miércoles 04 de marzo de 2026

Arrancó el juicio por el crimen de Fernando Couste en La Plata a diez años del homicidio

Con el testimonio del padre de la víctima y dos declaraciones clave, arrancó el juicio oral por el homicidio ocurrido en 2015 en Altos de San Lorenzo.

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La muerte llegó sin uniforme y sin sirena a La Plata. Llegó en la madrugada del 3 de octubre de 2015, subió por la escalera de la Torre 1 en calle 29 y 81, departamento 202, y dejó un cuerpo en el suelo. Se llamaba Fernando Iván Couste. Tenía familia, amigos, barrio. Tenía también enemigos que no eran propios. Este miércoles comenzó el juicio oral.

Más de diez años después, el debate oral empezó con la voz quebrada de un padre y el temblor de una mujer que todavía no sabe cómo está viva. En el banquillo están Cristian Martínez Gambini, Jonathan Nahuel Lucero y Darío Rodríguez. Los acusan de homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y por el uso de arma de fuego. Prisión perpetua, si el tribunal lo considera probado. Llevan más de seis años detenidos con prisión preventiva. El tiempo, en estos casos, es otra forma de condena.

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Altos de San Lorenzo no es un decorado. Es un barrio con códigos propios, donde las historias no se escriben en expedientes sino en murmullos. Allí, en un departamento prestado por la noche, Fernando quedó en medio de una disputa que -según los testigos- no era suya.

El juicio está a cargo del Tribunal Oral Criminal IV de La Plata, integrado por Emir Alfredo Caputo Tártara, Carmen Palacios Arias y Analía Carrillo. La secretaría la ejerce Mariana Arreche. En la acusación intervienen el fiscal Mariano Sibuet y el abogado Marcelo Ponce Nuñez, representante del padre de la víctima como particular damnificado.

Fernando Couste crimen
El crimen de Fernando Couste comenzó a ser ventilado en juicio oral y público en La Plata

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Un padre dolido en La Plata

El primero en declarar fue Walter Fernando Couste. Dijo que se enteró por una vecina. Que vivía con su hijo a diez cuadras. Que la muerte le llegó por boca ajena, como suelen llegar las tragedias en los barrios: sin anestesia.

No conoce a los acusados. No tiene nombres propios para señalar. Pero reconstruyó lo que escuchó después: que los agresores fueron a buscar a Lautaro De Luca para un ajuste de cuentas y que éste escapó por una ventana al oír los disparos. Fernando quedó donde no debía estar.

La mujer que sobrevivió

Yanina Arroyo era la propietaria del departamento. Esa noche estaba en pareja con De Luca. Declaró entre lágrimas. “Fue terrible lo que pasó, no sé cómo estamos vivos”, dijo. No vio los rostros. Pero repitió una frase que pesa más que una identificación formal: “Todo el barrio sabe que fue Gambini”.

Se refería a Cristian Martínez Gambini, a quien se lo menciona como líder de una banda conocida en la zona como "La Banda del FAL", vinculada -según sospechas históricas- a robos bancarios en La Plata. El apodo circula en el expediente como circula en el barrio: sin acta de nacimiento.

Crimen Fernando Couste
La defensa señala que no hay pruebas y apunta a una investigación deficiente

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Arroyo admitió algo más grave: dijo que fue presionada por su expareja para declarar contra Gambini y contra Miguel Tobar, ya sobreseído. La presión no siempre viene del lado que se espera. A veces la amenaza tiene voz conocida.

Al principio se negó a aportar nombres de posibles testigos. “Es por miedo”, explicó. “Ellos nos tiran a matar y la culpa es nuestra”, respondió ante la insistencia de la defensa. Finalmente dio un nombre. Será citado. En este juicio, cada nombre es una ficha que puede caer o sostenerse.

El reconocimiento

El último en declarar en esta primera jornada fue Lautaro Pereyra, amigo de la víctima. Dijo que reconoció a Jonathan Nahuel Lucero en un video de cámara de seguridad como uno de los que ingresó al edificio. Lo reconoció por la forma de caminar. No hubo más fundamentos. Solo la marcha. En los juicios, el modo de andar puede ser una prueba o un espejismo.

Pereyra también habló de jerarquías. “Gambini tenía quilombo con Lautaro, participó del hecho, era como el jefe”, sostuvo. Y agregó un dato que dibuja el trasfondo: Lautaro De Luca era conocido como “el tranza Mirlo del barrio”.

Hoy De Luca está prófugo, acusado en otra causa por abuso sexual. Su testimonio es considerado vital. Pero la Justicia no juzga fantasmas. Si no es capturado, su voz quedará en ausencia.

Las defensas y el tiempo

La defensa de Martínez Gambini está a cargo de Germán Oviedo. Lucero es asistido por Solange Alonso Barnetche. Rodríguez, por Julio Beley y Bruno Strassera. Cada uno juega su partida en un tablero que empezó a armarse hace más de una década.

No se sabe cuándo será la próxima audiencia. Problemas de agenda, dijeron desde el tribunal. Se coordinará telefónicamente con las partes, bajo el principio de buena fe procesal. En los pasillos judiciales, la buena fe es una fórmula que convive con la desconfianza.

En el expediente aparecen frases que no siempre se pueden traducir en prueba. “Todo el barrio sabe”. “Era como el jefe”. “Lo reconocí por cómo camina”. Entre esas expresiones y la certeza judicial hay un abismo que solo se cruza con evidencia.

Fernando Iván Couste murió en una madrugada que no era suya. Tal vez fue un daño colateral de una guerra pequeña y feroz. Tal vez el juicio logre ordenar las piezas. O tal vez solo confirme que, en ciertos barrios, la verdad se esconde detrás de las persianas bajas. El tribunal tendrá que decidir si aquellas sombras que subieron la escalera pueden tener nombre y condena. Mientras tanto, un padre espera. Y el barrio, que todo lo sabe, mira en silencio.

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