos para dejar de heredar patrones que lastiman

Para proteger el desarrollo emocional de un niño o niña que está siendo agredida, el primer paso de las personas adultas es ofrecer un espacio seguro. UNICEF destaca que es vital escuchar de manera abierta y tranquila, validando los sentimientos sin juzgar ni minimizar lo ocurrido. Lejos de presionar para que "se defienda" de la misma forma, es necesario asegurarle que no hay algo malo en él o ella. La clave está en trabajar junto a la escuela para establecer un plan de seguridad y protocolos de acción, e identificar personas adultas de confianza y lugares seguros, mientras se alienta a recuperar o sostener sus vínculos afectivos –fuera del conflicto– para fortalecer su autoestima.

Por otro lado, acompañar a quien ejerce el acoso también es importante. No significa justificar la violencia, sino entender qué hay detrás de esa conducta. Según UNICEF, es fundamental hablar para entender por qué se actúa así: ¿está bajo mucho estrés, tiene dificultades para "encajar" o está repitiendo patrones que ve en su entorno? El enfoque debe ser la responsabilidad educativa: que se comprenda el impacto real de sus actos en la otra persona y que existan consecuencias claras y reparadoras, no castigos vacíos. Enseñar formas constructivas de manejar las emociones y resolver conflictos es fundamental para revertir esa "desconexión" y reconstruir la capacidad de empatía.

En esta línea, el espacio escolar es mucho más que un lugar de aprendizaje académico; es la oportunidad para que niñeces y juventudes tengan experiencias de convivencia. Construir vínculos democráticos, basados en el respeto y el cuidado mutuo es una necesidad social y biológica para un desarrollo cerebral saludable. En este camino, la Educación Sexual Integral (ESI) se vuelve una herramienta importante: permite valorar los afectos, registrar y expresar lo que sentimos y, fundamentalmente, abrazar la diversidad de identidades y corporalidades como una forma de proteger el bienestar común.

violencia escolar

El abordaje del acoso escolar es una trama compleja que sobrepasa la voluntad individual

Finalmente, es necesario comprender que el abordaje del acoso escolar es una trama compleja que sobrepasa la voluntad individual o el simple "pedir disculpas". Debido a la profundidad de los cambios biológicos y emocionales, la intervención de profesionales de la salud -como psicólogos/as o psicopedagogos/as- no debería ser un recurso opcional, sino una necesidad en la gran mayoría de los casos. Tener este acompañamiento es clave para desarticular la escalada de agresión y garantizar que el impacto en el neurodesarrollo no se transforme en una secuela permanente.

Resulta imprescindible revisar los propios vínculos y acciones –en casa, en el trabajo, en la facultad, en redes sociales– como primer paso para dejar de promover una cultura de la agresión. Bregar por una convivencia basada en el cuidado mutuo, la empatía y la gestión de las emociones es, en definitiva, proteger la salud mental de las y los más jóvenes, las personas adultas de un futuro que no está tan lejos.

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