sábado 25 de abril de 2026

La UNLP cumple 120 años en la lucha por más democracia

Desde la fundación a las amenazas de la actualidad, una mirada sobre la historia de la Universidad Nacional de La Plata.

Por Martín Legarralde Vicedecano de la Facultad de Humanidades
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En 1905 Joaquín V. González, entonces ministro del interior del gobierno nacional, propuso la creación de una nueva universidad en La Plata. Por aquellos años, aún resonaban los ecos de una crisis política que había comenzado en 1890 y que había puesto en cuestión la legitimidad de los gobiernos surgidos del núcleo conservador.

La ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, que entonces contaba con apenas dos décadas, poseía ya una universidad provincial. Sin embargo, aquella institución no había logrado consolidarse y su actividad estaba aletargada.

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El proyecto de González implicaba nacionalizar la universidad provincial, sumar otros organismos de la provincia (el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio astronómico, la Facultad de Agronomía y Veterinaria y la Escuela de Santa Catalina) así como conformar un nuevo complejo institucional, con nuevos edificios, bibliotecas, laboratorios, internados y predios deportivos.

El proyecto de Joaquín V. González era nacionalizar la universidad provincial y sumar otros organismos para conformar un nuevo complejo institucional

Las reformas de Joaquín V. González

¿Cómo se justificaba ese ambicioso proyecto, a menos de 100 kilómetros de la Universidad de Buenos Aires? El entonces ministro argumentaba que la crisis que aún atravesaba el país requería unas reformas profundas. Había intentado ir en ese sentido cuando en 1902 impulsó la sanción de una ley que establecía la elección uninominal por cada circunscripción, de manera que cada vecindario contara con un único representante que mantendría cercanía con sus representados. Dos años más tarde, propuso un Código Nacional del Trabajo con el objetivo de conceder algunas protecciones laborales (limitación de la jornada de trabajo, reconocimiento de organizaciones sindicales) e introducir el arbitraje estatal en las relaciones entre patrones y trabajadores.

Sin embargo, ninguna de estas medidas había logrado apaciguar la crisis política y social. Si la fallida revolución que había estallado en 1890 apuntaba contra el poder concentrado en la figura de Miguel Juárez Celman, en 1905 la insurrección radical liderada por Hipólito Yrigoyen se dirigía ya contra todo un sistema político basado en el fraude electoral. Esas eran las señales más alarmantes de una crisis política persistente. Para González, la resolución definitiva del conflicto, que permitiera mantener el poder conservador y lo liberara de las impugnaciones, consistía en la formación de las próximas generaciones políticas en la virtud de una nueva universidad.

Para Joaquín V. González la resolución de la crisis política y social consistía en la formación de las próximas generaciones con una nueva universidad

Pero el proyecto y la concreción de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) tendría objetivos mucho más amplios y abarcativos que la formación de las nuevas generaciones de las élites políticas. Se alojarían en esta Universidad nueva las tendencias renovadoras de la ciencia experimental, así como las expectativas de divulgación del conocimiento científico a aquellos sectores sociales que no accedían a los estudios universitarios.

Una encrucijada coyuntural, la crisis del poder conservador cargado de impugnaciones morales y políticas, pero también la joven capital provincial necesitada de nuevas proyecciones, le permitían a González argumentar a favor de su iniciativa en el Congreso, y convencer al gobernador Marcelino Ugarte para que cediera las instituciones que formarían parte la Universidad Nacional de La Plata.

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La esquina de 7 y 47 con el tranvía circulando y el Rectorado de la UNLP de fondo

La esquina de 7 y 47 con el tranvía circulando y el Rectorado de la UNLP de fondo

Una figura excepcional y un desarrollo colectivo

La figura de Joaquín V. González resulta excepcional por su carácter promotor, fundador y organizador, aunque es importante reconocer que la Universidad se consolidó porque muy pronto reunió un conjunto muy diverso de iniciativas, aportes y proyectos.

Desde el positivismo cientificista que echó las bases de muchos de sus estudios, laboratorios e institutos, hasta los vínculos con el socialismo de principios de siglo, interesado en que los logros de la ciencia moderna llegaran también a las capas obreras, una mirada a los primeros años de la Universidad pone en evidencia que ninguna obra de las dimensiones que muy pronto alcanzó, puede ser el resultado de una iniciativa individual.

La figura de Joaquín V. González resulta excepcional, pero las dimensiones que pronto alcanzó no fueron el resultado de una iniciativa individual

En la historia de la UNLP es posible reconocer las luchas por la construcción y reconstrucción de formas de legitimidad democrática. Si para González uno de los ejes del proyecto de Universidad de 1905 era formar a una clase política que garantizara la estabilidad de sus vínculos, la Reforma Universitaria (iniciada en Córdoba en 1918) planteó la exigencia de la democratización interna de las universidades.

