jueves 04 de abril de 2024

La historia de "La Peque" Pareto: de sus viajes a La Plata a triunfar en las olimpíadas

El combate ya se terminó, pero los jueces no se ponen de acuerdo y no se sabe quién ganó. Es el repechaje de la categoría de hasta 48 kilogramos del judo femenino. En disputa, una medalla de bronce en el primer día de competencias de los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008.

El cronómetro llegó a 0 y la gráfica se quedó con triunfo de la norcoreana Pak Ok-Song. Festejo de la asiática y los suyos, claro, pero reclamo del lado rival. Y fue el cuarto árbitro quien revirtió la decisión de los jueces: victoria y medalla de bronce para la competidora argentina en la madrugada del 9 de agosto de 2008, hace hoy 15 años.

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Paula Belén Pareto, a los 22 años, le dio al judo argentino su primer podio olímpico. “No tenía pensado ir a un Juego Olímpico. Solo quería entrenar y dar lo mejor de mí. Después, los resultados fueron sorprendiéndome”, repasa hoy “La Peque”. Y recuerda: “Un Juego Olímpico nunca me pareció algo lejano. Directamente, no era un objetivo, creo, era solo una competencia que sabía que existía”.

En aquel 2008, Pareto entrenaba en la sede de Estudiantes de La Plata y en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), en Núñez. Vivía en San Fernando con su familia y estudiaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se había enganchado con el judo a los 9 años, en el Club San Fernando; empezó primero su hermano, pero el profesor invitaba a toda la familia.

En su debut competitivo, Pareto fue segunda en un torneo mixto: “Como no había mujeres de mi peso, me organizaron luchas con varones”. Luego tuvo su primer Nacional, en Mendoza, “después de nueve horas de espera por retrasos y mucho frío”. “Quedé primera. Ahí luché con chicas de mi categoría. Bueno, alguna más pesada, pero no tanto”, cuenta sobre aquellos primeros años, antes de llegar a la Selección.

En el año 2003 se realizó un campo de entrenamiento en el Cenard. Una competencia interna seleccionaba a los deportistas argentinos para representar al país en el Sudamericano que iba a realizarse en Buenos Aires. Pareto fue seleccionada y compitió. “Como se hizo en el Cenard, tuve la chance de asistir, sin costos extra. Ese Sudamericano fue mi primera competencia internacional: quedé primera y a partir de ahí se me tuvo más en cuenta”, recuerda "La Peque".

Al año siguiente, en 2004, fue campeona panamericana entre los juniors, en Puerto Rico. A los Pareto les habían robado el auto y aquel viaje de “La Peque” fue costeado justamente con el dinero que les pagó el seguro. “Disfruté haber logrado el primer lugar y darle un buen final a ese mal momento que pasó mi familia, más el esfuerzo que tuvieron que hacer después sin un auto para transportarse. Pero sabía que había podido competir por un hecho anecdótico, por una situación mala”.

Paula Pareto, a los 22 años, le dio al judo argentino su primer podio olímpico. "No tenía pensado ir a un Juego Olímpico. Solo quería entrenar y dar lo mejor de mí".

Pareto tenía 18 años y al judo se sumaba la carrera de Medicina. “Hubo un momento en que estuve un poco colapsada”, cuenta hoy. Y allí fueron clave las amigas. “Me decían que no deje, que los campos de entrenamiento, los selectivos, eran la forma en la que podíamos vernos”. Y Pareto competía, tenía buenos resultados y se clasificaba para los torneos. “Y así fue que seguí. Creo que ese colapso duró solo un año y volví por mis amigas. Después, al poco tiempo, pude complementar ambas pasiones: el judo y la Facultad”.

LA LLEGADA AL PINCHA

Elizabeth Copes le lleva unos diez años a Pareto: octubre del 76 contra enero del 86. Y el mismo 2004 en que Pareto se consagró campeona panamericana junior en Puerto Rico (aquel torneo del viaje costeado con el dinero del seguro), la judoca platense Copes compitió en los Juegos Olímpicos de Atenas. A su vez, el marido de Copes, Fernando Yuma, era el técnico del seleccionado nacional de judo.

Estudiantes, el club que impulsó a La Peque a la gloria

Pareto pasó al seleccionado mayor y allí entabló una amistad con Copes. Y fue justamente ella quien al tiempo le propuso a Pareto entrenarse en Estudiantes, con Yuma. “Fue con la idea de tener mayor cantidad de entrenamientos de los que tenía en mi primer club. Además, Estudiantes podía aportar lo que necesitaba desde lo económico para estar en las competencias que me permitían entrar al ranking nacional y así tener la chance de competir a nivel internacional. Una realidad totalmente nueva para mí, que venía de un club ‘más amateur’”, explica Pareto. Así se abrió la posibilidad de que “La Peque”, que vivía en San Fernando y estudiaba en Buenos Aires, sumara un par de días de entrenamientos en La Plata, en la sede social del “Pincha”.

Hasta entonces, el único recuerdo de la ciudad se relacionaba con una competencia que había tenido siendo “chiquita”. “Saliendo nos agarró una maratón y nos quedamos encerrados”, cuenta entre risas.

Más acá en el tiempo, fue en 2006, a los 20 años, que comenzó a entrenarse en Estudiantes. Viajaba en el tren Mitre hasta Retiro y allí combinaba con el micro. Para los regresos, cuando volvía tarde, la madre la iba a buscar a Retiro. “La cantidad de veces que iba a La Plata variaba según la semana, pero seguro unas dos veces. Los días que me coincidían con la Facultad, cursaba en el centro y después iba a Retiro a tomar la Costera. Las materias de la Facu las hacía al mediodía, como para que me concuerden con los entrenamientos de la mañana en el Cenard y los de la tarde-noche en La Plata. A veces me quedaba a dormir en La Plata y entrenaba también al otro día a la mañana. Después, cursaba al mediodía en la UBA y a la tarde iba al Cenard”.

