La historia de la joven de La Plata que superó la enfermedad de Lyme tras 4 años sin diagnóstico
Mora de Castro fue picada por una garrapata en La Plata y comenzó a tener los síntomas de la enfermedad de Lyme, de la que se desconocen casos autóctonos.
“Volvimos a mirarla a los ojos”, dice Carolina Acevedo en su casa de Gonnet, refiriéndose a su hija, Mora de Castro, que tiene 20 años y ojos oscuros y grandes, al igual que su boca, que a los 5 comenzó a torcérsele por una parálisis facial cuya causa era un misterio. Ese desvío se convirtió en el centro de atención de la familia, en especial de Carolina, que al hablar con su hija no podía evitar que su mirada focalizara en sus labios, ni preguntarse “¿por qué?, ¿hasta cuándo?”.
Pasaron 4 años que incluyeron consultas con pediatras, médicos clínicos, otorrinolaringólogos y neurólogos y tratamientos kinésicos infructuosos hasta que descubrieron que la parálisis del nervio facial era provocada por la bacteria Borrelia burgdorferi, que se transmite por la picadura de una garrapata y es la causante de la enfermedad de Lyme, oriunda de Estados Unidos, cuya existencia autóctona sigue siendo descartada hasta hoy, a pesar de la cantidad de pacientes como Mora que tienen los síntomas sin haber salido de la Argentina.
Una garrapata y síntomas inexplicables
Una mañana de abril de 2010 Carolina peinaba a su hija para llevarla al jardín cuando notó que tenía sangre seca en su oreja izquierda. Revisó y encontró una garrapata pequeña, negra, se la sacó y la tiró. Dos meses después Mora tuvo una gripe fuerte, luego sufrió varias otitis y el pelo comenzó a caérsele del lado izquierdo. A eso se sumó una fatiga constante y un dolor de rodillas tan fuerte que le impedía levantarse de la cama. En simultáneo, avanzaba la parálisis facial.
El otorrinolaringólogo no encontró nada raro, incluso después de consultar con varios colegas. El pediatra constató que no había ningún virus y la derivó con un neurólogo.
—La llevábamos al jardín a rastras porque no quería caminar. Le cambiábamos el pijama en el auto y la hacíamos entrar de prepo —recuerda Carolina—. Después lo tuve que tratar en terapia porque me sentí mala madre.
Mora no tenía diagnóstico pero sus síntomas coincidían con los de la primera etapa de la enfermedad de Lyme, la aguda, en la que la bacteria aún no se ha diseminado por todo el cuerpo. También suele aparecer un eritema migratorio en la zona de la picadura: una aureola rojiza y amplia de centro claro, que en el caso de Mora no fue visible. De haberse detectado en esa instancia, se podría haber tratado con antibióticos y evitar el avance.
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Tras la picadura de la garrapata, puede aparecer un eritema migratorio
En la segunda etapa, de diseminación temprana, la bacteria comienza a propagarse por el cuerpo. Pueden aparecer más eritemas migratorios, dolor de cabeza, debilidad o entumecimiento en los brazos y piernas, cambios en la visión y hasta problemas cardíacos como palpitaciones y dolor en el pecho, además de la parálisis facial. Transcurridas varias semanas o incluso meses, los síntomas remiten mientras se desarrolla la etapa 3, que es cuando la enfermedad se ha esparcido por todo el cuerpo y se vuelve crónica, provocando artritis, migrañas, vértigo, mareos, fatiga severa, dolores en articulaciones y tendones, insomnio, confusión, problemas de concentración y entumecimiento de extremidades.
Cinco meses después de la picadura, desaparecieron la mayoría de los síntomas en Mora pero quedó el dolor de articulaciones y la parálisis facial, que llegó a agravarse al punto en que no podía abrir el ojo izquierdo. Un prestigioso neurólogo de La Plata descartó la existencia de un tumor tras un electromiograma y una tomografía y ordenó sesiones de kinesiología a las que Mora acudió dos veces por semana, sin resultado alguno.
