Una década del "tijeretazo" de Santiago Ascacíbar en el escandaloso clásico platense que terminó en batalla campal
Se cumplen 10 años del clásico platense que terminó en escándalo en Mar del Plata, en el que todo comenzó con un joven Santiago Ascacíbar como protagonista.
El 31 de enero de 2016, Gimnasia y Estudiantes jugaron el último clásico platense con dos hinchadas que terminó en un escándalo en Mar del Plata, y que tuvo como protagonista a Santiago Ascacíbar, involucrado en lo que sería una pelea entre jugadores sin precedentes.
Hace diez años se jugaba la Copa Ciudad de La Plata pero el resultado quedó en anécdota: tan protagonista ayer como hoy por su transferencia a Boca, un foul a romper de un desconocido y juvenil Ascacíbar para frenar un contragolpe del AntonioMedina desató una hecatombe con ínfulas boxísticas que aún se recuerda.
Fue un todos contra todos que aún perdura en la memoria colectiva del futbolero platense. Una imagen icónica, sin envidias de ficción ni antecedentes en la historia moderna del clásico, en la que sobresale Mariano Andújar -buzo negro y el 21 en la espalda- en una ráfaga y a puro 1-2 entre el jab de acomodo de la mano izquierda y el extenso cross de su brazo derecho, apuntando a los rostros de Nicolás Mazzola, Maximiliano Coronel y Lucas Licht. La secuencia es un cine continuado de esa canicular noche.
Enseguida, el arquero albirrojo pierde el equilibrio tras encabezar la golpiza y Mazzola, ahora con ayuda de Coronel (se lo ve con la camiseta 30) y algunos suplentes vestidos con los buzos azules de Penalty, aprovechan el desliz de Andújar para devolverle los golpes de frente y por atrás. El campo de juego ya es un vale todo.
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Plena batalla campal tras la jugada de Santiago Ascacíbar.
El Chavo Fucks, comentarista de la transmisión de Fox Sports en el Estadio Mundialista de Mar del Plata, detallaba la tangana con precisión de bisturí y pedía sanciones ejemplares para los futbolistas: “Enloquecido, (Andújar) le pega al número 25 de Gimnasia (Lucas Licht), pero se cae y Mazzola aprovecha para pegarle patadas en el suelo junto a otros. Si el Tribunal de Disciplina no suspende gravemente a todos estos jugadores que están acá, se tendrían que ir todos a casa o bajar la cortina y esperar hasta que aclare (…) Esto es una locura”.
Hubo otros que optaron por el modo alplax y el sedante amigable entre tanto fuego. Fueron los primeros en separar la cacería mutua de ambos planteles: se los ve en primer plano a Franco Niell (usaba la 22); al técnico del Lobo, Pedro Troglio, vestido con un pullover suelto color crema; y a Facundo Sánchez y Leandro Desábato, por Estudiantes, llegar corriendo, desesperados, para cortar de una vez el noire pugilístico. Iban 48 minutos del segundo tiempo.
Fue el punto de inflexión. el partido jamás se reanudaría. Estudiantes lo ganó en cancha 1 a 0 hasta la suspensión del árbitro Silvio Trucco y se quedó con el trofeo que hoy luce en la sede de 53 n°620. Luego la AFA, a los días y por boletín oficial, además de las múltiples sanciones para los futbolistas de aquella noche, le daría por perdido el partido a ambos equipos: el primer clásico de la historia sin vencedores ni vencidos. Fue, además, el último jugado con las dos parcialidades en el estadio y la última brega de confraternidad entre los clubes platenses. De esto hace ya una década. Y nunca más.
Estudiantes vs. Gimnasia, el partido
Por tercer año consecutivo, Estudiantes y Gimnasia era duelo en cancha por los tradicionales torneos de verano de Mar del Plata. Ya se habían enfrentado a partido y revancha en 2014 (los primeros amistosos en 12 años, desde aquel 3 a 0 del 2002 victorioso para Estudiantes), 2015 y volvían a hacerlo en 2016 con la Copa Ciudad de La Plata en disputa. Nelson Vivas, el DT albirrojo, mandó a la cancha a Andújar, Sánchez, Schunke, Desábato, Pereira, Ascacíbar, Damonte, Gastón Fernández, Augusto Solari, Viatri y Auzqui. El Gimnasia de Troglio fue: Bologna, Oreja, Coronel, Mauricio Romero, Licht, Meza, Brum, Rinaudo, Mendoza, Niell y Mazzola.
Disputado en el primer tiempo, Estudiantes hizo proa en el partido con un gol tempranero de Carlos Auzqui, a los 16, después de un fulero yerro del lateral Facundo Oreja. Excelsa definición y 1 a 0. Delirio pincharrata en la tribuna de calle Canosa, que enseguida lo pudo ampliar con una jugada de la Gata Fernández, que terminó salvando de milagro Mazzola mandando la pelota al córner sobre los 23 minutos.
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Auzqui desbordando a Oreja.
El segundo tiempo fue un monólogo de fricción, con más lucha que juego y mucho malevaje cizañero como el taconazo de Licht sin pelota contra Damonte o la de Auzqui contra Mauricio Romero que fue solo amarilla por ese intangible lugar común que llama a los árbitros a no desvirtuar el juego.
