lunes 02 de noviembre de 2026

El reclamo por soberanía surcó el Río de La Plata con una competencia con más de 260 navegantes

Bajo el lema "Regata por la Soberanía", tripulantes de 58 embarcaciones navegaron el Río de La Plata para destacar la importancia del Canal Magdalena.

“Para ser malvinero, hay que aprender a navegar”, suele decir Cascote Bértola, capitán del Tupá, en una síntesis del sentir que despierta la navegación y el reclamo por soberanía, que se precipitó desde que Giovani Lo Celso levantara aquella bandera maldita. Una proposición que resulta evidente a los navegantes de estas aguas amarronadas este último sábado soleado de octubre.

Son las 8.30 de la mañana, y los veleros se enfilan en el canal del Puerto La Plata con rumbo norte, en dirección al punto de largada de la tercera edición de la Regata Canal Magdalena, que bajo el lema de la soberanía superó las expectativas de convocatoria: más de 260 navegantes a bordo de 58 embarcaciones.

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“La soberanía también se construye habitando nuestros espacios, acercando a las personas al río y transmitiendo esa pasión a las nuevas generaciones”, arguye Diego Madeo, del Club Náutico Ensenada, organizador del evento en conjunto con el Club Náutico Ciudad de Berisso y el Club Regatas La Plata.

La salida hacia el río abierto es un momento de tensión para los capitanes de los barcos. Además de esquivar al practicaje, las lanchas que llevan y traen a los grandes buques mercantes al puerto, las piedras y los viejos pilotes enterrados hacia los costados del canal suman preocupación; no son pocos los barcos hundidos tras fisurar su estructura con esos palos que asoman como lanzas cuando la marea baja.

La travesía del Tupá puso en primer plano el reclamo por el dragado del Canal Magdalena y la soberanía argentina

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Una largada a puro viento y reclamo soberano

La flotilla se aglomera en el punto de largada, bajo un sol cálido que produce un reflejo plateado sobre las crestas de las típicas olas cortas del Río de La Plata. Porque el río más ancho del mundo tiene sus peculiaridades, como el ritmo saltarín que provoca el golpeteo incesante de los cascos sobre esas olas, que incomoda y asombra a los navegantes foráneos.

Pocos minutos antes de las 10hs, las embarcaciones apagan sus motores y con todo su velamen desplegado se aprestan a esperar el pitazo inicial. A bordo del Tupá, una de las embarcaciones más grandes de la jornada, sus nueve tripulantes suman adrenalina ante la cuenta regresiva que la organización transmite por radiofrecuencia: 5, 4, 3, 2, 1…

El cielo se colorea con las enormes velas de balón que engloba el viento de popa, y dan un espectáculo magnífico. El destino es el pilote 6 del Canal Magdalena, donde una boya marca el inicio de este canal natural que desde hace más de dos décadas busca profundizarse, para que la Argentina pueda navegar sus ríos y mares sin pasar por jurisdicción extranjera.

“El dragado del Canal Magdalena es lo que queremos todos, porque significa soberanía pura, para nosotros es una causa tremenda, es como Malvinas”, dirá más tarde el intendente de Ensenada, Mario Secco, durante la premiación. “Los que tuvimos a alguien ahí en Malvinas, como yo tuve a mi hermano, por su puesto que interpretamos muy bien lo que significa la soberanía nacional y el Canal Magdalena es pura soberanía nacional”, sostendrá.

El velero Tupá y sus tripulantes navegaron durante casi nueve horas por las aguas del Río de La Plata

El velero Tupá y sus tripulantes navegaron durante casi nueve horas por las aguas del Río de La Plata

Entre las tareas de izar y arriar las velas, cazar y filar los cabos, el andar pausado del Tupá permite espacios de conversación. Parado sobre la bañera del velero, con timón en mano, Cascote Bértola asegura que “el Canal Magdalena no se construye porque hay fuertes intereses para que eso no se haga”.

“Todo el comercio exterior pasa hoy por Montevideo. Todos los barcos que están acá en la rada, que van a Buenos Aires y Rosario, completan carga y van hasta Quequén, tienen que navegar a Montevideo, ir hacia el este, después al norte para entonces poder navegar hacia el sur, porque no dragamos un canal que es muy cortito, una obra muy barata, y porque hay fuertes intereses que siempre se niegan a que tengamos soberanía y no podamos unir nuestra patria”, explica.

El Canal Magdalena, una obra clave para la soberanía

Coordinador de la Escuela Popular de Náutica “Rumbo Sur”, que promueve el acceso al río y su navegación, Bértola ejemplifica: “Hoy nuestra patria está partida al medio, no podemos navegar desde Rosario hasta Mar del Plata sin pasar por Montevideo, y eso es una ofensa a nosotros mismos, además de salirnos más caro, además de que cuando se atasca el otro canal, como ya ha pasado, nos quedamos sin comercio exterior. El Canal Magdalena nos daría esa posibilidad”.

La obra de profundización, ensanche y balizamiento del Canal Magdalena permitiría a la Argentina tener soberanía plena de sus aguas, un tráfico más fluido con un canal de doble vía, pero además una ganancia que el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) estimó en al menos 145 millones de dólares anuales entre el ahorro y todos los cargos por servicios que hoy quedan en Uruguay.

La regata Canal Magdalena reunió a más de 260 navegantes en una jornada por la soberanía nacional

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“Queremos que las próximas autoridades nos den una salida franca hacia a nuestro Mar Argentino, que cada ciudadano tenga la posibilidad de salir y no tener que hacer el paso por Uruguay, y navegar libremente hacia nuestro sur”, remarca Carlos Falon, marinero del Tupá e integrante de la Columna Juana Azurduy, la que todos los años realiza la travesía de montaña al Lago Escondido, para denunciar el bloqueo de los acceso públicos por parte del magnate británico Joe Lewis.

A las 14, el Tupá vira por la boya del Canal Magdalena, ese mojón enterrado en las ansias soberanas de la Argentina, para emprender su retorno al punto de partida. Las nubes avanzan desde la costa hasta que el viento gira hacia el este. A las 17hs, tras casi nueve horas de navegación culmina su travesía.

En medio de la celebración, Diego Madeo concluye: “Fue una manera de encontrarnos en el río y poner en valor algo que nos pertenece: nuestra identidad náutica, nuestra comunidad y el Canal Magdalena. Queremos que esta regata siga creciendo y que cada vez más personas sientan que el río también es parte de su vida.”

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