Los sueños se cumplen. Sin embargo, como todo en la vida y también en el mundo del fútbol, para poder alcanzarlos se requiere una cuota de sacrificio, esfuerzo y constancia. El que sabe de esto es Axel Atum, la joven promesa pincharrata de 17 años que un día fue al colegio de Estudiantes de La Plata y al siguiente le tocó defender la camiseta albirroja en UNO, recibiendo la ovación de todo el público.
Tras haber concretado su tan ansiado anhelo desde que llegó al club cerca de los 11 años proveniente de Gualeguaychú, Atum relató su historia como jugador juvenil albirrojo, su llegada a la pensión, las noches de llanto, el día que lo dejaron regresar a su hogar porque extrañaba la familia y la importancia de la paciencia para poder lograr sus objetivos hasta poder llegar a firmar su primer contrato como profesional.
Frente al Fortín no era su primera convocatoria, dado que integró el banco de suplentes ante Tacuary por la Copa Sudamericana y ya había entrenado en otras ocasiones con el plantel de Primera, por lo que poco le costó entrar al verde césped del Jorge Luis Hirschi. "Estaba muy tranquilo cuando entré, gasté los nervios en los entrenamientos y las primeras convocatorias. Había que tener paciencia y ahora hay que seguir metiéndole. Gracias a Dios se está cumpliendo mi sueño y todo muy rápido, lo estoy disfrutando al máximo", sostuvo con emoción.
Muchas veces las oportunidades no dan avisos y eso lo tuvo en cuenta el juvenil, que sabía que según el termómetro del encuentro iba a tener chances de ingresar en su segundo partido en el banco. Aún así, se sorprendió cuando vio que Eduardo Domínguez lo llamó a los 81 minutos para reemplazar a Benjamín Rollheiser, uno de los mejores jugadores de la cancha y así poder darle frescura y juventud a la ofensiva. Y sí que lo logró. "No sabía nada que iba a entrar. Iban 35 minutos del segundo tiempo, vino el preparador físico, me llamó y fui corriendo a sacarme el buzo. Domínguez me dijo que disfrute. Me fue llevando de a poco", le dijo a Cielosports.
Sus nervios de acero se vieron reflejados en la cancha, cuando la paró de pecho para entregarle el balón a Gastón Benedetti, quien sacó un latigazo excelso para sentenciar el encuentro. Pero esta actitud de Atum no es casual, es el resultado de un largo y duro proceso de adaptación por el que tuvo que pasar en la pensión cuando era muy chico. "El primer año acá iba y venía hasta que me pudieron dar la pensión a los 12 años. Me costó mucho, lloraba todos los días hasta que no aguantaba y me dieron un mes para ir a casa, cuando volví estaba más tranquilo", contó.
El padre del joven irrumpió en medio de la entrevista y se prendió al micrófono para contar el lado B de la historia. "Se me viene todo a la mente, todo el sacrificio y la angustia por tenerlo tan lejos y no vivir momentos esenciales como los cumpleaños, las fiestas y las vacaciones. Él se perdió todo eso", sostuvo, al tiempo que contó: "Cuando se quedó la primera vez en La Plata, volvíamos en el auto con la mamá y no podíamos hablar, porque el primero que hablaba, lloraba".
Lagrimas, esfuerzo y dedicación fueron los pilares de la construcción de este proceso que fue dándole forma el propio Atum durante sus años dando vueltas por el Country Club de City Bell, muy lejos de casa, con el fin de poder concretar su tan ansiado sueño y devolverle a sus padres todo el sacrificio que hicieron por él durante todos estos años.