El fenómeno de El Niño comenzó a hacerse presente nuevamente y los pronósticos anticipan un importante fortalecimiento durante los próximos meses. De acuerdo con los últimos datos analizados por especialistas de la UNLP, existe un 63% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
La evolución del fenómeno es seguida de cerca debido a sus efectos sobre el clima a escala global y, particularmente, por las consecuencias que puede tener en el sudeste de Sudamérica. En esta región, El Niño suele estar asociado con un aumento de las precipitaciones y temperaturas superiores a las normales, aunque los especialistas advierten que sus efectos no son iguales en todos los años.
La explicación fue realizada por Caterina Basso, licenciada en Meteorología y Ciencias de la Atmósfera por la facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, a partir del último pronóstico elaborado por el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
Caterina Basso, recibida de la facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP explicó el fenómeno de El Niño
¿Qué es El Niño y por qué puede cambiar el clima?
El Niño forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación Sur (ENSO), un sistema natural que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical.
Se caracteriza por variaciones en la temperatura de las aguas superficiales del océano Pacífico y por los cambios que esas variaciones producen en la circulación atmosférica. Aunque el fenómeno se origina a miles de kilómetros de Argentina, sus efectos pueden trasladarse a distintas regiones del planeta.
Durante las condiciones normales, los vientos alisios desplazan las aguas superficiales más cálidas hacia Indonesia y Australia. En las costas de Perú y Ecuador, en tanto, predominan aguas más frías y ricas en nutrientes.
Cuando se desarrolla El Niño, los vientos alisios pierden intensidad y las aguas cálidas comienzan a desplazarse hacia el Pacífico central y oriental. Si ese calentamiento se mantiene durante varios meses, la atmósfera responde modificando los patrones de circulación y se establece la fase cálida del ENSO.
El ciclo suele comenzar hacia fines del invierno o principios de la primavera austral, alcanzar su máxima intensidad durante el verano y luego comenzar a debilitarse durante el otoño. Uno de los indicadores más visibles del fenómeno son las grandes zonas de color rojo que aparecen en los mapas de temperatura del Pacífico ecuatorial.
Sin embargo, Basso aclara que esos mapas no muestran directamente la temperatura del agua, sino su anomalía: es decir, cuánto se aleja la temperatura registrada del promedio correspondiente al período 1991-2020.
Durante un episodio de El Niño, esa diferencia es positiva. Por eso, las zonas que presentan temperaturas superficiales del mar superiores al promedio aparecen representadas con colores cálidos.
El dato resulta importante porque esas anomalías en el Pacífico ecuatorial pueden generar ondas atmosféricas planetarias capaces de desplazarse miles de kilómetros, modificando los patrones de temperatura y precipitaciones en diferentes partes del mundo.