Una adolescente de La Plata vivió una verdadera pesadilla cuando, con 14 años, accedió al pedido del chico que le gustaba y le envió una foto desnuda que él viralizó, desatando un aluvión de mensajes de violencia sexual a través de redes sociales. Seis años después, y tras haber atravesado casi en soledad el traumático trance, brinda talleres en escuelas para concientizar sobre una problemática muy expandida pero poco abordada.
En 2019, Catalina Maluendez confió en el joven que le pidió una foto suya desnuda y se la mandó por Snapchat, una aplicación pensada para que los mensajes se borren al poco tiempo. Cuando recibió una notificación indicando que le había hecho una captura de pantalla, se asustó. A pesar de que el adolescente de 13 años le dijo que era para él, la compartió con sus compañeros de un club de rugby local y pronto se viralizó.
"Me empezaron a llegar cataratas de mensajes por redes, la mayoría anónimos. Desde insultos, como 'trola' y otras cosas que no voy a repetir, hasta amenazas de muerte y mensajes del tipo 'tengo tu foto'. Muchos eran de hombres grandes que ni conocía”, contó Catalina a la periodista María Ayuso, del diario La Nación. “Me dio mucho miedo. Era todo muy fuerte para una chica de 14”, agregó.
Por la vergüenza y la culpa, la adolescente evitó contarle a su familia lo que había pasado. “Sentía una angustia que me arrasaba y me tiraba para abajo. Tenía ataques de llanto en el colegio y muchas veces no quería ir. Sentía que me ahogaba y tenía un peso enorme en el cuerpo. Muchas veces salía de la clase y me iba corriendo al baño", relató la joven que hoy tiene 20 años y estudia Comunicación Social y que por entonces asistía a un colegio privado de la ciudad.
Sus amigos y compañeros de colegio tampoco sabían nada. Para peor, su problemática no era un tema del que se hablara públicamente. No había charlas, talleres ni grupos que abordaran la problemática de la difusión de fotos íntimas sin consentimiento. Por eso, Catalina vivió el acoso en silencio, como si se tratara de un problema personal.
Pasó mucho tiempo hasta que entendió que había sido víctima de ciberviolencia de género. Puntualmente, de violencia sexual digital. Una de las primeras personas a las que se lo contó fue su amiga Delfina Bellagamba, quien la contuvo y acompañó. “Hoy, después de que pudo ponerlo en palabras, la veo superlibre. Está muchísimo más feliz”, aseguró Delfina sobre su amiga.
Catalina y su amiga Delfina ciberacoso sexual
Catalina Maluendez (izquierda) y su amiga, Delfina Bellagamba.
Foto: La Nación
A los 18, conoció a Lola y a Mai, quienes habían atravesado situaciones similares. Juntas crearon la iniciativa Fuerza Activa, empezaron a dar charlas en colegios sobre problemáticas vinculadas a los entornos digitales y llegaron a más de 400 estudiantes. Fue en la primera de esas charlas que la mamá de Catalina supo lo que estaba pasando.
En diciembre del año pasado, y tras involucrarse profundamente con la temática, Catalina contó su experiencia en una charla TED-Ed, que son exposiciones similar a las presentaciones TED, pero protagonizadas por chicos y chicas de escuelas secundarias.
Mensajes sexuales anónimos por redes
Cuando se viralizó su foto, a Catalina le llegaban mensajes por Instagram y Tellonym, una aplicación que en su entorno se usaba mucho y permitía el envío anónimo. “Eran mensajes de cuentas que tenían un seguidor, o sea que habían sido creadas en el momento para mandar esos mensajes sexuales y de odio”, detalla.
Su caso no era el único: “Mientras yo lo vivía en secreto, me enteraba de otras chicas a las que les había pasado lo mismo, y escuchaba cómo se hablaba de eso en el aula o leía los comentarios en las redes”.
La violencia sexual en entornos digitales crece aceleradamente, de la mano de las nuevas tecnologías. Además de la difusión no consentida de fotos o videos íntimos, se suma ahora el uso de la inteligencia artificial para producir imágenes falsas pero que parecen reales o “deepfakes”, en las que se utiliza el rostro de personas que son “desnudadas” e incluso ubicadas en escenas sexuales.
En la Argentina está vigente la Ley Olimpia desde 2023, que apunta a proteger los derechos digitales de las mujeres y promover políticas públicas de prevención al incorporar esta agresión como una forma más de violencia de género. Sin embargo, la viralización de material sin consentimiento hoy no es delito. Se trata de una deuda que el proyecto conocido como Ley Belén busca saldar.
El proyecto de ley debe su nombre al caso de Belén San Román, quien se suicidó en 2020, luego de que una expareja compartiera un video íntimo. La iniciativa contempla penalizar la obtención y difusión no consentida de contenido privado, la sextorsión y el montaje digital en videos pornográficos. Más allá de los avances desde lo normativo, los especialistas advierten que, en muchos casos, quienes difunden esas imágenes son adolescentes. Por eso, no tienen consecuencias penales y muchas veces los casos, que ni siquiera son denunciados, quedan en la nada.
Paula Wachter, directora ejecutiva de Red por la Infancia, una organización que busca visibilizar, prevenir y erradicar toda forma de violencia que afecte a niñas, niños y adolescentes, destacó que la repercusión en la salud mental de las víctimas “es enorme, gatillando problemáticas como los trastornos de ansiedad y depresión, autolesiones y hasta ideas de muerte”. “Lo que nos tenemos que preguntar es cómo desarmamos esta cadena, que encima se va de las manos en un segundo: con tan solo un clic, se puede desatar el infierno de un adolescente”.
Para Catalina, hablarle a los varones es clave: “Hubo mucho discurso de cortar la cadena, de 'si te pasan la foto, vos no la pases'. Pero hay que ir más a profundidad. Está presente la necesidad de pertenecer y de ser copado si compartís esas imágenes. Hay algo morboso ahí y son chicos muy chicos los que ya están naturalizando esas cosas”.
¿Dónde denunciar ciberacoso?
Ante casos de ciberacoso y violencia digital, la víctima puede acercarse a la fiscalía especializada en cibercrimen de su jurisdicción y hacer la denuncia. En caso de no contar con una unidad especializada, se puede denunciar en la fiscalía más cercana.
La Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia del Ministerio Público Fiscal de la Nación recibe denuncias al 11-5071-0040 o por mail a .