Más que un Conversatorio taller sobre candombe, lo que propició Fernando "Lobo" Núñez con su visita a La Plata fue un acontecimiento histórico para la cultura local y sus comparsas. El músico y luthier uruguayo habló del toque del tambor, su historia, las llamadas y más. Respondió a todas las preguntas del público -que lo ovasionó a sala llena en el auditorio del Pasaje Dardo Rocha- y tocó junto a su hijo y su nieto.
Núñez llegó a la ciudad invitado por las comparsas organizadoras del Candombe del 25 por ser una figura central de esta cultura y un referente a nivel internacional. Nació en la misma casa donde vive hasta hoy, en barrio Sur, Montevideo, y desde muy joven integró diferentes comparsas como Esclavos de Nyanza y Morenada. Colaboró con artistas como Jaime Roos, Ruben Rada, Caetano Velozo, Fito Páez y Jorge Drexler, entre muchos otros, y desde hace más de 40 años dirige su taller "El Power", donde fabrica tambores que han llegado a Japón, Australia, Suecia y Estados Unidos.
El domingo, pasadas las 14, ante unas 300 personas, desde el escenario y con su tambor piano, Núñez comenzó evocando los inicios del candombe, en tiempos coloniales, en Uruguay, cuando los esclavos se reunían a tocar donde actualmente se encuentra la Plaza España de Montevideo. "Ahí tocaron por primera vez los candomberos y luego se fue expandiendo", contó Núñez, "y llegó hasta acá".
"Nosotros tocamos desde muy niños, al principio imitando a los mayores porque el candombe era cosa de adultos, hombres. Y no teníamos tambores sino que tocábamos con latas. La evolución permite que hoy sea una cosa popular, de todos", recordó el luthier, que con 70 años observó cómo fueron cambiando este ritmo y las costumbres que lo rodean. Evocó los tiempos en que su abuelo le prohibía a su madre ver pasar a los tambores y, luego, su infancia en la que a su hermana sí se le permitió verlos, pero desde un costado porque "no estaba bien visto que las mujeres participaran".
En ese punto, destacó el rol clave que tuvieron las vedettes Rosa Luna y Martha Gularte, que a mediados del siglo 20 irrumpieron en la escena candombera. "Fueron transgresoras, valientes", recordó Núñez, "fueron las primeras en mostrar las piernas, la barriga, parte de sus senos y bailar ante el público. Eso significaba el horror de muchas mujeres y la alegría de muchos varones". "Yo alcancé a tocar con las dos y cuando pasaban por la calle, las mujeres no las miraban a ellas sino a los maridos, a ver a dónde miraban", bromeó y cerró: "Todo eso a mí me fue marcando y hoy en día, por suerte, hay comparsas netamente de mujeres".
Lobo Núñez tocando en el Pasaje Dardo Rocha
Tras ese repaso de la historia del candombe que es también la historia de su vida, el Lobo Núñez, que tenía a su izquierda a su nieto, Camilo, con tambor chico y, al lado de este, a su hijo Noe, con repique, avisó: "Vamos a empezar con una llamada. Voy a tocar el ritmo que más conozco, que es el Sur" y comenzó a hacer sonar la madera.
Sur y Palermo: los barrios donde nació el candombe
Luego de tocar, el Lobo Núñez distinguió entre los dos tipos de toque de candombe que llevan los nombres de los barrios donde nacieron: Sur y Palermo, y también son nombrados por las calles de esos barrios: Cuareim y Ansina, donde estaban los conventillos en los que vivían los morenos que tocaban. "En lo único que hay diferencia entre un toque y otro, más que nada, es en el tambor piano", indicó y comenzó a mostrar las diferentes frases con su tambor.
"Ansina es Palermo y Cuareim es Sur y son dos calles importantes porque fueron puntos de resistencia", explicó el luthier y agregó: "El conventillo Medio Mundo, la calle Cuareim y todo lo que la rodea y la calle Ansina: ahí también se resistió mucho. Fuimos los barrios que le pusimos el pecho a la dictadura cuando hubo desalojos arbitrarios y violentos por tocar el tambor".
Tras esa aclaración, el Lobo Núñez dio paso a las preguntas del público, que fueron diversas y abundantes. En sus respuestas abordó los diferentes tipos de golpes en la madera; la forma en que prefiere ordenar una batea para que suene equilibrada; la importancia de que los repiques toquen intercalados; los paisajes sonoros de los barrios; cómo imagina los tambores en 50 años -"igual que ahora, como tiene que ser"-; la cantidad ideal de tocadores en una comparsa -"unos 40 está bien", porque si no "el de adelante ni se entera de lo que pasa atrás y para tocar hay que escucharse"-; el rol protector de los niños del personaje de la Mama vieja; la creación de la comparsa La Calenda, en los 90, un sueño que cumplió junto a sus hijos.
Las llamadas de Uruguay y el Candombe del 25
Ante la consulta por el desarrollo que han tenido las Llamadas de Candombe de febrero, en Uruguay, el desfile más importante y masivo del año, que es transmitido por televisión, tiene auspiciantes y requisitos a cumplir por unas 50 comparsas que compiten por el primer puesto, el Lobo Núñez hizo un contraste entre los inicios, a mediados del siglo 20, cuando las agrupaciones tenían "40 tocadores y 4 bailarinas" y la actualidad, cuando una batea puede llegar a tener hasta 70 tambores y los cuerpos de baile superan las 50 personas.
"Hay una competencia feroz por un premio monetario que siempre ganan las mismas diez comparsas", lamentó el luthier y observó que el hecho de que haya que invertir para desfilar desalienta cada vez más la participación, al tiempo que las comparsas que cuentan con más organización y experiencia terminan logrando una ventaja que amplía la brecha. Aún así, "por amor, muchas siguen participando", agregó.
Cansado de ver cómo los candomberos se esfuerzan durante meses, invierten tiempo y dinero y no reciben nada de los ingresos generados en torno a uno de los eventos más importantes del país, Núñez dejó de participar de las llamadas y va como espectador. También como espectador estuvo por primera vez en la Llamada de Candombe del 25 que se realizó este sábado. Por eso, durante el conversatorio, le consultaron qué fue lo que más le gustó y también lo que menos.
"Lo que menos me gustó fue el frío", bromeó Nuñez y el auditorio rió. "Me gustó mucho la gran comunidad que tienen, de paz, tranquilidad. Todo el mundo contento, todo el mundo junto. No hay competencia. No hay diferencia. Veo que todos son parte de esto, con mucho sacrificio y que vienen desde lejos. Gente de todo tipo... una fauna importante", agregó y el público volvió a reír. "La competencia se paga y acá nadie compite con nadie: todo el mundo viene, toca, se divierte, come, toma, comparte y eso es lo bueno. Que siga así y no cambie", cerró.