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La historia de los comercios familiares de La Plata que buscan subsistir juntándose en red

Librería La Normal, Casa Peroni y la panadería El Mortero superan los 65 años de historia y se suman a una red para sostener comercios históricos en La Plata.

En una ciudad donde muchos locales tradicionales fueron cerrando en los últimos años, un grupo de comerciantes impulsa la creación de la Red de Comercios Familiares Históricos de La Plata, una iniciativa que busca visibilizar, proteger y fortalecer a los negocios con más de 65 años de trayectoria que forman parte de la identidad cotidiana de los platenses.

La propuesta apunta a generar acciones conjuntas con la Municipalidad de La Plata, impulsar políticas públicas de acompañamiento y reconocer a estos locales como parte del patrimonio cultural vivo platense para gestionar acciones que les permitan transitar la crisis de venta y subsistir sin bajar sus persianas.

Detrás de esa iniciativa hay historias familiares que atravesaron generaciones y que hoy enfrentan desafíos similares: caída del consumo, aumento de costos y cambios en las dinámicas comerciales. Frente a ese escenario, comerciantes históricos decidieron organizarse y apoyarse entre sí para sostener sus negocios y preservar su legado.

Los comercios históricos de La Plata

Entre los comercios que forman parte de esta iniciativa se encuentran La Pirucha de 3 y 65, el local de venta de café La Bastilla de 15 y 40, la Sedería La Plata de 8 y 54, la Carnicería Santa Lucía de 8 casi 55 y Carteles Bianchi ubicado en Plaza Alsina. Pero también otros locales emblemáticos: Casa Peroni, dedicada a los uniformes desde 1950 en la zona de 11 entre 68 y 69 y la panadería El Mortero de 64 entre 1 y 2.

Carnicería Santa Lucía (1)

La carnicería Santa Lucía refleja su historia desde la vidriera, con una foto de sus primeros años

Con el correr de los días, se sumaron otros como Casa Scholl: el comercio de podologia integral de 50 entre 5 y 6; ferretería La Campana, de 11 y 49; la librería La Normal, que tiene 140 años de historia, en 7 entre 55 y 56; la relojería y joyería Testa, ubicada en la mano de enfrente y la casa de instrumentos musicales La Central, en la misma cuadra.

Más de 130 años de historia y cuatro generaciones

La historia de La Normal Libros se remonta al siglo XIX. Su fundador, Martín García Navarro, llegó en 1885 desde Barcelona a la Argentina y en 1892 abrió una pequeña librería en calle 8 entre 57 y 58, apenas diez años después de la fundación de La Plata. El nombre surgió por la cercanía con la Escuela Normal Popular que funcionaba en esa cuadra.

Con el paso de los años el negocio creció y se trasladó en 1903 a la esquina de 7 y 55. Allí comenzó a consolidarse como una referencia cultural de la ciudad y también como un emprendimiento familiar que atravesó generaciones. En 1930 Martín incorporó a su hijo a la librería, iniciando así la segunda generación del negocio.

Librería La Normal

El registro más antiguo que existe de la librería La Normal, en 1903

Décadas más tarde, en 1968, la librería se mudó a la calle 7 Nº 1258 y la tradición continuó con Jorge García, quien en 1986 impulsó la construcción de un nuevo edificio en la calle 7 Nº1125 -una réplica modernizada de la librería original- que se inauguró en 1993. Ese nuevo local también introdujo una innovación poco común en aquel momento: exhibir los libros de frente y no de perfil, cambiando la forma en que los lectores se acercaban a las estanterías.

Jorge García de Librería La Normal

La Librería La Normal en la actualidad y Jorge García, la cuarta generación de un comercio con 140 años de historia

A lo largo del tiempo, La Normal se transformó en mucho más que un comercio. Desde allí se organizaron actividades culturales, presentaciones de libros y la Expo-Feria del Libro de La Plata, además de donaciones a bibliotecas, escuelas y hogares.

Librería La Normal (2)

El frente de La Normal, en 7 entre 55 y 56

Hoy la librería sigue apostando a la innovación sin perder su esencia. Entre los proyectos actuales se destacan talleres literarios gratuitos para niños, con el objetivo de fomentar el hábito de la lectura utilizando herramientas tecnológicas.