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La estatua de Joaquín V. González, en el acceso al edificio de la Presidencia de la UNLP

La estatua de Joaquín V. González, en el acceso al edificio de la Presidencia de la UNLP

El impacto real de la Reforma Universitaria de 1918 en la UNLP

Si bien nuestra Universidad contaba ya con algunos de los rasgos que el movimiento reformista reclamaba en Córdoba, hubo otros aspectos que fueron radicalmente transformados. La idea de que todos los miembros de la Universidad debían gozar de una ciudadanía universitaria que les permita participar del gobierno de la institución a través de sus representantes, fue una de las consignas más revulsivas de la Reforma Universitaria. Pero en La Plata, el movimiento atacó, además, lo que consideraba como uno de los rasgos más elitistas, los internados del Colegio Nacional, en los que se reclutaba a los hijos de las élites políticas para recibir, de los estudios universitarios, símbolos adicionales de prestigio social.

Si el movimiento complejo y polifacético de la Reforma Universitaria traía consigo el reclamo por el co-gobierno democrático de estudiantes, graduados y profesores, en La Plata también elaboró, a su modo, una impugnación al carácter elitista de la Universidad.

En La Plata, el movimiento reformista sumó al co-gobierno democrático una impugnación al carácter elitista de la Universidad

Peronismo, gratuidad, militancia y dictadura

Pero el vínculo entre la Universidad y los procesos de democratización tuvo otras aristas. Cuando en 1945 Juan Domingo Perón se proyectaba hacia la centralidad de la política, impulsado por un amplio apoyo popular, el movimiento reformista se convirtió en uno de los principales actores de la oposición. En La Plata, la movilización de los sectores obreros del 17 de octubre tomó como uno de los blancos de sus protestas a la Universidad, a la que consideraban un reducto de los privilegiados. Cuatro años más tarde, Perón decretaba la supresión de los aranceles incorporando un nuevo capítulo a la democratización universitaria: la posibilidad de que los hijos de las familias obreras lleguen a los estudios superiores.

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Una protesta frente al viejo Comedor Universitario

Una protesta frente al viejo Comedor Universitario

Como el resto de las universidades argentinas, la UNLP tuvo un gran crecimiento en las décadas de 1960 y 1970. El aumento en la cantidad de estudiantes coincidió con una activación política creciente de los universitarios. La proscripción del peronismo, la radicalización política y la sucesión de dictaduras que se extendieron entre 1955 y 1973 fueron el escenario en el que creció una militancia universitaria que se comprometió con proyectos de liberación nacional y revolución social.

El aumento en la cantidad de estudiantes entre 1960 y 1970 coincidió con una activación política creciente de los universitarios

La derrota de aquellos proyectos a manos de la última dictadura militar se produjo sobre la desaparición y asesinato de cerca de 700 personas que integraban nuestra Universidad, y que forman parte de los 30.000 desaparecidos.

La recuperación democrática

La recuperación de la democracia fue un período en el que se unificaron las consignas de democratización interna y democratización social de la universidad. La recuperación del co-gobierno con participación de estudiantes, graduados y profesores, convergió con la consigna del "ingreso irrestricto", sin aranceles, exámenes o cupos.

También fue un período en el que los actores universitarios tuvieron un papel importante en la consolidación del sistema democrático, asumiendo un compromiso creciente con las luchas del movimiento de derechos humanos por las demandas de memoria, verdad y justicia.

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La recuperación de la democracia reactivó la militancia estudiantil y restituyó el co-gobierno universitario

La recuperación de la democracia reactivó la militancia estudiantil y restituyó el co-gobierno universitario

La crisis de 2001 fue un momento de profundo quiebre para las instancias de representación política que se habían conformado desde 1983. Las instituciones educativas, y entre ellas las universidades, fueron habitadas como espacios de debate, organización y formación política, más allá de su función educativa.

Con la crisis de 2001 las universidades fueron habitadas como espacios de debate, organización y formación política, más allá de su función educativa

La recuperación de políticas públicas que fortalecieron al sistema universitario a partir de 2003, coincidió con una ampliación de los horizontes de democratización planteados por los actores universitarios, tales como las acciones que permitieran los hijos de familias sin tradición universitaria llegar a la universidad, la definición de la educación superior como un derecho, o las luchas por una universidad feminista.

Nuevas amenazas para la Universidad

Como vemos, la historia de nuestra Universidad puede ser narrada, en gran medida, como la historia de nuestro país.

A 120 años de aquel momento fundacional en el que Joaquín V. González presentaba su proyecto de Universidad, nuestra democracia enfrenta nuevas amenazas. Y no es casualidad que también las universidades resulten atacadas en este contexto.

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En el actual contexto de desfinanciamiento, docentes, no docentes y estudiantes de la UNLP se encuentra movilizados

En el actual contexto de desfinanciamiento, docentes, no docentes y estudiantes de la UNLP se encuentra movilizados

Quizás sea oportuno volver a pensar en el vínculo profundo que González imaginaba entre Universidad y legitimidad política y preguntarnos qué podemos hacer desde nuestro lugar como universitarios, en estos tiempos donde la ciudadanía se debilita y la participación retrocede, para defender y revitalizar la democracia.

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