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La increíble historia del Socio N°1 de Estudiantes y su legado en el club

Protagonista de los primeros años de Estudiantes, Alfredo Marcial Lartigue, acompañó al club desde el 4 de agosto de 1905 y su recuerdo vive en el Estadio UNO.

Alfredo Marcial Lartigue quedó para siempre registrado como el primer socio de Estudiantes. Murió muy joven, antes incluso de llegar a conocer a Los Profesores. La noche del 4 de agosto de 1905, llegó a una zapatería de avenida 7, entre 57 y 58, para encontrarse con otros jóvenes que compartían una preocupación bastante concreta.

Querían jugar al fútbol y ya no encontraban el espacio para hacerlo como pretendían. Muchos de ellos eran estudiantes universitarios. Habían coincidido alrededor de una pelota y estaban dispuestos a sostener esa reunión aun cuando la solución que empezaba a tomar forma parecía desmesurada para el problema que tenían delante: fundar un club.

Lartigue estuvo entre quienes más empujaron aquella idea. Durante la reunión tomó la palabra, explicó el motivo de la convocatoria y fue elegido secretario provisorio. Después escribió de puño y letra el acta con la que quedó constituido el Club Atlético Estudiantes.

Esa madrugada, cuando la veintena de jóvenes abandonó jubilosa la céntrica zapatería, detrás de aquella euforia aparecía un duro camino por delante: tenían todo por hacer. No había cancha ni campeonatos, ni una historia a la cual recurrir. Estudiantes se reducía a un acta escrita, su inquebrantable voluntad y nada más.

Un tiempo después, cuando se confeccionó el registro de asociados, el nombre de Lartigue ocupó el primer lugar. Cuesta imaginar que Alfredo, apenas entonces un joven estudiante, haya podido advertir el valor simbólico de aquel padrón. Desde entonces y para siempre, Alfredo Marcial Lartigue es el Socio N°1 del Club Estudiantes de La Plata.

Mucho más que un fundador

La presencia de Alfredo en aquellos primeros años estuvo lejos de reducirse a aquella noche fundacional. Lartigue también fue futbolista y, cuando Estudiantes ingresó en 1906 al fútbol organizado, integró uno de sus primeros planteles, como arquero, defensor y en el puesto que hiciera falta para completar la formación. Allí compartió equipo con Jorge Luis Hirschi, otro de los nombres que con el tiempo quedaría profundamente ligado a la vida de la institución.

Jorge Luis Hirschi, titular el primer partido de la historia de Estudiantes.

En ese Estudiantes recién nacido, los roles se superponían con naturalidad. Los mismos hombres podían sentarse a resolver cuestiones del Club, ponerse la camiseta para jugar y después dedicar horas de trabajo a conseguir un lugar donde hacerlo.

La llegada al antiguo Velódromo de 1 y 57 exigió justamente eso. Antes de convertirse en la cancha de Estudiantes, el terreno necesitó meses de tareas para desmontar sectores de la pista, nivelar el suelo y acondicionarlo para el fútbol. Alfredo participó de aquellos trabajos junto con su padre Pascual y su hermano Carlos, quien años más tarde llegaría a ser presidente del Club en tres períodos: 1909-1910, 1915 y 1917.

Inmortal en el Estadio UNO

Alfredo quedó además retratado en una de las imágenes más antiguas que se conservan de la construcción de 1 y 57. En 1911 participó de la colocación de los primeros ladrillos de la vieja tribuna techada. Más de un siglo después, en 2023, esa fotografía fue inmortalizada en un mural ubicado en uno de los descansos de las escaleras del Estadio UNO, sobre calle 57.

El mural de Alfredo Marcial Lartigue en UNO.

No se trató, claro, del primer ni del único homenaje. Después del incendio que destruyó la vieja tribuna techada en 1960, durante la presidencia de otro prócer como Mariano Mangano se levantó la nueva platea de hormigón. Aquel sector, utilizado desde 1962 hasta 2007, llevó el nombre de Alfredo M. Lartigue.

Socio y deportista

En la vida de Alfredo también hubo lugar para otro deporte. Cuando Estudiantes comenzó a competir oficialmente en rugby, en 1912, Lartigue volvió a aparecer entre sus jugadores. Aquellos primeros equipos reunieron a varios nombres provenientes del fútbol, entre ellos los hermanos Jorge y Oscar Hirschi, en una época en la que el Club comenzaba a ampliar sus actividades mientras todavía transitaba su primera década de vida.

Lartigue alcanzó a disfrutar algunos de los primeros grandes pasos de Estudiantes. Estaba allí cuando el Club consiguió en 1913 su primer campeonato argentino y pudo ver cómo aquella iniciativa nacida entre amigos empezaba a ocupar un lugar importante dentro del fútbol nacional.

Su vida, sin embargo, fue corta. Alfredo Lartigue murió cuando Estudiantes tenía apenas 23 años y ni siquiera llegó a ver jugar juntos a Los Profesores, aquella delantera que poco después maravillaría al fútbol argentino y que todavía hoy ocupa un lugar central en la memoria del Club.

Es posible preguntarse qué esperaba Lartigue de Estudiantes aquella noche de 1905. Tal vez soñara simplemente con una cancha, una camiseta y la posibilidad de seguir jugando al fútbol con sus amigos. Resulta imposible saber si alguna vez su imaginación pudo viajar mucho más lejos, hasta un cielo gris sobre Old Trafford y allí encontrar a un joven con el número 11 en la espalda elevándose para marcar un gol que cambiaría la historia del Club.

La imagen más antigua de un partido de Estudiantes en 1 y 57. Fue en 1909.

Tampoco vio las Copa Libertadores, los títulos nacionales que vendrían después, las nuevas disciplinas, el crecimiento social ni las sucesivas transformaciones de aquella cancha en la que alguna vez había trabajado con sus propias manos. Conoció solamente los primeros 23 años de una historia que ya lleva más de un siglo, y murió sin alcanzar a saber hasta dónde podía llegar aquello que había ayudado a construir.

Quizás allí resida una parte especial de su legado. Alfredo Marcial Lartigue hizo su aporte sobre el Estudiantes que tenía delante: alzó la voz en una reunión, redactó un acta, jugó al fútbol y al rugby, trabajó sobre el terreno de 1 y 57 y acompañó a una institución que todavía buscaba afirmarse.

Su lugar como Socio N°1 será siempre irrepetible, pero hay algo de aquella experiencia que sigue vigente. Cada persona que se acerca a Estudiantes lo hace frente a un Club cuyo futuro todavía no conoce y cuyo crecimiento también dependerá de quienes decidan acompañarlo en el presente.

Lartigue nunca pudo saber qué Estudiantes estaba ayudando a construir; los socios de hoy tampoco pueden saber hasta dónde llegará el de mañana. Puede que el futuro vuelva a hacer con Estudiantes lo mismo que hizo con aquel sueño de 1905: llevarlo, de lo previsto, mucho más allá.

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