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La apasionante historia de Solange, la prima de Máxima Zorreguieta perdida en La Plata

De los juegos con sus primos durante las fiestas en el campo de su abuelo, en Fontezuela, Solange Boig no recordaba casi nada hasta que una de sus primas cobró relevancia internacional, en 1999. Entonces sus tías y hermanas le ayudaron a refrescar la memoria. Que las dos eran “tremendas”, le recordaron, y que, una vez, la discusión por una muñeca escaló tan alto que ella, para imponerse, dijo que iba a ser princesa, a lo que su prima retrucó que ella iba a convertirse en reina. “Yo le decía que no iba a ser nada”, recuerda Solange Boig, en una entrevista con 0221.com.ar. Pero 30 años después, su prima, Máxima Zorreguieta, ganó la disputa al convertirse en la reina de los Países Bajos.

La rama del árbol genealógico que las une comienza con Santiago Anastacio Cerruti Ponce de León, bisabuelo de ambas. En 1989 se casó con María de las Mercedes de Sautu y tuvieron nueve hijos, entre ellos, Joaquín y Jorge Cerruti de Sautu. El primero tuvo seis hijas, una de ellas es la madre de Solange. El segundo tuvo nueve hijos, entre quienes se encuentra Carmen Cerruti, la madre de Máxima. Que sus madres sean primas convierte a Solange y a Máxima en primas segundas.

Pero no solo las une la sangre de sus ancestros. Un pasado de juegos en torno a una larga mesa familiar forma parte de su historia. El que amalgamaba a la familia era Joaquín de Sautu, el abuelo de Solange. Su campo de Fontezuela, en Pergamino, al norte de la provincia de Buenos Aires, era el lugar donde convergían todos sus hermanos, con sus hijos y nietos, para cada Navidad y Año Nuevo.

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En el centro, el abuelo de Solange Boig. A su izquierda, el abuelo de Máxima Zorreguieta. A su derecha, la madre de Solange.

La familia de Solange recorría 65 kilómetros para llegar hasta allí desde su hogar, en Colón, provincia de Buenos Aires. De esos tiempos, ella recuerda que le encantaba andar a caballo, correr y subirse a los árboles y que, aunque a veces jugaba con sus primos, no era lo habitual. “Yo no daba mucha bola, era muy peleadora. Era tremenda de chiquita”, explica.

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Una foto inédita de la reina de los Países Bajos en su infancia.

Solange tiene 54 años, dos más que Máxima, a quien recuerda como “más del lado de los de Sautu” por sus rasgos dulces y redondeados, en contraposición a “los Boig”, entre quienes se incluye, de cabello rubio, ojos celestes y facciones angulosas. Al recordar a su prima, Solange menciona las diferencias y un punto en común: “Ella siempre fue re sencilla y muy simpática. No era una nena mala. Yo tampoco. Yo era traviesa porque era machona, me gustaba jugar. Ella era más nenita”.

LOS CAMINOS DE LAS PRIMAS TRAS LAS FIESTAS

Las fiestas en Fontezuela, en las que siempre había un mínimo de 50 familiares, comenzaron a menguar tras la muerte de los abuelos de Solange. Según recuerda, sus tías vendieron el campo cuando ella tenía 15 años. En esa época se mudó desde Colón a Pergamino, tras la separación de sus padres. Sus tías, que seguían en contacto con la madre de Máxima, la ponían al tanto de las novedades familiares. Así supo, en 1996, que su prima se había graduado de Licenciada en Economía y que se había mudado a Nueva York para trabajar como agente de inversiones en el banco HSBC.

Tres años después, la noticia del noviazgo de Máxima con el príncipe de Holanda no le llegó a través de sus tías, sino por los medios. “Cuando nos enteramos, no lo podíamos creer”, recuerda, “estábamos contentos porque era alguien de la familia”. Desde entonces, sus amigos bromeaban: “Ahí viene la prima de la princesa”, cada vez que la veían llegar.

