Lo que comenzó como una propuesta escolar para ponerles nombre a las calles de un pueblo terminó convirtiéndose en un recorrido de 22 kilómetros por la historia de René Favaloro en el partido de Magdalena. Alumnos de la Escuela Secundaria N.º 1, anexo Arditi, desarrollaron el proyecto Corredor René Favaloro, una iniciativa que enlaza las localidades de Vieytes, Arditi y Payró y recupera la relación del célebre cardiocirujano platense con esa región.
El trabajo comenzó en 2022 y estuvo a cargo de estudiantes del ciclo básico, de entre 13 y 15 años, con el acompañamiento del profesor de la materia Construcción de Ciudadania Leonardo Mudano, egresado de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Con el tiempo, la propuesta inicial se amplió hasta convertirse en un circuito histórico, turístico, gastronómico y deportivo, que consiguió el respaldo de vecinos, instituciones y autoridades municipales.
"Los chicos han hecho un gran trabajo para reforzar cuestiones recreativas e históricas, pero lo más relevante es el aspecto identitario", sostiene Mudano en diálogo con 0221.com.ar al explicar el sentido de la iniciativa. El docente reveló que descubrieron la historia gracias a un articulo publicado en Begum -una sección especial de este medio que contiene notas relacionadas a la historia de La Plata- el 3 de julio de 2022, el cual que reproducía fragmentos del libro del periodista Pablo Morosi El gran operador, donde se revela que en octubre de 1949 Favaloro trabajó por primera vez como médico recién recibido en una sala de Salud en la localidad de Vieytes.
La primera etapa culminó con la designación de seis calles y contó con la participación de alrededor de un centenar de vecinos. En la búsqueda de nombres vinculados con personas y acontecimientos significativos para la comunidad, los estudiantes encontraron la conexión entre Favaloro y Magdalena.
En 2024, el proyecto avanzó hacia la creación de un circuito con distintas postas para conocer los pueblos y sus lugares emblemáticos: el campo de Favaloro en Arditi, el oratorio, una antigua fábrica de quesos, la herrería y la estación ferroviaria. En esta última se instaló un espacio informativo. La señalización también se extendió a las rutas 11 y 36, antes de los accesos a las localidades.
El debut de René Favaloro como médico
Para reconstruir esa historia, los alumnos consultaron textos escritos por el propio médico, entre ellos Recuerdos de un médico rural y ¿Conoce usted a San Martín?, además la ya citada biografía escrita por Morosi, donde encontraron un dato decisivo y revelador: en octubre de 1949, a los 26 años, Favaloro obtuvo su primer trabajo formal como médico en la sala de salud de Hipólito Vieytes, que acababa de inaugurarse.
Según cuenta Morosi, su llegada al Vieytes estuvo ligada a una decisión que marcaría su trayectoria. Favaloro había rechazado una vacante en el Policlínico San Martín de La Plata porque para incorporarse debía explicitar su adhesión al gobierno peronista, una exigencia incompatible con sus convicciones. Por recomendación de su maestro, el docente y cirujano José Mainetti, aceptó entonces el puesto.
El pueblo era por entonces un pequeño caserío extendido alrededor de la estación ferroviaria. Frente a las vías funcionaba la sala de salud, instalada en una construcción modesta: dos habitaciones conectadas por un pasillo estrecho. Una servía de consultorio; la otra, de espacio administrativo. En la parte trasera vivía Ester Lidia Rodríguez, la enfermera, viuda y madre de dos hijos.
Mirta Elena, una de sus hijas, recordó en el libro de Morosi a aquel médico como un hombre "alto y elegante". Para ella, el orgullo tenía además una razón especial: la sala de Vieytes había sido el primer destino profesional de Favaloro.
El médico concurría los lunes, miércoles y viernes. Llegaba alrededor de las diez de la mañana y regresaba a La Plata en el tren de las cuatro de la tarde. Pronto se integró a la comunidad. Los vecinos que aún conservan recuerdos de aquellos años lo describen como un hombre humilde y conversador.
