El relato del ingeniero de La Plata que formó parte de Artemis II con el satélite Atenea
Facundo Pasquevich contó en Giro 360, el programa de 0221 Play, cómo fue elaborar el satélite Atenea en la UNLP y trabajar con la NASA en una misión histórica.
La Plata, la UNLP, la NASA y misión Artemis fueron los ejes de una charla imperdible en Giro 360. El ingeniero Facundo Pasquevich repasó cómo se desarrolló el satélite Atenea desde la ciudad, el trabajo contrarreloj y la experiencia de participar en un proyecto espacial que marcó un hito para la ciencia argentina y mundial.
La participación de la Universidad Nacional de La Plata en la misión Artemis II de la NASA dejó de ser una noticia lejana para convertirse en una historia concreta, con protagonistas locales. En el programa Giro 360, conducido por Francisco Servidio, Thiago Testa y Sofía Liporace en 0221 Play, el ingeniero mecánico Facundo Pasquevich dio detalles de un proyecto que ya es parte de la historia.
El especialista, integrante del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), fue uno de los responsables de la integración mecánica del satélite Atenea, un microsatélite desarrollado en la UNLP que viajó al espacio en el marco de la misión internacional.
“Nos llamó la CONAE porque la NASA les dijo que podíamos ser parte de la misión Artemis II”, explicó Pasquevich, al reconstruir el inicio del proyecto en 2023. La propuesta no era menor: desarrollar un satélite en apenas ocho meses. “Era muy poco tiempo para hacer algo de este nivel”, reconoció.
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Un satélite hecho en La Plata
El Atenea, de apenas 30 centímetros de alto —“como una caja de zapatos”, graficó— fue diseñado y fabricado en gran parte en La Plata, con participación de distintas universidades y organismos.
“Fuimos los que desarrollamos toda la ingeniería de sistemas, asegurándonos de que todo funcione bien dentro del satélite”, detalló. Y destacó el rol de la universidad pública: “La NASA vino a buscarnos y confió en la UNLP. Eso demuestra el nivel que tenemos”.
El proyecto no solo implicó un desafío técnico, sino también humano. Más de 50 personas participaron en distintas etapas, combinando profesionales con experiencia y estudiantes avanzados.
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El nanosatélite desarrollado en la UNLP
Uno de los mayores desafíos fue cumplir con los estrictos requisitos de seguridad de una misión tripulada. “Para la NASA, no puede fallar nada. No pueden arriesgar una misión porque a vos se te aflojó un tornillo”, explicó. Esa exigencia llevó al equipo a trabajar con estándares mucho más altos que los habituales.
Además, el contexto local sumó complejidades: desde la falta de proveedores hasta la necesidad de importar componentes clave. “No es que levantás el teléfono y tenés todo. Hay que rebuscársela mucho más”, señaló.
El momento del lanzamiento
Pasquevich también relató lo que significó presenciar el lanzamiento en Estados Unidos, donde representó al país junto al equipo. “Es algo muy difícil de explicar. Ves el cohete y pensás que se va a explotar, pero sale todo bien y decís ‘esto está yendo a la Luna’”, contó. Y admitió la emoción del momento: “Obviamente que te emocionás. Pensás en todo el laburo y en toda la gente detrás”.
El satélite cumplió su misión en apenas 20 horas, pero dejó resultados clave: permitió medir radiación en órbitas altas y validar tecnología desarrollada en el país. Uno de los datos más destacados es que, de los cuatro satélites lanzados en esa instancia, solo dos funcionaron correctamente: el de Arabia Saudita y el argentino.
Artemis II
El satélite Atenea, desarrollado en La Plata, participó en la misión Artemis II y marcó un hito científico argentino
“Era una misión muy difícil y Argentina la cumplió con éxito”, subrayó. Para Pasquevich, el logro trasciende lo técnico: “Esto es de todos los argentinos. Está hecho en universidades públicas y organismos públicos”. Y dejó un mensaje claro para quienes estudian o piensan en carreras científicas: “No hay que irse a otro país para hacer estas cosas. Se pueden hacer acá, en La Plata”.
La historia del Atenea no sólo marca un hito en la ciencia nacional, sino que también abre una puerta a nuevas misiones y desarrollos. Como resumió el propio ingeniero: “Esto es una escalera. Lo importante es no arrancar de cero, sino seguir creciendo sobre lo aprendido”.