Sus tías siguieron poniéndola al tanto de las novedades. Así supo que, gracias a Máxima, el príncipe había dejado el alcohol y que, con eso, su prima se ganó el corazón de la reina. “Él se enamoró a primera vista pero ella no le daba bolilla porque era alcohólico”, comenta Solange y agrega: “Cuando él la invitó a Holanda, ella le dijo que tenía que dejar el alcohol si quería que fuera”. “Porque desayunaba con whisky”, concluye asombrada.

En 2002, el príncipe Guillermo y Máxima se casaron y un año después tuvieron a la primera de sus tres hijas, la heredera del trono, Catalina Amalia. Tras conocer la noticia, una de las tías de Solange, Carlota Amalia, notó la coincidencia. “Ella siempre decía: ‘seguro que le puso Amalia por mí’”, recuerda Solange sobre su tía difunta, “capaz que cuando eligió el nombre se acordó de ella”, hipotetiza.

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El abuelo y la abuela de Solange (tíos de Máxima Zorreguieta) junto a sus seis hijas.

El 30 de abril de 2013, el príncipe Guillermo se convirtió en rey de los Países Bajos y Máxima, en reina. A menos que le pregunten, Solange no suele contar que es prima de una reina. Tampoco ha intentado obtener algún rédito, excepto una vez, admite, en un recital de Alejandro Sanz, cuando su vínculo con la realeza de Holanda le abrió las puertas del VIP a ella y a su amiga, que fue quien lo invocó. En el VIP, pronto se corrió la voz y se acercaron periodistas de las revistas Caras y Gente para entrevistar a la prima de Máxima Zorreguieta.

LAS FOTOS PERDIDAS Y LOS RECUERDOS

Solange es la menor de cuatro hermanos, hijos de Angélica Marciana de Sautu y de Orlando José Boig García. Su madre era empleada en una farmacia y su padre, poeta y artista plástico. Los cuatro hermanos crecieron en Colón, en la abundancia, gracias a la gran cantidad de tierras que su padre había heredado. Poco a poco, el hombre las fue vendiendo para solventar “una vida bohemia”, hasta que solo quedaron la casa de Colón y la de Pergamino.

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Las fotos que recuerdan el linaje de Solange Boig.

Ella llegó a La Plata en 1986 para trabajar en el kiosco de su hermano. Tiempo después se preparó para ser acompañante de ancianos, su ocupación desde hace 16 años. No tuvo hijos: “No sigo ese camino”, sostiene. Su pareja, con la que convive hace cuatro años en el barrio Monasterio, tiene tres.

Tras las fiestas en Fontezuela, nunca volvió a ver a su prima. Su último contacto con la familia de la reina fue hace 14 años, cuando murió su madre y se presentó en el velorio la madre de Máxima, que le dio el pésame pero ella no la reconoció.

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Solange Boig en la redacción de 0221.com.ar, compartiendo su emocionante historia.

Desde que su prima se integró a la realeza de Holanda, ha hecho tímidos intentos por contactarla. Una vez escribió a su perfil de Facebook y contó su filiación. Del otro lado, una asistente de Máxima le pidió fotos y ella mandó capturas de algunas que conservaba una tía. Varias de esas imágenes hoy circulan en internet. El álbum de la familia de Solange se perdió tras la muerte de su padre. Las fotos que ella guardaba se arruinaron con la inundación de 2013. Actualmente conserva unas pocas, entre las que se destaca la de la gran mesa familiar por la celebración de las Bodas de Plata de sus abuelos.

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Una de las tías de Solange conservaba algunas fotos de cuando Máxima era niña.

En 2001 Solange conoció Europa y estuvo a punto de visitar a Máxima pero se inhibió. Más tarde, en un viaje de su prima a Buenos Aires, casi lo logra: “Estuve cerquita pero no me animé”, recuerda, “me dio vergüenza”. “Capaz que me tire el lance”, dice ahora, pensando en la posibilidad de contactarla en la próxima visita a Buenos Aires, pero luego duda: “Qué sé yo si ella se acuerda”. “Capaz que dice ‘ni te conozco’”, bromea.

Solange se pregunta si, ahora que es reina, habrá quedado en su prima algún recuerdo de aquellas fiestas de la infancia en el campo de Fontezuela y concluye: “Se puede acordar de mí como no se puede acordar. Me gustaría ver qué dice”.

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