También encontró tiempo para cultivar la tierra. A un costado de la casa sembró tomates, lechugas, ajíes y perejil, con la intención de complementar con los productos de su huerta los almuerzos que le preparaba la enfermera. En el fondo plantó varios árboles frutales. Aquella rutina anticipaba una relación con el campo y la vida rural que mantendría en los años siguientes.
Recuerdos de vecinos
El trayecto del corredor, que se extiende por 22 kilómetros, puede realizarse a pie o en vehículo. Además de Vieytes, incluye Arditi y Payró, dos localidades vinculadas con otros aspectos de la vida de Favaloro.
En Arditi, el médico adquirió un campo que su familia aun conserva. Para entonces, su actividad profesional había crecido. La propiedad rural se convirtió, con el tiempo, en un lugar de descanso y encuentro. Favaloro cultivaba allí una huerta, había instalado un tambo modelo y solía reunir a familiares y a un reducido grupo de allegados y amigos. Era una suerte de refugio apartado de la vida urbana que mostraba con orgullo a sus visitantes y al que visitó mucho en los últimos tiempos de su vida.
Payró también forma parte de esa memoria. El médico frecuentaba la pulpería del pueblo, donde cada tanto paraba en busca de comidas tipicas y aunque escuetamente, charlaba con algunos de los lugareños. Esos episodios, junto con las evocaciones de su paso por Vieytes y las visitas al campo de Arditi, permitieron a los estudiantes acercarse a una faceta menos conocida del hombre detrás del cirujano y su imagen pública.
Durante la investigación, los alumnos entrevistaron a antiguos vecinos y reunieron testimonios sobre su presencia en la zona. También se contactaron con Juan José Favaloro, sobrino del médico, que se ocupa actualmente del campo familiar. La intención era reconstruir no solo los lugares que había frecuentado, sino también los vínculos que había establecido con la región.
En cada uno de los lugares se instalaron carteles con imágenes inéditas e información que permite a quien quisiera acceder mediante código QR a mayores precisiones y a las fuentes de donde se obtuvo el material.
Una imagen de René Favaloro en sus comienzos
Jugar y transmitir la historia
La investigación derivó en otras propuestas para acercar ese legado a nuevas generaciones. Una de ellas fue la creación del juego de mesa Corredor Favaloro, una carrera inspirada en el tradicional juego de la oca. Los participantes avanzan por casilleros que representan distintas etapas de la vida del médico y recorren, de manera simbólica, las localidades del distrito, mientras responden preguntas sobre su trayectoria y la historia de los pueblos.
"La idea fue utilizar un formato como el del tradicional juego de la oca, con preguntas sobre los tres pueblos y sobre la figura y trayectoria de René Favaloro, para hacer algo que conecte con las nuevas generaciones", explica Selene Sosa, una de las alumnas participantes, que actualmente cursa tercer año.
En la etapa más reciente también surgió la propuesta de realizar un mural sobre Favaloro, otra forma de llevar la historia al espacio público y dejar una marca visible del trabajo escolar.
El proyecto recibió el respaldo de las autoridades municipales y del Consejo Escolar, que declararon de interés la iniciativa. Además, el Concejo Deliberante local lo declaró de interés legislativo.
Para el intendente de Magdalena, Lisandro Hourcade, el Corredor Favaloro es "un ejemplo de cómo la educación y la comunidad pueden transformar la historia local en un motor de desarrollo. Nos llena de orgullo el trabajo de investigación y el compromiso de los estudiantes y docentes del Anexo 2 de Julio Arditi, quienes rescataron el paso fundamental de René Favaloro por nuestras localidades rurales”. “Este corredor no solo rinde un merecido homenaje a un icono de la medicina, sino que fortalece nuestra identidad y genera nuevas oportunidades para el desarrollo regional" dijo el jefe comunal. Y acotó: "Queremos que Magdalena sea el mejor lugar para vivir y también para aquellos que nos vienen a visitar de otras localidades”.
Lo que empezó con una pregunta sobre los nombres de las calles terminó enlazando memoria, identidad e historia local. A través del Corredor Favaloro, los estudiantes no solo recuperaron el paso del médico por Magdalena: también convirtieron esos recuerdos en un patrimonio compartido, capaz de perdurar más allá de las aulas.