Pero esto nunca pudo ser aprovechado por el Lobo, que encima desde los 10 minutos ya tenía uno más en cancha por la roja y vestuario para Álvaro Pereira. Un pangruyo el uruguayo, que intentó, a metros de Trucco, una práctica inicial de karate elevando la pierna y los tapones de su botín a 90 grados sobre la cara descubierta de Oreja, en una disputa insulsa en la mitad de la cancha. Expulsión, Estudiantes con diez y el lateral tripero reemplazado y asistido por una ambulancia: se había desvanecido. Se jugaba al límite del filo.
El clima, además, ya estaba desmadrado en las tribunas, aunque sin incidentes, por las dos interrupciones provisorias que Trucco había dispuesto mientras la banda tripera exhibía varias banderas con los colores de Estudiantes en la tribuna de la avenida de las Olimpíadas.
Bizantino epílogo, el final mostró la primera jugada clara del Lobo recién a los 37 del segundo tiempo, cuando lo pudo empatar en una solitaria patriada de Maxi Coronel, que remató de derecha y se fue apenas desviado tras una cascada de rebotes en el área de Andújar. O a dos minutos de la recordada tangana, cuando al colegiado se le ocurre expulsar al arquero Bologna por una supuesta mano afuera del área, en su intento por achicarle un mano a mano a Augusto Solari, cuando claramente la pelota le había rebotado en el pecho al golero nacido en Claypole.
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Agustín Alayes intentando frenar la pelea.
Fue el principio del fin: la bronca de los jugadores triperos mutó a gritos y protestas, de las gestuales y de esas indisimulables con insultos, luego de la insólita roja al arquero que solo vieron Trucco y su asistente, todavía en la era pre VAR. Troglio, además, ya había liquidado los cambios reglamentarios. Obligado por norma, fue el defensor Ezequiel Bonifacio el que se calzó de emergencia el buzo verde de Bologna. Un defensor al arco: terreno desconocido.
A los 48 minutos, ya en el adicionado, con Gimnasia jugado por el empate, llegó la corrida de contragolpe que encabezó Antonio Medina por izquierda y el patadón del pibe Ascacíbar que cortó el avance de raíz. Entre discusiones y estados alterados de uno y otro lado, mientras el Ruso caminaba hacia los vestuarios sabiendo que su expulsión era irremediable, la mano de Medina a la cara de Damonte desencadenó la hecatombe resumida en aquella imagen de Andújar simulando a Tyson en el ring del Minella.
Protagonista ineludible de esa noche, Santiago Ascacíbar aún no había debutado oficialmente. Promesa prematura de la categoría 1997, había dado el salto al equipo principal tras la venta de Gastón Gil Romero a Rosario Central y debutado en los amistosos de la Copa de Oro de aquel verano marplatense de 2016, contra Racing. Aunque recién se estrenaría oficialmente contra Lanús, en la fecha inicial del Torneo de Transición, en la cancha de Arsenal, el 8 de febrero, una semana después de la batalla campal en La Feliz. Tenía 18 años.
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Descontrol con la aparición de Pedro Troglio en escena.
El inicio del campeonato de Primera División tenía pauta de arranque para el viernes 5 de febrero. Justo con Gimnasia como protagonista, visitando a Banfield en el Estadio Florencio Sola. Lo que faltaba, ahora, era conocer el nivel nocivo del informe de Trucco y cuántos serían los futbolistas sancionados, de uno y otro club, que se perderían el debut oficial una semana después si eran suspendidos con cuatro o más fechas.
Lo que se agravaba con la repercusión que el escándalo del domingo 31 de enero había tenido en gran parte de la prensa y el nicho del fútbol, que pedía sanciones ejemplares para los jugadores cómplices de la tangana que quedaron escrachados en el pelotón mediático. Lo que pidió el Fucks, en caliente, en vivo y en directo durante la transmisión de Fox.
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Mazzolla y Brum se fueron encima de Mariano Andújar.
Lo había anticipado Guillermo Marconi, titular del SADRA, el lunes posterior: “El informe de Silvio (Trucco) va a ser muy duro”. Y lo fue: hubo 12 futbolistas informados (siete de Gimnasia y cinco de Estudiantes) y la peor parte se la llevaron Mariano Andújar y Álvaro Pereira, por el Pincha, y Nico Mazzola, por el Lobo. Los tres recibieron ocho fechas de suspensión. También sancionaron a Javier Mendoza, Roberto Brum y Maxi Coronel, con cinco; e Israel Damonte, Federico Racic y Antonio Medina, con cuatro.
Todos ellos, a cumplir durante los partidos del torneo oficial según el artículo 229 del reglamento de Transgresiones y Penas. Sólo “zafaron” Ascacíbar, Solari y Bologna, penados con tres fechas y solo una para el arquero, que podían cumplir la sanción en partidos amistosos y debutar sin alteraciones en el campeonato. El final del cuento, fue sin excusas: “Se equivocó el árbitro y nos equivocamos los jugadores. Es demasiado: está mal”, sintetizó Troglio, al igual que Nelson Vivas. "El árbitro se puede equivocar pero los que cometimos los errores fuimos los dos planteles”.