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Científicos de La Plata descubren un molusco gigante que vivió en la Patagonia hace 150 millones de años

Un equipo del Conicet y el Museo de La Plata identificó una nueva especie de bivalvo con rasgos únicos y posibles adaptaciones fotosimbióticas.

Un equipo del Conicet en el Museo de La Plata describió una nueva especie de molusco gigante hallada en Neuquén. El fósil, de hace 150 millones de años, permite conocer cómo era la Patagonia jurásica y revela adaptaciones únicas de estos antiguos bivalvos marinos.

Un golfo de aguas subtropicales, arrecifes y un mar conectado con el océano Pacífico cubrían parte de la actual provincia de Neuquén hace 150 millones de años. En ese escenario del período Jurásico vivió Opisoma romeroi, un molusco extinto que acaba de ser identificado por investigadores del Conicet en la facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

El hallazgo suma una nueva especie a la fauna prehistórica de la Patagonia y tiene una particularidad que la distingue del resto de los ejemplares conocidos del mismo género: su tamaño. El fósil mide 18 centímetros de longitud, mientras que otros registros similares suelen alcanzar apenas entre 2 y 3 centímetros.

El Museo de La Plata fue una de las instituciones donde se desarrolló la investigación sobre el nuevo molusco gigante del Jurásico

El molusco gigante con forma de corazón que habitó la Patagonia

Opisoma romeroi era un bivalvo, un grupo de moluscos marinos al que pertenecen animales actuales como las almejas y las ostras. Su caparazón estaba formado por dos valvas unidas por una estructura similar a una bisagra, aunque la nueva especie presentaba una morfología poco habitual.

“Tiene una forma rara; parece un corazón, y es muy pesada debido a la gran cantidad de carbonato de calcio concentrado en uno de los lados, lo cual indica que vivía semienterrada”, explicó Valentina Cuesta, becaria del Conicet y primera autora del trabajo.

El fósil de Opisoma romeroi fue analizado más de 40 años después de su hallazgo y permitió identificar una nueva especie de molusco jurásico

Los investigadores también observaron características que permiten plantear que el animal pudo haber tenido una relación simbiótica con organismos fotosintéticos. Según Javier Echevarría, investigador del Conicet y autor del estudio, sus valvas aplanadas son similares a las de otros bivalvos que alojan algas en sus tejidos y las exponen a la luz solar para obtener nutrientes.

La investigación propone que esta especie habría vivido en un mar tranquilo de aguas poco profundas y mantenido una relación fotosimbiótica con microalgas productoras de oxígeno. Para los especialistas, esta adaptación también aporta información sobre el clima que tenía la región durante el Jurásico, cuando la Patagonia se encontraba en una ubicación más cercana al Ecuador.

Un fósil que estuvo guardado durante más de 40 años

El ejemplar fue hallado en Cerro Granito por Francisco Romero, primer director del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul, y permaneció durante más de cuatro décadas en distintas colecciones científicas antes de ser estudiado en profundidad.

El Cerro Granito, en Neuquén, fue el sitio donde se encontró el fósil de Opisoma romeroi que permitió identificar la nueva especie de molusco jurásico

Una parte del material se conservó en el Museo Provincial de Ciencias Naturales “Prof. Dr. Juan A. Olsacher” de Zapala y otra en un repositorio institucional de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Aunque el paleontólogo Horacio Camacho había tenido la intención de analizarlo, las piezas continuaron reservadas hasta la investigación actual.

Para describir la nueva especie, el equipo utilizó métodos tradicionales y también una tomografía computada que permitió observar las valvas con mayor detalle. El análisis permitió descartar algunas hipótesis sobre su funcionamiento y comparar sus características con especies actuales.

Ilustración de Opisoma romeroi con el manto expuesto a la luz solar y asociado a microalgas

Los científicos estudiaron especialmente su parecido con las almejas gigantes del género Tridacna, que pueden alcanzar hasta un metro y medio de longitud y viven asociadas a algas microscópicas. Aunque no se trata de animales equivalentes, comparten aspectos vinculados al tamaño, el ambiente y la captación de luz.

El descubrimiento abre nuevas preguntas sobre la distribución de los grandes bivalvos del grupo Lithiotis, que se extinguieron durante la primera parte del Jurásico. Los investigadores consideran que Opisoma romeroi podría indicar que estos organismos habitaron zonas más australes de lo que se pensaba hasta ahora.

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