“Muchas veces digo que si alquilara el local tendría ganancia segura, pero es impensado. Mientras podamos, la vamos a seguir sosteniendo”, cuentan desde la familia García, que hoy administra el negocio con la convicción de que la librería ya es parte de la historia de la ciudad.

Libería La Normal

La Normal, entre 1999 y 2000, cuando se hizo el Primer Club de Fans de Harry Potter de Argentina

Uniformes que vistieron a generaciones de platenses

Desde 1950, Casa Peroni forma parte del paisaje comercial de La Plata. El negocio nació cuando su fundador Pedro Alberto Peroni, un sastre de oficio, comenzó a recibir pedidos de un colegio que necesitaba capas y boinas para sus estudiantes. A partir de esos encargos empezó a diseñar y confeccionar uniformes, guiando a otros trabajadores y realizando él mismo las molderías.

Con el tiempo el emprendimiento –desde su histórico local en la esquina de 11 y 68– se transformó en una empresa familiar dedicada íntegramente al diseño y confección de uniformes, con una atención personalizada que acompaña a cada cliente desde la elección de las telas hasta la entrega final de las prendas.

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Una foto de los inicios de Casa Peroni, en la esquina de 11 y 68, con Pedro junto a sus hijos

El crecimiento del negocio también estuvo marcado por el esfuerzo cotidiano. El propio fundador armó las estanterías del local trabajando hasta la madrugada, mientras su esposa Carmen Fiscarelli se ocupaba de la atención al público.

En 1996 la segunda generación, con Alberto Peroni, tomó las riendas del comercio y comenzó un proceso de actualización que transformó el concepto tradicional de uniforme escolar. Las prendas rígidas y formales fueron reemplazadas gradualmente por opciones más cómodas y deportivas, como chombas, remeras y equipos deportivos.

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Casa Peroni actualmente, en 11 entre 68 y 68. Antes de fin de año volvería a la esquina histórica

Casa Peroni también dejó su huella en momentos difíciles. Durante la pandemia impulsaron el grupo solidario “Emergencia Colaboremos Desde Casa”, que reunió a más de 100 modistas voluntarias para confeccionar barbijos y elementos sanitarios destinados a hospitales, centros de salud y fuerzas de seguridad. La iniciativa –según recuerda hoy Alberto Peroni– llegó a reunir 2.600 miembros en redes sociales y fue reconocida por la Cámara de Senadores.

Hoy, mientras preparan la inauguración de un nuevo espacio en la esquina del local, la familia planea exhibir herramientas históricas del negocio: las molderías originales, la máquina de coser y las tijeras del fundador.

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Nino Peroni, hijo de Alberto y nieto de Pedro Alberto, la nueva generación que sigue con el legado familiar

La historia de El Mortero

La Panadería El Mortero, ubicada en 64 entre 1 y 2, es otro de los comercios históricos que forman parte de la identidad barrial de La Plata. Fue fundada hace más de 65 años por Alfredo Miró y desde entonces permanece en manos de la misma familia.

Actualmente el negocio está a cargo de la tercera generación, que continúa trabajando todos los días detrás del mostrador y en la cuadra de producción para sostener un oficio que forma parte de la vida cotidiana del barrio.

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El local de El Morteo, en 64 entre 1 y 2

Uno de los símbolos del lugar es el horno de mampostería, que tiene más de seis décadas y sigue funcionando hasta hoy. Para muchos clientes es parte de sus recuerdos: allí se hornearon durante años el pan y las medialunas que acompañaron la mesa de generaciones de vecinos.

Hace poco tiempo la familia sumó un nuevo capítulo a su historia, con el nacimiento de la cuarta generación. La llegada de su hija tuvo un detalle que para ellos fue profundamente simbólico: nació el 8 de febrero, exactamente el mismo día en que había nacido su abuelo fundador, 95 años antes.

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El horno de mampostería de la panadería El Mortero, de la familia Miró, el emprendimiento de 64 entre 1 y 2

“Cuando vimos esa coincidencia, sentimos algo muy fuerte. Fue como si la historia nos recordara que hay que seguir”, dice Pablo Miró desde la panadería.

Como muchos comercios familiares históricos, El Mortero enfrenta hoy desafíos para sostenerse en un contexto económico complejo. Aun así, la familia asegura que seguirá apostando al trabajo artesanal, a la calidad de siempre y a mantener vivo un lugar que, para muchos vecinos, ya es parte de la historia de la ciudad.

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