En 2011, otro neurólogo de renombre tampoco encontró qué era lo que afectaba al nervio facial y ordenó más sesiones de kinesiología que tampoco mostraron avances. Para entonces Mora había comenzado la escuela primaria y no quería ir porque sus compañeros la cargaban. Cualquier reunión o festejo le generaban ansiedad porque pensaba que se iban a reír de ella. En su cumpleaños, no quería que le sacaran fotos. Fue entonces cuando comenzó a hacer terapia psicológica.
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Mora De Castro, en su casa de Gonnet
Nicolás Guillones | AGLP
En busca de una respuesta, en 2012 Carolina googleó “parálisis facial” y “dolor de articulaciones” y encontró enfermedad de Lyme. Leyó borrelia, garrapata, nervios, articulaciones y sintió que había descubierto la enfermedad de su hija, pero su ilusión se desvaneció poco después, cuando consultó al neurólogo, que le dijo “es imposible, acá no hay Lyme”. Inconforme, acudió al segundo neurólogo, que le respondió lo mismo. Mora continuó yendo a las sesiones de rehabilitación a pesar de la falta de avances. Asistió a cuatro centros distintos hasta que en 2014 se cansó.
—Estuvimos 4 años sin diagnóstico. Fueron 4 años bravísimos porque el cuadro era siempre peor —afirma Carolina y recuerda que llegó un punto en el que a Mora ya le costaba concentrarse.
A lo largo de esos años, tanto Carolina como el papá, Rodrigo, debieron adaptar su rutina laboral en la Gobernación bonaerense a los distintos turnos con especialistas para que vean a su hija.
—Siempre fuimos a los mejores médicos. Siempre buscando. Íbamos y no encontraban nada, era una consulta vacía. Una vez hice una lista: 36 médicos vimos en total.
La enfermedad de Lyme en Argentina
A fines de 2025, la modelo estadounidense Bella Hadid mostró en sus redes sociales cómo luchaba a sus 28 años contra la enfermedad de Lyme, que contrajo a los 18. Dolor crónico, fatiga extrema, niebla mental, sensibilidad a la luz y al sonido fueron algunos de los padecimientos que relató. Junto a Justin Bieber, Avril Lavigne, Richard Gere, Alec Baldwin y Thalía, la modelo forma parte de la lista de famosos que padecen la enfermedad que cada año afecta a unas 476 mil personas en Estados Unidos, según la organización Global Lyme Alliance.
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La modelo Bella Hadid contó cómo atravesaba la enfermedad de Lyme
Si bien su nombre proviene de la ciudad de Old Lyme, Connecticut, donde fue descubierta en la década del 70, en la actualidad se encuentra diseminada en todo Estados Unidos y en un total de 80 países. Es causada por la bacteria Borrelia burgdorferi, que transmiten las garrapatas del género Ixodes -conocidas como “garrapatas de patas negras”- que hayan picado previamente a un ciervo, ratón o ave silvestre infectado. Dentro de las Ixodes, los principales vectores son las especies scapularis, pacificus, ricinus y persulcatus y, hasta el momento, no se han encontrado en la Argentina.
A pesar de eso, cada vez hay más personas que manifiestan los síntomas sin haber estado en la zona endémica y responden al tratamiento antibiótico. En La Plata, en 2020 se conoció el caso de Mariela Ferenc, pianista y directora de orquesta, quien aseguró haberse contagiado en su adolescencia, en Berisso, y haber pasado varios años sin diagnóstico.
Ese mismo año, ante la circulación de noticias sobre casos autóctonos, la Sociedad Argentina de Infectología publicó en su cuenta de Facebook un comunicado en el que aseguraba que “no hay circulación local de la enfermedad de Lyme” y, entre los casi 100 comentarios en respuesta, al menos siete personas respondieron que la padecían sin haber viajado al exterior y que contaban con estudios que la confirmaban.
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“Es un círculo vicioso”, explica a 0221.com.ar Néstor Stanchi, profesor (retirado) de Microbiología en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y agrega: “Se sostiene que la enfermedad no existe en el país y por eso no se investiga, pero al no investigarse tampoco se puede confirmar su existencia”.
