El domingo 17 de septiembre de 2006, Julio López decidió quedarse solo a mirar Fútbol de Primera cuando su mujer y su hijo Gustavo se fueron a dormir. Al otro día tenía que ir a la Municipalidad de La Plata a escuchar los alegatos del juicio de Miguel Etchecolatz. Ningún familiar lo volvió a ver desde entonces.
Gustavo amaneció el lunes a las 7.30, una hora antes del horario pautado para salir. Vio que la ropa que debía usar su papa seguía apoyada sobre la silla, en el mismo lugar que la había dejado la noche anterior. Minutos después lo fue a buscar a la pieza, pensando que se había dormido. No lo encontró.
Hugo Savegnano, su primo, había quedado en llevarlos en auto. Llegó a las 8.30. Decidieron ir igual, bajo la sospecha que Jorge se había ido por su cuenta. Desde ese día lo siguen buscando. Este jueves se cumplen 20 años de su segunda desaparición.
No está comprobado si Jorge Julio López se fue solo o si lo secuestraron. Una de las líneas de investigación contempla el testimonio de cinco vecinos de Los Hornos que aseguran haberlo cruzado el 18 de septiembre en el barrio. Desde la dirección de su casa, en 140 y 69, hasta el último lugar que lo rastrearon, en 135 entre 66 y 67, hay 8 cuadras de distancia. Lo vieron en un lapso de una hora, entre las 9.30 y las 10.30.
La casa de Julio López en 69 y 140, de donde salió en la madrugada del 18 de septiembre
El último lugar donde una persona declaró haberlo visto a fue en 66 y 138. El dato final, que lo sitúa en 135 entre 66 y 67, fue reconstruido por el trabajo de perros policiales. Pero la cuadra de 66 y 138 cobró relevancia porque en esa calle vivía Susana Beatriz Gopar, integrante de la Policía Bonaerense cuyo nombre aparecía en una agenda de Miguel Etchecolaz.
La reconstrucción de los pasos de Julio López
Julio López desapareció entre la noche del domingo y la mañana del lunes. Su esposa, Irene y su hijo, Gustavo, no escucharon nada. Sus perras, Lupita y Violeta no ladraron. No había signos de violencia en la casa. No se llevó la ropa que iba a utilizar en el juicio. De su vivienda, faltaban unos borceguíes viejos, que usaba para embarrarse y un cuchillo que utilizaba frecuentemente.
La Justicia reconstruyó una serie de pasos que habría dado. Según determinó la investigación, salió de su casa por sus propios medios. Un vecino, Oscar Mugaburo, lo vio en 140 y 68 entre las 9 y las 9.30. Se cruzaron de manera fugaz. Armando Efesi, otro vecino que conocía a López, lo vio pasar frente a su casa en calle 140 entre 66 y 67, entre las 9.30 y las 10. Stella Monetti, quien trabajaba en un kiosco en 137 entre 66 y 67, lo vio pasar mientras barría la veredaentre las 10 y las 10.30.
Horaacio Abel Ponce, vecino que lo conocía desde hacía décadas, circulaba en su camioneta y se detuvo en una pollería de la zona cuando lo vio pasar por la avenida 66, entre las calles 137 y 138. Ponce recordó que López estaba parado de espaldas a la calle y mirando hacia las fachadas, como si estuviera buscando algo, entre una verdulería y un local de Edelap.
Julio López, el día que aportó un testimonio clave para condenar a Miguel Etchecolatz
Un camino en zigzag
En diciembre de 2008, el juez Arnaldo Corazza ordenó una reconstrucción del recorrido. La medida fue realizada con la participación de peritos, familiares y cuatro testigos. El objetivo era reproducir sobre el terreno los últimos pasos que habían quedado asentados en los testimonios. El recorrido comenzó en 140 y 69, la casa de López. Desde allí los investigadores avanzaron por calle 140 hasta la avenida 66. Luego siguieron por la avenida 66 hacia la calle 137. Después tomaron calle 137 hasta 67, retomaron la avenida 66 y continuaron hasta calle 135. La reconstrucción llamó la atención por la forma del trayecto.
No se trataba de una caminata directa desde la casa. El recorrido tenía cambios de dirección y fue descripto por la familia como un camino "en zigzag". Esa particularidad ya había aparecido en el trabajo de los perros policiales. Su hijo de Rubén López explicó entonces que los animales habían marcado un recorrido que resultaba llamativo por sus desvíos. Después de la avenida 66 aparece el dato más importante de toda la reconstrucción. Los perros policiales siguieron el rastro de López hasta calle 135, entre 66 y 67.
Según relató posteriormente Rubén, allí los animales dejaron de seguir el rastro. La referencia aparece también en distintas reconstrucciones periodísticas del caso: el recorrido canino llegó hasta el frente de una vivienda ubicada en ese sector y allí se perdió.
Este punto es distinto del lugar donde Ponce dijo haberlo visto por última vez, en 66 entre 137 y 138. Los perros, en cambio, llevaron el rastro hasta 135 entre 66 y 67. Es decir que, de acuerdo con esa reconstrucción, después de que un vecino lo viera por última vez, López habría continuado caminando aproximadamente otras dos cuadras.
135 entre 66 y 67, Los Hornos. La calle donde los perros de la Policía perdieron el rastro de López
Hay, por lo tanto, una ventana temporal de aproximadamente una hora y media en la que diferentes personas supuestamente fueron viendo a López desplazarse por un radio relativamente reducido de Los Hornos.
Lo que ocurrió entre la casa de López y el punto donde desapareció sigue sin respuesta. La investigación nunca pudo establecer por qué salió de su vivienda antes de que llegaran su hijo y su sobrino, hacia dónde se dirigía exactamente ni con quién pensaba encontrarse.
En 2026, el recorrido sigue teniendo además una dimensión de memoria. Este sábado, con motivo del 20º aniversario de la desaparición, se organizó en Los Hornos la actividad "Por las veredas de López", un recorrido a pie que parte precisamente del mural ubicado en 140 y 69 para recorrer distintos puntos del barrio vinculados con su historia.