La Peque, un año después de alcanzar la gloria en Beijing (Foto: Martín Raggio)

Con el Plaza o con la Costera, Pareto se bajaba en La Plata, caminaba unas cuadras por diagonal y llegaba a Estudiantes. Desde su casa en San Fernando, el periplo demandaba unas tres horas, que en gran parte eran dedicadas a la Facultad. “Trataba de leer, pero la mayoría de las veces me tocaba ir parada. Entonces me ponía los auriculares y escuchaba las clases o los resúmenes que me grababa”, repasa.

En 2006, a los 20 años, que comenzó a entrenarse en Estudiantes. Viajaba en tren hasta Retiro y allí combinaba con el micro. Cuando volvía tarde, la madre la iba a buscar a Retiro.

Microbiología fue una de las materias que tiene presente haber estudiado arriba del micro. “Al principio todo te distrae, pero con el tiempo aprendí a enfocarme solo en mi estudio y no escuchaba más nada. Más si subía el audio del auricular”, vuelven las risas.

Aquellas jornadas de viajes largos, “siempre tenía alguna fruta, barrita o dulce en la mochila. No me sentaba a hacer cada comida como corresponde, pero sí tenía estipulado comer al menos algo cada dos horas”.

Por supuesto, los viajes también dejaron anécdotas, como un intento de asalto: “Una señora me salvó echando a un pibe que solo quería asustarnos”. Pero a la hora de destacar un recuerdo, no tiene dudas: “Lo mejor era cuando mi mamá me iba a buscar a Retiro, después de las 11 de la noche, muchas veces en pijama. A la vuelta, parada obligada, los puestos de la Costanera. Ahí metíamos una rica y compartida bondiola. Siempre en el mismo lugar, ya nos esperaban”.

SIN DISTRACCIONES

La llegada de Pareto a Estudiantes se explica, en gran parte, por el apoyo que podía brindarle el Pincha para participar de competencias nacionales y viáticos para los traslados; “ese fue uno de los principales motivos de cambio de club”, sintetiza.

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De sus entrenamientos en la sede de 53, "La Peque" recuerda que “era un grupo chico. Yo me manejaba mucho con ‘Eli’ (Copes), que es mi amiga, y con otras dos chicas de la Selección, que vivían en La Plata, no eran de Buenos Aires, pero gracias al club podían solventar un alquiler. Después, con el resto también me llevaba muy bien, pero solo nos veíamos cuando hacíamos judo, no en todos los entrenamientos”.

Pareto entrenaba en el quinto piso, al que generalmente se accedía por escalera, ya que el ascensor no funcionaba. “Llegábamos entrados en calor”, dice entre risas. Arriba, “las instalaciones eran pequeñas, pero nos las arreglábamos para sacarles el mejor provecho”. “Y como club, administrativamente, un 10”, no quiere dejar de destacar.

San Fernando, la UBA, el Cenard, Estudiantes… Sus venidas a La Plata eran solo para entrenar, y no mucho más. De allí que los recuerdos pasan por bajarse del micro y caminar hasta el club. De vez en cuando quedarse a dormir, y después el recorrido inverso. ¿Sitios de la ciudad? “La panadería de la esquina del club, donde Eli siempre compraba cosas ricas”.

Y a propósito, un párrafo para rectificar un dato que da vueltas en Internet: “En Estudiantes nunca jugué al fútbol”, deja en claro Pareto. “Alguna vez quise ir a probarme pero Eli no me dejó. Decía que me iba a quedar haciendo fútbol, en chiste, obvio. Además, ella era la única que podría haberme llevado, pero no nos sobraba el tiempo. No jugué en Estudiantes, no”, reafirma.

Pareto fue recibida y reconocida por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner

En momentos en que las redes sociales recién empezaban a asomar, la medalla de bronce se tradujo en cierta confusión: ¿era platense?, ¿hincha de Estudiantes? Sobre todo cuando el anuncio de su entrada en acción en Beijing fue acompañado de una foto de ella, en la Muralla China, con la casaca albirroja puesta. “Sí, hubo bastante confusión. Con Estudiantes siempre tuve la mejor relación, y sigo agradeciéndole el apoyo que me dio. Pero no soy de ningún club. Me gusta jugar al fútbol y ver a la Selección, y a todas las selecciones de los diferentes deportes, como a todos los argentinos. Si me apuran, digo que soy de Boca, porque mi papá es de Boca. Pero, la verdad, no sigo a nadie”.

En Beijing, Pareto ganó la medalla de bronce el primer día de competencia. Después, pasaron los Juegos, regresó al país y retomó los entrenamientos en Estudiantes. Seguía viajando en micro, alguna gente la reconocía, “pero casi nada en comparación de lo que, para mi sorpresa, pasa hoy”, admite. De la rutina, “todo se mantuvo igual. Y creo que estuvo bien, porque así se llegó a un buen resultado. Claramente, las cosas estaban bien hechas”, analiza, y cierra: “Obvio que muchas veces me pregunté si valía la pena el esfuerzo, el dejar de lado tantas cosas. Pero siempre terminaba comprendiendo que sí, y seguía”. Y vaya que siguió.

Con Fernando Yuma en la Selección, Pareto completó el ciclo olímpico rumbo a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en los que culminó quinta; en el medio, medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Después de Londres, la Confederación Argentina de Judo acordó cambios en la estructura de los seleccionados y se inició una nueva etapa -ya sin Yuma-, que en el caso de “La Peque” se coronó con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, primera deportista argentina campeona olímpica.

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