Stanchi aclara que no es especialista en Lyme, pero ha investigado el tema y participado en la publicación de artículos científicos junto al profesor Giusto Trevisan, investigador de la Universidad de Trieste, Italia, autor de más de 90 trabajos sobre la enfermedad. Una de las hipótesis de Trevisan sostiene que “las aves migratorias podrían estar trayendo garrapatas infectadas desde el hemisferio norte, lo que explicaría la presencia de la enfermedad en Argentina”.
En un trabajo de 2024 elaborado por Stanchi, Trevisan y otros nueve autores, se presentan cuatro casos argentinos -que incluyen a una platense de 41 años- que no viajaron al exterior y dieron positivo en las pruebas ELISA -una prueba de laboratorio de alta sensibilidad- y Western Blot, necesarias para confirmar la enfermedad.
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Garrapatas del género ixodes scapularis, una de las especies que operan como vectores de la enfermedad de Lyme
En diálogo con 0221.com.ar, Trevisan agrega un caso reciente de una nena que tuvo el eritema migratorio tras ser picada en Bahía Blanca. “Posteriormente, aparecieron numerosas lesiones cutáneas (...) junto con síntomas generales como fiebre, dolor de cabeza y fatiga”, explica el especialista italiano y agrega: “La prueba de anticuerpos contra Borrelia burgdorferi sensulato resultó positiva mediante ELISA, y se trató con doxiciclina". Según el investigador, la paciente conservó la garrapata, que fue identificada y "se confirmó que se trataba al 100 % de Ixodes ricinus (...) vector de la borreliosis de Lyme en Europa”.
El diagnóstico de Mora
En 2014, Carolina conoció a través de una compañera de trabajo a la pediatra y profesora de Anatomía en la Facultad de Ciencias Médicas, Silvia “Tivi” Casbarro, y llevó a su consultorio a Mora, que entonces tenía 9 años y seguía sin diagnóstico. Tras observar la parálisis facial y escuchar que la había picado una garrapata, la doctora solicitó análisis en busca de la borrelia que confirmaron su presencia en la sangre, mediante PCR. A partir de entonces comenzó a atenderla junto a una infectóloga y le indicó tratamiento antibiótico con doxiciclina, junto con vitaminas B1, B6, B12 y magnesio para fortificar los nervios. Los cambios fueron inmediatos.
—Yo rescato el hecho de que Tivi nos haya escuchado, porque las respuestas anteriores eran ‘No mires internet’. A Mora se le fue terminando todo, todo, todo, hasta que quedó solo en la cara.
Desde entonces, Carolina comenzó a interiorizarse sobre la enfermedad y a participar en grupos de Facebook y de WhatsApp en los que todos lamentaban las dificultades para acceder al diagnóstico y la falta de investigación sobre el tema.
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En 2014, una pediatra detectó que Mora tenía la bacteria de la enfermedad de Lyme en sangre
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Santiago Nava, investigador del Laboratorio de Inmunología y Parasitología del INTA Rafaela, e investigador principal del CONICET, cuenta con una amplia trayectoria investigando a las garrapatas en Argentina. En un estudio de 2025 analiza los conocimientos científicos disponibles en el país sobre las garrapatas y su capacidad de transmitir enfermedades a humanos. El mismo sostiene que, hasta el momento, se han encontrado 55 especies de las cuales 21 han sido registradas parasitando humanos, pero que prácticamente no existen registros de especímenes del género Ixodes que hayan picado a personas, excepto por un caso hallado en Jujuy, en el que no consta que haya transmitido alguna enfermedad.
Nava explica a 0221.com.ar que no basta con que exista un vector (la garrapata) ni con que esté infectado con la bacteria para transmitirla al humano ya que la “capacidad vectorial” de la garrapata depende de ciertos atributos genéticos y fisiológicos, además de cuestiones ambientales y de comportamiento.
El científico explica que, aunque en Argentina circulan bacterias pertenecientes al complejo Borrelia burgdorferi “de patogenicidad desconocida”, las mismas se asocian a vectores cuya capacidad para transmitirlas no es epidemiológicamente relevante porque “la probabilidad de que una de estas garrapatas infectadas pique a un humano adquiere valores muy bajos o nulos en el contexto epidemiológico actual”.
