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Leonardo Fossati, el nieto recuperado que convirtió su búsqueda en una bandera de lucha

Leonardo Fosatti conoció su identidad a los 28 años y, desde entonces, su vida dio un vuelco. Ahora fue designado subsecretario de Derechos Humanos de La Plata.

La historia del platense Leonardo Fossati es la de una persona que, tras descubrir su verdadera identidad, decidió transformar su experiencia en un motor de lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Desde entonces, su militancia lo llevó a trabajar activamente por esas bandera y, en ese camino, este jueves fue designado como subsecretario de Derechos Humanos de la gestión del intendente de La Plata, Julio Alak.

Su historia es una de las casi 140 que lograron reconstruirse gracias al trabajo incansable de Abuelas de Plaza de Mayo. Nació el 12 de marzo de 1977 en la comisaría Quinta de diagonal 73 entre 24 y 25, uno de los centros clandestinos de detención más grandes del denominado Circuito Camps que operaba en la región durante la última dictadura.

Su madre, Inés Beatriz Ortega, de 17 años, dio a luz atada de pies y manos, asistida por el médico policial Jorge Antonio Bergés, según el testimonio de la sobreviviente Adriana Calvo.

Luego del parto, Leonardo fue apropiado y entregado a una familia de civiles tras una adopción no formal. Creció en La Plata junto a una hermana cinco años mayor, sin sospechar que su verdadera identidad había sido arrebatada.

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Leonardo Fossati, flamante subsecretario de Derechos Humanos de La Plata

Las primeras dudas de Leonardo Fossati

De acuerdo a lo que ha expresado Leonardo en distintas entrevistas, e incluso al dar testimonio en el juicio a los jerarcas del Circuito Camps, desde niño notaba que sus padres de crianza eran mayores en comparación con otros, que no tenía un parecido físico con ellos ni con su hermana y que no había fotos de embarazos en su familia.

En la adolescencia, esas dudas crecieron, pero siempre se conformó con la idea de que su madre lo había abandonado y que su familia de crianza lo había elegido y criado con amor. Sin embargo, todo cambió cuando se convirtió en padre a los 20 años. "Con las nuevas experiencias, no dejaba de preguntarme qué le puede pasar a una persona para abandonar a un hijo", recordó Fossati en algunas de sus entrevistas. Fue entonces cuando decidió buscar respuestas.

Al hablar con su familia de crianza, descubrió que había sido comprado a una partera que les contó una historia de abandono. Buscó información sobre ella, pero había fallecido y su rastro se perdió. Fue una compañera de un taller de teatro quien le sugirió que acudiera a Abuelas de Plaza de Mayo. "Yo solo conocía los casos de hijos de desaparecidos apropiados por militares o policías. Jamás me imaginé en esa situación porque mi familia de crianza no tenía vínculo con las Fuerzas Armadas ni comulgaba políticamente con sus ideas", contó.

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Hasta ser designado en el centro de memoria de la exComisaría Quinta, Leonardo Fossati dirigía ese espacio

El encuentro con su identidad

En 2004, decidió realizarse los análisis genéticos. Nueve meses después, en agosto de 2005, supo que era hijo de Inés Beatriz Ortega y Rubén Leonardo Fossati, militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y la Juventud Universitaria Peronista, secuestrados en enero de 1977.

Su madre fue vista en la comisaría Quinta de La Plata y en el centro clandestino de detención Pozo de Arana. Su padre fue trasladado a la Brigada de Investigaciones de La Plata. Ambos continúan desaparecidos.

"Recibir la noticia fue muy fuerte. Lindo y duro a la vez, porque me encontré con una familia muy desmembrada", relató Leonardo. Su abuelo paterno había fallecido de leucemia cuando su padre pasó a la clandestinidad, y su abuela sufrió un ACV tras la desaparición de su hijo. Del lado materno, pudo reencontrarse con su tía melliza y con sus primos en Venezuela, con quienes estableció una fuerte relación.

"Fueron personas comprometidas que, sabiendo el peligro que corrían, decidieron seguir adelante. A mi papá lo torturaron mucho, pero quedó claro que no dijo una sola palabra porque no se llevaron a nadie por él", ha relatado Fossati sobre esa historia.

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Un compromiso con la memoria

Recuperar su identidad fue solo el comienzo. Leonardo decidió honrar la memoria de sus padres y de los desaparecidos involucrándose en la lucha por los derechos humanos. Después de recuperar su identidad, empezó a colaborar en Abuelas de Plaza de Mayo, brindando su testimonio en diferentes instituciones, universidades, colegios secundarios y primarios. Y con el tiempo se fue involucrando cada vez más con la institución, a punto de empezar a representarla en diferentes ámbitos, como el Instituto Espacio para la Memoria y en el directorio de lo que sería el espacio de memoria en la exESMA.

En ese marco, se convirtió en representante de Abuelas en varias instancias, en viajes en Argentina y en el exterior, llevando la voz de la institución y sosteniendo viva la búsqueda permanente de los nietos que aún quedan por localizar. En aquel momento también participó de la creación del museo en la exESMA, lo cual permitió potenciar de manera exponencial las visitas al predio.

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En La Plata, en 2011 fue parte de la querella junto a Abuelas de Plaza de Mayo en el juicio Circuito Camps, que involucraba a la comisaría Quinta como centro clandestino de detención y tenía entre las víctima a sus padres. En ese marco, le tocó leer los alegatos solicitando por parte de Abuelas y representando a las diferentes querellas, la desafectación de la comisaría Quinta y el destacamento de Arana, que todavía estaban en manos policiales.

Finalmente, en diciembre de 2012 la Justicia instó al Poder Ejecutivo provincial a ejecutar esas desafectaciones que se concretaron. Fossati quedó entonces a cargo del proyecto por parte de Abuelas para buscar que se cumpla con esa sentencia y luego crear el Espacio para la Memoria junto con un equipo de Abuelas de Plaza de Mayo y la entonces Secretaría de Derechos Humanos bonaerense. Desde entonces, coordinó hasta la actualidad ese equipo en las distintas etapas, que incluyeron la señalización en 2013, la desafectación parcial en 2014 y luego la desafectación total en 2018.

El último paso del cual participó el flamante subsecretario de Derechos Humanos, es la inauguración y puesta en valor de la totalidad del edificio histórico, completando el proyecto.

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