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La bacteria Borrelia burgdorferi
En 2024, especialistas del Instituto Malbrán -la máxima referencia nacional en infectología- hicieron un análisis crítico sobre la enfermedad de Lyme en Argentina en el que se menciona un estudio realizado entre 2014 y 2022 que incluyó a 53 personas que realizaron una consulta por sospecha de esa enfermedad en dicho instituto y que tenían resultados positivos en estudios de laboratorios nacionales e internacionales. Se les tomaron muestras de suero y se enviaron al Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), institución de referencia en Estados Unidos. Del total, solo los 5 casos dieron positivo: los que habían viajado a la zona endémica. El resto, un 91%, fueron falsos positivos.
Hasta ahora, las investigaciones científicas no han confirmado la presencia de Lyme autóctono, lo cual plantea el interrogante sobre qué afecta a quienes dieron positivo en sus estudios tras ser picados por garrapatas y, además, responden al tratamiento antibiótico, cuya respuesta requiere de más investigación. En este punto, Nava responde: “Se ha trabajado y se está trabajando mucho pero, como con muchos temas, siempre es necesario generar más información”.
La vida de Mora después del diagnóstico
—Para nosotros fue mucho alivio —cuenta Mora al rememorar la vida tras recibir el diagnóstico—, fue como decir: ‘Bueno, al final todo esto era por esto’ y cambió un montón.
El tratamiento con doxiciclina se extendió por 2 años, hasta que los síntomas desaparecieron. Si bien la tensión en el rostro de Mora disminuyó, el nervio facial estaba muy afectado, por lo que comenzó un tratamiento en una clínica de rehabilitación neurofísica de La Plata donde hizo todo lo que estaba al alcance de la institución.
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Mora hizo tratamiento antibiótico con doxiciclina
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Hacia 2017 intentó una cirugía reparadora en el Hospital de Clínicas de Capital Federal, donde asistió junto a sus padres con frecuencia y hasta llegaron a programar la operación, pero fue cancelada en dos oportunidades por paros de anestesistas y Mora se cansó.
—Se hizo muy largo todo el proceso —recordó casi 10 años después—. Siempre faltaba algo más para poder llegar a la operación y yo ya no quería saber más nada.
Luego de desistir con la cirugía, comenzaron a llevarla al Hospital Garrahan, el único lugar donde hacían tratamiento con bótox, que le inyectaban cada 15 días para inmovilizar el lado derecho y así forzar movimientos en el contrario. Asistió por 2 años, hasta que logró que la parálisis disminuyera notoriamente.
—Hice un montón de tratamientos distintos —afirma Mora—. Por eso hoy estoy mejor que cuando empecé, que no podía mover ni un poquito. Tampoco recuperé la movilidad al 100% porque la realidad es que el nervio principal se afectó. Y ya está. Pero bueno, mejoré bastante.
El proceso de aceptación de Mora implicó, además de la terapia, el acompañamiento de su familia y de sus amigas de la escuela, a las que consideró fundamentales para refugiarse del bullying. Hoy siente que aceptó su rostro, dice que le gusta contarle a sus amigos por qué se ve así -incluso aunque no se lo pregunten- y hasta es capaz de hacer chistes sobre el tema.
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Mora estudia Cine en la UNLP y este año comenzó la Tecnicatura en fotografía
Nicolás Guillones | AGLP
Actualmente estudia Cine en la Facultad de Artes de la UNLP y en marzo comenzó la Tecnicatura en fotografía. Además, hace un año que está de novia.
—Cuando fui creciendo, me preguntaba un montón si algún día estaría en pareja, más que nada por las inseguridades. Es lindo porque estoy con una persona que desde el primer momento me dijo que mi parálisis no condicionaba en nada lo que sentía por mí.
Desde que terminó su tratamiento, dejó atrás los tiempos de dolor e incertidumbre que comenzaron hace 16 años, con la picadura de una garrapata.
—Abrazo un montón a mi “yo chiquita” —reflexiona al rememorar su infancia—, porque fue muy difícil pasar por todo eso. Hoy en día, no es que me lo tome a la ligera, pero creo que se trata de aceptar cómo fue y también crecer con eso.